Por Carmen Pérez Rodríguez
¡Vaya tema que he escogido hoy¡ Desde luego más contracorriente no puede ser, y tampoco hay posibilidad de plantearlo en las ideologías imperantes, ni en los esquemas reduccionistas y pobretones de la person que se nos presentan como paradigmáticos. Debe ser un tema no progre, no moderno, no políticamente, ni ideológicamente correcto. Un tema trasnochado, “ultra ¿qué?” Porque las últimas propuestas, las últimas investigaciones, las últimas críticas y los últimos análisis no pueden ni siquiera plantear la palabra “compromiso” y fidelidad.
Pues los que quieran, vamos a abrir la ventana para mirarnos a nosotros mismos, y ver si realmente estamos entre los que quieren y esperan lo más grande de la persona, entre los que quieren vivir con sentido, y con todo lo que implica realmente el ser humano. No se mantienen los compromisos sin fidelidad. Compromiso y fidelidad son dos caras de la misma moneda. Mantener un compromiso, o una promesa dice Stephen Covey, y su experiencia ha sido una revolución ética para muchos en la vida cotidiana y en la empresa, es el “mejor depósito bancario” que podemos hacer. El depósito bancario, la cuenta bancaria, es una metáfora para expresar la relación con los otros. Los depósitos altos, las cuentas bancarias emocionales son la provisión de fondos necesarios en la vida en las relaciones con los demás, y con nosotros mismos. En estos “depósitos” se basan todas las relaciones humanas, todas, desde las familiares, hasta las que pueden ser más pasajeras. Mantener un compromiso es uno de estos depósitos, y dice Stephen Covey que de suma importancia. De hecho, probablemente, no hay depósito de más importancia, porque la gente tiende a construir sus esperanzas en torno a las promesas. Toda la vida humana está tejida por las promesas y por su cumplimiento, por el mantenimiento de los compromisos.
¿Puede haber vida humana sin fidelidad, sin mantener los compromisos? Por algo es una constante en la Biblia, que es la historia de una promesa, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la necesidad de mantener la promesa, el compromiso libremente aceptado, el empeño por acabar una misión en la que uno se ha comprometido. Dios pide fidelidad, porque no es posible nada, absolutamente nada en la vida, sin fidelidad. El es fiel, por encima de nuestras flaquezas, dudas, debilidades. La idea de fidelidad, tan ignorada en nuestro mundo actual, penetra en lo más hondo de la vida humana, y sino la vida humana, se derrumba.
Por eso tiene tanto sentido lo que realmente son los sacramentos -compromiso, promesa, fidelidad- Bautismo, Confirmación, Matrimonio, Orden, y los de curación: Penitencia y Unción de los enfermos. La Eucaristía como centro de todos. En todo se expresa la profunda y radical humanidad del cristianismo. Compromiso y fidelidad es nuestra vida. Se da la fidelidad en el que se mantiene firme a pesar de las dificultades y obstáculos en su vida personal, familiar, laboral, social. Fidelidad significa que uno mantenga la palabra y tome sobre todo lo que en caso contrario exigiría al otro. Significa resistir y seguir luchando. La fidelidad supera transformaciones, daños y peligros. De ninguna manera por obstinación, sino que es la firmeza del que es responsable, y consecuente con esta responsabilidad. Supera los daños y amenazas desde la fuerza de la conciencia. En una persona así se puede confiar, se siente que hay en ella una interioridad un centro que está más allá del temor y de la debilidad. Sin la existencia de Dios esto es imposible.
De Dios viene la fidelidad al mundo. Un mundo con sentido es aquel en el que los hombres, con toda su lucha diaria son fieles a Dios, al cónyuge, a la familia, a los amigos, a los compañeros de trabajo, al trabajo-servicio que se realiza. La fidelidad está en intrínseca relación con el amor, a pesar de la temporalidad de nuestra vida. El hombre es un ser capaz de actos definitivos que necesitan ser renovados y mantenidos en la vida diaria. Fiel es el que no abandona, ni traiciona a las personas en momentos de dificultad. El que no se engaña y mantiene los compromisos adquiridos.
El secreto de la educación es favorecer convicciones que motiven y configuren el comportamiento de las personas. Pensemos en la actitud de los jóvenes ante su propia sexualidad, trabajo, familia, esfuerzo. Hay que fomentar motivaciones estables que sostengan la fidelidad en los compromisos adquiridos. Cualquier vocación, cualquier proyecto personal tiene que cimentarse sobre la fidelidad, garantía de la continuidad en lo que es la propia vida personal, en el amor, en las relaciones personales, en la sociedad. La fidelidad aspira a la incondicionalidad. Por eso no tiene sentido hablar de fidelidad y compromiso sin relación con Dios, sin ver la historia como la historia de una promesa y del cumplimiento de esta promesa en Jesucristo, nuestro fiel amigo en la búsqueda del camino, la verdad y la vida. De todo esto nos habla la Sagrada Escritura: Dios para traer redención, llama a un pueblo, establece con éste una alianza que descansa totalmente en su eterna fidelidad, a pesar de todo lo que el hombre hace. Y la fidelidad de Dios hace algo incomprensible: tomar sobre si mismo la responsabilidad por la culpa de hombre, entrar en la historia mediante la encarnación y recibir de ella un destino. La vida de Jesús es única fidelidad.
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis