Por Carmen Pérez Rodríguez
Siempre para mí la amistad ha sido algo fundamental en mi vida. No se si por influencia de Sta. Teresa de Jesús. Hoy me van a permitir un cuento, no tan cuento, que escribí cuando era joven, hace mucho tiempo. Haré algún arreglillo para que no sea largo. Se llama así: Los ojos de Samuel.
Se muere Samuel...«De hoy no pasa», han dicho los médicos. Samuel, el muchacho joven de cara abierta y despejada. El muchacho que sólo puede mirar hacia dentro, porque es ciego. Un accidente, cuando apenas tenía seis años, unas curas mal hechas y... consecuencia de ello, la ceguera. Pero Samuel es rico. Él va descubriendo una a una todas las cosas tan estupendas que tenemos dentro; y además... tiene un amigo. Samuel sabe todos los días de qué color es el cielo, sabe que hay nubes rosadas de formas caprichosas, sabe que las estrellas parpadean deslumbradas al ver nuestro mundo. Conoce los senderos estrechos de la montaña, la belleza de las cuevas subterráneas y disfruta con el paisaje austero de horizonte limpio. Samuel es feliz. Samuel tiene un amigo. No importa cual es el nombre del amigo. Quizá sea mejor no decirlo. Un nombre sólo nos parecería insulso y hasta superficial.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn