Por Carmen Pérez Rodríguez
¿No creen que es muy corriente en la vida ir con un doble patrón de conducta? Pienso, en concreto, en nuestra relación con los demás. Hacemos una separación grande en la vida entre lo que a nosotros nos corresponde, nos molesta, nos duele, nos afecta, nos interesa, y lo que afecta a los demás y corresponde a los demás. Un doble patrón y una doble medida. Nos fijamos en lo que nos resulta irritante de los demás, tanto en sus actuaciones, como en sus palabras, gestos, silencios. En las más diversas situaciones podemos salir convencidos de que somos totalmente inocentes, el culpable es el otro. o los otros. Después de cada discusión, y en el mejor de los casos de “pretendidos diálogos”, nos justificamos diciéndonos: lo único que he hecho ha sido preguntarle, o indicarle. Yo lo que he hecho…, pero si yo lo que quería…,¡vamos¡, si yo lo que pretendía… Ahora no toca pensar en el socorrido y frecuente “pues él más, que al fin y al cabo es el culpable” “si es que esa persona es así”. En fín las mil muletillas conocidas con que nos defendemos, justificamos y queremos quedar tranquilos.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
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Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn