Por Carmen Pérez Rodríguez
Así fue una de las mujeres que ha dejado, y sigue dejando, a través de sus escritos, una huella fecunda en la vida de millones de personas y en la Historia: de condición veraz y agradecida. Quizá cuando diga su nombre, ante la enorme fuerza de su personalidad, les parecerá poco eso de su condición veraz y agradecida. Pero es una raíz profunda, algo vivo que afecta a todo su ser de mujer. De condición veraz y agradecida es una actitud de la vida entera, una disposición de ánimo que adquiere vigencia en todo su pensar y actuar. La leo constantemente porque me entusiasma, me sirve de referencia, de luz, de ayuda en mi camino, Y esta última temporada me transmite la riqueza de su humanidad. Precisamente, desde su condición veraz y agradecida. Voy a sentir con Vds. hoy un poco su veracidad.
Ya, pero primero ¿Quién es esta mujer de condición radicalmente veraz y agradecida? Teresa de Jesús, Teresa de Ávila, Teresa de Cepeda y Ahumada. Una mujer que llegó a la excelencia literaria. Su vida marcó una época. Su nombre no queda oculto por figuras como Fray Luis de León, Juan de la Cruz, Francisco de Borja, Pedro de Alcántara, o por la de grandes personalidades como puede ser la Princesa de Eboli, la Duquesa de Alba, incluido, el rey Felipe II. Pues, dejo todas sus grandezas de profunda conocedora de la condición humana, mística, reformadora, fundadora, escritora y me fijo en algo tan próximo a cada uno de nosotros como su condición veraz y agradecida.
¿Qué es lo que produjo esa extraña firmeza, no apoyada en nada palpable? Sólo podía ser algo que viniera de Dios. Su vida fue entender que el Señor es la misma Verdad. Entendí, dice ella, grandísimas verdades sobre esta Verdad, más que si muchos letrados me la hubieran enseñado. Esta experiencia de la Verdad que es Dios, en un segundo momento, se extiende a todo lo creado. Es verdad lo que se conforma y ordena a la Verdad que es Dios, lo que sirva para llegarnos más a Dios. Y es mentira lo que se opone y se aparta de El. Esta experiencia le lleva a la comprensión de todo en la vida y en sus caminos. La verdad no solo dice, piensa, también actúa. Se puede ser veraz o mentiroso en pensamientos, palabras, gestos y actitudes cuando expresan lo que no es. Sintió hasta lo más profundo de su ser que todo el daño que viene al mundo es de no conocer la verdad, y en concreto la verdad que es Cristo, y por eso es el camino y la vida.
Su condición veraz se fundamenta en el modo como es Dios. Dios es la verdad. Podemos decir que la verdad fue para ella la firmeza indestructible e inatacable con que Dios descansa en si mismo conociendo, amando. La verdad nos llega, llega al mundo y le da base, penetra lo que es y le da el ser, irradia en el espíritu humano y le da esa claridad que se llama conocimiento (con palabras de Romano Guardini) Lo que ella sentía y vivía era que quien está por la verdad está por Dios. Quien miente se rebela contra Dios y traiciona la raíz del sentido de la existencia y de su propia existencia.
Como ella dice la humildad es andar en verdad. Por eso la verdad fue lo que le hizo hacer pie en si misma y llegar a tener su carácter y personalidad. Su vida entera reposó en la verdad. Su condición veraz no fue indiferente de la seguridad interior frente a las diversas situaciones vitales, así como a su propio conocimiento y autoestima, que diríamos hoy. Nuestra época ha sufrido muchos prejuicios y perjuicios por ausencia del sentido de la verdad, y la voluntad de que se reconozca y acepte. Y eso destruye la condición humana. La expresión más tremenda de violencia y tiranía es que se destroce en el hombre su conciencia de verdad, de modo que no se sienta capaz de decir: esto es verdad, esto no lo es.
La potencia viva de la verdad le requería a Teresa de Jesús toda su naturaleza. Ella siempre habla de verdad, no de sinceridad, que tiene que ser una consecuencia de la verdad, y no al contrario. En esta lealtad a la verdad se apoyaban todas sus relaciones humanas. Realmente los modos de relación, de trabajo, comunidad que hayan de durar, crecer y hacerse fecundos se han de apoyar en la verdad.
Era de condición veraz. Veraz ante Dios y en Dios, veraz ante sí misma, veraz con los demás, sin fingimientos, ni falsas posturas de orgullo o de falsa, pobre y raquítica humildad. Porque la humildad es andar en verdad. Falta le hizo esa firmeza y solidez de la verdad, porque por todas partes se le cruzaban, como siempre ocurre, intereses, envidias, suspicacias, celos. Por su condición veraz se confirmó en la verdadera justicia, y cobró conciencia de su libertad y dignidad. Y así pensaba, actuaba, hablaba, trataba con las personas, fundaba sus carmelos, escribía su vida, las Moradas o el Castillo interior, El camino …
Martes, 29 de mayo
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