En cristiano

Una fiesta opuesta a teorías

01.11.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

La fe es lo más opuesto a las teorías. El creyente no puede llenarse de teorías. Puede servirse de algunas, algunas que son sólidas y auténticas. Pero no puede quedarse prendido a ellas como a un bien propio de la inteligencia, como una deducción matemática, o una interpretación científica. La fe no intenta acaparar su objeto, no puede hacerlo, la fe invade toda la vida y nos hace alcanzar Dios. No se puede creer a medias. Eso no es fe, porque en Dios, en su palabra concreta que es Jesucristo resucitado, repito, no se puede creer a medias, no se le pueden poner límites, interpretaciones a nuestra medida. Ni credulidad, ni sectarismo, ni pereza. Toda auténtica fe es educadora, es creativa. La fe es reconocer en mi experiencia, en mi historia, la Presencia de alguien distinto, que da un nuevo rumbo y sentido a la vida La fe ciertamente implica “algo” más que humano. Nace, sí, y se afirma, de manera humana, razonable, de forma afectiva, perceptible y vivible. Es fruto de un encuentro con la Presencia de Dios, a través de las circunstancias, situaciones o personas que sean. Es de una eficacia tan grande que no puede ni sospecharse. Cambia la vida. Se expresa con una palabra muy gráfica: conversión. El que realmente cree se convierte a Dios, a Jesucristo, su Palabra, su manifestación. El que cree, cree en el amor de Dios y en todo lo que este amor engendra.

Esto es una introducción para así comprender lo que vamos a celebrar, tanto la fiesta de Todos los Santos, como la conmemoración, el recuerdo, de todos los seres queridos que se nos han muerto.

Es un sentido de gran humanidad lo que celebramos en estos dos días. Todos estamos llamados a ser felices, bienaventurados, “santos”. Esa es la propuesta del cristianismo: la vocación a la plenitud, a la santidad, Durante todo el año nos fijamos en los diferentes testigos y testimonios que nos ha ido dando personas concretas en las más diversas situaciones y circunstancias: los que llamamos “santos” en la Iglesia de todos, en la Iglesia católica, universal. Pues la Madre, la Iglesia, nos presenta una solemne fiesta para celebrar y alegrarnos con todos los que están en lo que llamamos el cielo. Multitudes de hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños gozando plenamente del amor de Dios: los santos. Entre esas multitudes, todos tenemos familiares, amigos, conocidos…

El día de Todos los Santos es un día muy apropiado para sentir toda la condición humana, para sentir lo que es la Iglesia realmente. Esta fiesta transmite sentimientos profundamente humanos, y al alcance de cualquiera que quiera reconocerlo. Sentimos y vivimos, con toda nuestra humanidad, la profunda experiencia de la trascendencia religiosa. Primero abrimos los ojos a nuestra situación, estamos en camino hasta el día de nuestra muerte somos la iglesia peregrina de Dios, literalmente “peregrinos de Dios”. Estamos muy acostumbrados a oír “peregrinos de Santiago de Compostela” “peregrinos de Lourdes”; pues todos somos peregrinos de Dios, iglesia peregrina. En segundo lugar comprendemos la necesidad de juicio sobre la conducta, la purificación; todo ha de llegar ante su verdad y se hará patente. La verdadera ley es que toda injusticia exige expiación. Iglesia purgante, purificación hasta llegar al cielo, a la plenitud de hijos de Dios, a la bienaventuranza. Y por último la glorificación de la humanidad, la iglesia triunfante. Creo que alguna vez hemos comentado El peso de la gloria, un capitulo del libro de C. S: Lewis El diablo propone un brindis. Es una verdadera “gozada” leerlo, sentirlo, abrirse a toda esa realidad que es la iglesia triunfante, vamos la fiesta de Todos los santos: estaremos con Cristo, seremos semejantes a El, tendremos la “gloria”, claridad, esplendor, luminosidad. Todo esto lo expresa con gran riqueza de imágenes, seremos alimentados, homenajeados y agasajados de algún modo. Y sigue esta riqueza de imágenes con la descripción de que ocuparemos cierta posición oficial en el universo siendo pilares del templo de Dios. Y todo esta descripción del cielo, del peso de la gloria, tomado de las promesas de la Escrituras, de las palabras de Cristo en el Nuevo Testamento.

Volvemos al inicio: a la fe. A que es lo más opuesto a teorías, a que no se puede creer a medias, a que es el más libre de todos nuestros actos y la expresión más personal de todas las expresiones. A que es un encuentro, un reconocimiento de Cristo que lo invade todo, lo llena todo, y le da sentido a todo. La fiesta de Todos los Santos, no es solo para recordar, sino que es una llamada a que vivamos todos, según nuestra vocación, la santidad. Aunque suene fuerte es la gran realidad. Dice Benedicto XVI: El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo. Todos los seres humanos son hijos de Dios, y todos tienen que llegar a ser lo que son, a través del camino exigente de la libertad.


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