Por Carmen Pérez Rodríguez
Una pregunta que cada uno tiene que responder en estos momentos que estamos viviendo. ¿Qué es lo que cuenta verdaderamente en la vida humana? ¿Dinero, poder, placer y sexo? No ya sólo en mi vida, sino lo que realmente cuenta en la vida de la sociedad en la que vivimos, y si coincide con lo que tendría que contar. No puedo decir: no tengo ni la menor idea de adónde voy y adonde vamos, pero desde luego voy a toda máquina en el dinero, en el poder, en el placer y en el sexo. O: los días van pasando, vive como puedas ¿qué más da? Yo que se, la cantidad de respuestas que pueden darse. En nuestra época es un hecho: se da una verdadera frustración existencial, un abismal complejo de falta de sentido, acompañado de un sentimiento de vacío.
Por ejemplo un dato muy concreto: es necesario que las personas se interesen por profesiones, por trabajos, que no sólomente proporcionen dinero, sino que además dan un sentido a la vida. No es la Iglesia católica solo (y cuando digo la Iglesia no pienso de ninguna manera sólo en la jerarquía sino en todo un pueblo), hay muchas voces, con gran sentido de responsabilidad, que se oyen: se encuentran frente al hombre, en viaje y sin rumbo y que experimenta lo difícil que es vivir. Hay tantos derechos como exigencias egoístas, No hay dogma, ni moral, ni lógica racional.
Pero es necesaria la explicación del destino del hombre. En cualquier hecho se ve el sentimiento de inconsistencia total que corroe las vidas. Hay tremendos conflictos de conciencia, y colisión de valores, y los ejemplos concretos Vds. mismos los pueden poner. ¡Y después, es tan barato y superficial colocar epítetos¡ Descalificar, destruir, ¡es tan fácil¡. Viktor Frankl cuenta el siguiente chiste: se encuentra por la calle un paciente con su médico de cabecera. En el curso de la conversación, el paciente le dice que últimamente se ve aquejado de cierta sordera. Probablemente bebe usted demasiado, le amonesta el médico. Al cado de un par de meses vuelven a encontrarse en la calle y el médico se interesa de nuevo por su salud. Para hacerse oír, alza un tanto la voz.- No necesita hablar tan alto, ya oigo muy bien.-Eso es estupendo, dejó de beber y mire que bien le ha ido. Siga así. –Al cabo de otro par de meses se vuelven a encontrar -¿Qué tal le va?...Le pregunto que cómo sigue- Al fin el paciente le entiende- Pues…, vea Vd., otra vez vuelvo a oír mal. –Probablemente ha empezado a beber de nuevo- Y entonces el paciente le explica todo el asunto: Vea Vd., al principio bebía y oía mal; luego dejé de beber y oía mejor; pero lo que oía no era tan bueno como el Whisky-
Cuando falta el sentido de la vida, que es lo que nos hace felices, se intenta conseguir dando lo rodeos que sean y pasando por la química de la bebida, de la droga, del placer del modo que sea, arrasando con la ley moral natural. Pues sí, que pongan los adjetivos que quieran, pero a cada momento sale al paso la gran realidad de la vida: El núcleo de nuestro problema es apartar a Dios que, ante todo lo que parece más urgente en nuestra vida, pasa a ser algo secundario, o incluso superfluo y molesto. (Benedicto XVI) Se pretende poner en orden nuestro mundo por nosotros solos sin Dios, sin ley moral natural. Se reconocen como verdaderas, solo las realidades políticas y materiales, que no se sabe como se pueden organizar sin una clave de bóveda que de sentido a todo. La pretensión del verdadero realismo supone apartar a Dios. Poder, placer y dinero esto es el realismo. Lo referente a Dios, a la moral, es secundario. Pero a última hora la gran cuestión es Dios. ¿Es verdad o no que El es el real, la realidad misma?
¿Qué es lo que cuenta verdaderamente en la vida humana? Encontrar cada uno el sentido de nuestra vida. Vivir en un mundo donde todos los pasos tienen un sentido, es nuestra tarea. Esta es completamente personal e intransferible. Nadie puede vivir por mí, nadie puede dar soluciones por mí. . El acto más libre de todos los actos es la expresión de nuestra fe, nuestra esperanza, de nuestro amor, nuestro propio sentido de la vida. Nos realizamos en el servicio a una causa, en el amor a las personas. No conozco ningún signo de más superioridad que la bondad dijo Beethoven, Cuanto más salimos al encuentro de nuestras tareas, cuanto más nos entregamos a los demás, tanto más somos nosotros mismos. No podemos disolver lo que es bueno por atenerme a mis propios caprichos, a los paradigmas de unas ideologías reduccionistas que jamás dan la felicidad. Hay que saber lo que se hace, las consecuencias, respetar los límites de cada competencia y como decía Pascal, no confundir los “ordenes” para poder discernir entre lo auténtico y la bisutería, la realidad espiritual y la ilusión, la palabrería y la verdad, lo que realmente nos hace bien o lo que sencillamente es una salida egoísta. El valor moral de las personas se prueba por sus propios actos. ¡Cuantas eficacias de nuestro momento solo consisten en una deshumanización¡ Y cada uno que piense en la cantidad de hechos eficaces de momento y destructores totalmente de la persona. Cada uno de nosotros es el que puede hacer realidad la famosa frase de Sófocles: numerosas son las maravillas de la naturaleza, pero de todas ellas, la mayor es el hombre.
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis