Por Carmen Pérez Rodríguez
Continuamos con nuestra ventana abierta de ayer, con la condición veraz y agradecida de la mujer tan excepcional que fue Teresa de Jesús y precisamente por su condición veraz y agradecida. Hoy vamos a su condición agradecida. Es imposible, dice ella, tener ánimo para cosas grandes quien no entiende que esta favorecido por Dios, quien no vive en un clima de gratuidad y por ello de gratitud, quien no se siente hijo, quien no siente que Dios nos amó primero. Su amor es más grande que todos nuestros errores, equivocaciones, mentiras, sufrimientos. Por eso con poquita que le tocaran con un alfiler lo notada. No hay vida sin gratitud. Dios para pagarnos es tan mirado, que no hayáis miedo que un alzar de ojos deje sin pagar.
En toda nuestra vida, en cada pensamiento, en cada acción que realizamos, en cada interpretación que hacemos se expresa nuestra manera de ser. Eso lo sabe muy bien la antropología y la psicología. Teresa de Jesús, de condición agradecida, fue una mujer de profundas relaciones de amistad y este rasgo de su personalidad marcó hondamente su espiritualidad. El sentimiento de la amistad, de la compañía, es fundamental. Cuanto define la oración la define como trato de amistad con quien sabemos nos ama. Su vida desde el comienzo está marcada por la amistad. El contexto de la comunicación de la amistad fue determinante en su vida.
La gratuidad, la amistad, la gratitud es una urdimbre entretejida imposible de separar. Esa es la gran riqueza de la condición de Teresa de Jesús que vivió de ella y en ella. Lo vivo es el rogar, agradecer, dar, recibir. Sólo cabe sentir esta urdimbre en relación a una persona. La gratitud solo es posible entre un yo y un tú. El agradecimiento solo es posible en el ámbito de la gratuidad, de la libertad. La gratitud no se genera por una concesión que se hace, ni porque se ejerce un poder. Si el que ayuda hace sentir su superioridad, su donación, muere el agradecimiento, y en su lugar surge la humillación y el rencor. Y por otra parte, ¡cuántas veces no queremos “esos favores” que realmente son una falta de respeto¡ ¡Cuantas veces nuestra manera de ser hace imposible que se nos pida un favor¡ Es un peligro para los que están en un cargo, en una determinada posición percibirla como un poder. Por eso es tan clara la llamada de Jesucristo en la última cena que celebra con sus discípulos, con sus amigos como lo dice claramente, al servicio. El puro amor es el puro servicio. Sólo merece el nombre de ayuda, y de auténtico trabajo de la naturaleza que sea, lo que haga posible el agradecimiento. El auténtico rogar y dar, el auténtico recibir y agradecer es bello. Es lo más humano en el más hondo sentido. Se experimenta el gozo y se ilumina la vida. ¿De donde brota esa alegría en Teresa de Jesús sino es de todo esta experiencia de vida? Es maravilloso sentir en la vida el agradecimiento, saca lo mejor de nosotros mismos, es fecundo. Y estamos en lo que hemos comentado tantas veces: la vida es el dinamismo del dar y el recibir. Del recibir y el dar. Porque no se puede dar al otro lo que no es capaz de recibir. No tiréis las perlas a los cerdos dice Jesucristo.
¿Es posible una relación de amistad sin experimentar la gratuidad y la gratitud? ¿Son posibles las relaciones humanas sin esta condición que venimos comentando de Teresa de Jesús de condición veraz y agradecida? Porque gran cosa es la amistad como dijo ya Aristóteles, pero la amistad no se da sin la verdad. Y la verdad sin amor está muerta. Todo brota en Teresa de Jesús, de su condición veraz y agradecida, que experimenta en las relaciones con las personas, en su vivencia de la amistad preñada de gratitud. La fuente que hace posible esta experiencia dice es la firmeza y solidez del amor gratuito de Dios y de su relación de amistad con el hombre a través de Jesucristo. El nombre lo dice todo: Teresa de Jesús.
Es constante en la liturgia cristiana el “Glorio”, el dar gracias. El dar y el agradecer nos elevan por encima del funcionamiento de la máquina. El mundo, como nos muestra ahora a nosotros Teresa de Jesús en sus escritos, no es solo “naturaleza”, mejor dicho es naturaleza porque es obra de Dios. Existe porque Dios lo ha pensado y porque, por un misterio de la libertad del amor, de su gratuidad, quiere que exista. El saberlo forma parte de la conciencia del hombre. Esta es la maravilla de las Moradas o el Castillo interior. O de las exclamaciones en las que Teresa recibe todo y se recibe de la mana de Dios, y el darle gracias forma parte de su actitud constante.
Cuando uno lee a Teresa de Jesús siente que todo se hace vivo entre Dios y ella, entre ella y las personas que trata, y las cosas son auténticas. Se experimenta lo que pueda cambiar nuestra vida una condición veraz y agradecida. Para acabar: lOh Dios misericordia mía ¿qué haré para que no deshaga yo las grandezas que Vos hacéis conmigo? ¡Qué tarde se han encendido mis deseos y que temprano andávades Vos Señor granjeando y llamando…¡
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis