En cristiano

Estamos haciendo el primo

22.10.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Me ha sido un buenísimo impacto las breves palabras, que un día al inicio de la Misa hizo el sacerdote. Se lo sugirió el fragmento de la lectura del profeta Malaquías. “A veces sentimos que estamos haciendo el primo”. Por mi situación concreta me conmovió y luego, ya a solas, me centré completamente en esta sensación, bastante frecuente, de “estar haciendo el primo”.

La situación del texto es en Jerusalén hacia el 460 antes de Cristo. La comunidad judía se ha reconstituido y el Templo, a impulsos de Ageo, ha sido restaurado. Pero, de nuevo, la decepción. El mundo sigue igual. La gente sin religión vive tan bien o mejor que los creyentes. Los que se despreocupan de lo moral prosperan, triunfan. Lo de siempre, “nunca como hasta ahora”, “ahora más que nunca” ¿Quiénes son los que viven bien? ¿Quiénes son los que triunfan?. Y una vez más surge un profeta: Malaquías. Su nombre significa el Mensajero. El fragmento en el que me voy a fijar es de lo más gráfico y real. Malaquías interpreta un diálogo entre Dios, el Señor, y el pueblo. Vuestros discursos son arrogantes contra mí, dice el Señor. El pueblo se extraña y pregunta en que consiste su arrogancia. Pues sencillamente, porque decís: no vale la pena servir al Señor, ¿qué sacamos con guardar sus mandamientos? Nos parecen dichosos los malvados, los arrogantes, a los impíos les va bien; haciendo el mal prosperan, y aun, tentando a Dios, escapan libres. Vamos, en nuestro lenguaje: estamos haciendo el primo.

Quizá nosotros hemos sentido muchas veces la sensación de “estar haciendo el primo” y hemos hablado arrogantemente al Señor. ¿Pero por qué a mí? Yo que hago tales cosas, yo que…O peor, ni le hemos hablado, nos hemos puesto arrogantes, a solas con nosotros mismos, y luego se ha traducido en nuestro pensar y en nuestra conducta.
Entonces los hombre religiosos hablaron entre sí; el Señor atendió y les escuchó. No es así como ellos dicen, expone el Señor a Malaquías. Me pertenecen como bien propio. Yo me compadezco de ellos como un padre se compadece del hijo que le sirve. Ya verán la diferencia entre justos e impíos. A los justos los iluminará el sol de justicia que lleva la salud en las alas.

No me digan que no es una situación de lo más real y actual. A mi me ha hecho mucho bien, y la verdad es que “deseo y quiero hacer el primo de esta manera”. Me ha llevado a pensar lo que es realmente la fidelidad, palabra que puede ser demasiado grandiosa, pero frente, a la complicada realidad de nuestra vida, demasiado sencilla. Me ha hecho pensar esta situación tan gráfica de Malaquías en lo importante que es la comprensión de lo verdadero y de lo falso, de lo justo y lo injusto, de la libertad de mis decisiones a pesar de lo que ocurra y la firmeza que necesito. Hacer el primo puede parecer ir por la vida siendo fiel y y firme, no dejándose llevar de la venganza, no contestar ante las situaciones que sentimos como injustas con un “pues, ahora vas a ver quien soy yo”. O ante algo, que nos parece una recriminación, pensar e incluso decirlo: y tu más.
Me ha hecho bien esa afirmación de que sentimos que “estamos haciendo el primo”. Pues sí, vuelvo a leer el texto de Malaquías y quiero hacer libremente el primo. “Hacer el primo”, en este sentido, siempre nuevo, que significa fidelidad, y firmeza aunque no se lleve, aunque no se triunfe. No dejarse invadir por la injusticia, por lo que impera en el momento, por lo que todos dicen y hacen, por los tejemanejes, por eso de que, al fin y al cabo, en esta situación, están justificados los medios. Esto puede ser desde el aborto, hasta un zancadilla al compañero, o un pobre y mal trabajo realizado. La fidelidad significa entrar en una alianza con los demás, basada en la verdad y en el amor. En la medida en que se ejerza la fidelidad en la vida, esta crecerá. Fidelidad significa permanecer firme en una responsabilidad, a pesar de daños y peligros, a pesar de las dificultades. La fidelidad supera cambios, y circunstancias desfavorables. Sólo en una persona así, en un “primo” así, se puede confiar.

Es verdad que todo esto requiere la fe en el Dios vivo. La confianza en que realmente Cristo es el camino, la verdad y la vida. La seguridad de que las bienaventuranzas son una realidad: bienaventurados los pobres, los mansos, los misericordioso, los que tienen hambre y sed de justicia, los limpios de corazón, los pacíficos…Cuantos sabiondos de nuestro momento, ( sí con un termino peyorativo, sabiondos, porque la palabra sabio, sabiduría me gusta muchísimo), cuantos atiborrados de prejuicios, cuantos medrosos dirán que esto es “ser primos”, “hacer el primo”.


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