Por Carmen Pérez Rodríguez
Constantemente veo que el gran conocedor de la naturaleza humana, es Jesucristo. Está clarísimo en el Evangelio, en las actitudes y respuestas que El da. Podemos confrontar nuestra vida a la luz de sus actitudes, palabras y acciones. Así experimentaremos de hecho, sin palabrería, ni teorías, la libertad que da sentido a nuestra vida, estaremos a gusto con nosotros mismos. Es el vital oísteis que se dijo pero yo os digo. No me digan que no tiene sentido para cada uno de nosotros leer el Evangelio y escuchar: oyes que se dice ….pero Yo te digo. Ahora en concreto me fijo en propuesta practiquísima, la más eficaz, toda crítica debe empezar por nosotros mismos: sacar primero la vida de mi ojo, y entonces podré ver para sacar la paja del ojo de mi hermano.
Qué distinto sería nuestro trato si estuviéramos convencidos, y así lo viviéramos, que lo más eficaz es que toda crítica debe empezar por nosotros. Todos deberíamos empezar por decirnos y comprender nuestra propia injusticia. Muchas cosas van torcidas porque no permitimos al otro que sea el que es, y no le dejamos para ello el sitio que necesita. No es que tenga que dejar a un lado sueños y deseos de que las cosas vayan mejor, de que exista la justicia, de que se de un orden adecuado de la vida, de que existan condiciones adecuadas de trabajo para todos, posibilidades auténticas de educación... Y al mismo tiempo comprender lo penetrado que está todo de afán de poder y de llevar razón. Cierto que en la vida se entremete mucha injusticia, y mucha mentira, incluso muchos grandes delitos. Pero yo he de dar pasos adelante, y para eso lo más eficaz es que toda crítica empiece por mí, por lo que yo puedo hacer.
Se es justo, se es digno, se siente uno bien consigo mismo, en la medida en que se trabaje con dignidad, con justicia. En el noble, verdadero, honrado trato entre las personas. Pero, en conjunto, evidentemente nunca se alcanzará como habría de ser, como situación de la existencia y actitud de todo el grupo humano en el que se está. Esa es una de las más falsas promesas, eso es lo que no nos debe confundir. Hoy se ha hecho dogma del “progreso”, como si el “progreso” garantizara una evolución del hombre por encima de sí mismo hasta niveles altos. Cono si fuera consecuencia de algo externo, de logros puramente técnicos, de proyectos y planificaciones con una etiqueta que es lo más vacío que existe: progresismo. La experiencia personal y la historia hablan de otro modo. Este palabrero progreso ha disuelto la humanidad del hombre, la justicia, la verdad, el bien, el sentido de la ley, la educación, el sentido de trascendencia. No creo que haya que ser muy inteligente para ver el agotamiento de este progresismo, que es una pobre y reduccionista visión de la persona. Un progreso que parece tener como objetivo la disolución de los valores de un humanismo cristiano. Se está produciendo un ataque y una fuerza demoledora contra lo que realmente es la persona, los latidos fundamentales de su existencia. El progreso está en el ser humano, en la realización de la justicia al alcance de su mano en la sencilla vida cotidiana, sea la de un político, la de un conductor, la de un médico, la de un profesor, la de un trabajador de la construcción. Y la justicia como la corrupción, no está sólo en la política, también puede estar en todo, hasta en el más oculto trabajo, en el trato entre los miembros de la familia, en el enfoque de la vida.
Sólo partiendo de Dios puedo establecer justicia real y plena en mi vida. Sólo partiendo de lo más eficaz que es la crítica a mi propia actuación, a mi propia forma de vida, trabajo, relación con los demás lograré el verdadero progreso y contribuiré a la justicia y la paz. Tengo que tener muy en cuenta que el juicio de Dios alcanza a toda mi vida, a todas mis situaciones, a todo lo humano. No hay potencias humanas, progresos, ideología, proyectos soberanos que no estén sometidos al juicio de Dios. El juicio de Dios forma parte interna de todo ser y de todo hacer. Sin el juicio de Dios sobre toda la realidad finita todo queda en el vacío. Dios todo lo penetra, y es justo en eterna verdad.
Esto que puede sonar ajeno a nosotros es el “pan nuestro de cada día” ¿Qué es justo, qué es justicia al alcance de la mano? Ver a personas cómo trabajan, cómo convierten su trabajo en gratitud para el que lo recibe. Por ejemplo en esto momento en concreto pienso en el trabajo que se realiza en los hospitales, en la manera de realizarlo cada uno, en el trato que se da a los pacientes, a las familias que están a su lado. Una situación tan crítica, y ¡y que distinta actuación la de unos y otros¡ Ahí está la justicia, ahí está el verdadero progreso. Quien no cree en El no verá nunca saciada el hambre y la sed de justicia.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
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Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn