En cristiano

El Pilar

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Por Carmen Pérez Rodríguez

Y cualquier español nada más oír el Pilar piensa en la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza. Y se piensa en él, como el primer templo mariano de la cristiandad porque se venera el pilar, la columna de jaspe, que según la tradición, fue puesto por la Virgen María, que viviendo aún, se habría aparecido al apóstol Santiago el día 2 de enero del año 40. En 1297, en una bula del Papa Bonifacio VIII, aparece la advocación de Ntra. Sra. del Pilar.

La Virgen del Pilar es la patrona de la Hispanidad, por eso las banderas de España e Hispanoamérica. Todos los que hemos ido al templo del Pilar conocemos la historia de las bombas lanzadas sobre la basílica en la Guerra Civil. En la madrugada del 3 de agosto de 1936 un bombardero del ejército republicano español lanzó tres bombas sobre el templo pero ninguna explotó. Una quedó clavada a pocos metros de la basílica, otra atravesó el techo del templo y la última cayó en el mismo marco dorado del mural de Goya en el Coreto.

La Virgen María, la Madre de Dios y de la humanidad sobre una columna o pilar, que es el signo visible de su presencia. Creo que lo que nos importa es la veneración a Ntra. Sra. del Pilar que se vive en esta Basílica, lo que puede haber ocurrido allí. Lo que ante esa bendita Virgen del Pilar se ha orado, contemplado, las vidas que han cambiado, los sufrimientos aceptados, las alegrías vividas, las Eucaristías y las celebraciones con ocasión de fiestas, de tantos motivos como hay en la vida personal, familiar, social, cultural, histórica. Nos hemos acostumbrado a la advocación de Ntra. Sra. del Pilar, pero es magnífico lo que significa: pilar, apoyo, columna. El símbolo de la fe representado por un “pilar”. La entereza, la constancia, la firmeza, la seguridad.

Es verdad que en todos los templos marianos se respira un aire de universalidad, de catolicidad, porque “la Madre” es la experiencia universal de la Humanidad, fundida con la también “catolicidad”, universalidad, de la razón religiosa. En el Pilar se siente profundamente. Porque, como decía, “el pilar” es un precioso símbolo de lo que es la madre en la vida humana: pilar, apoyo, columna, tierra en la que nace la vida. Y esto junto a la experiencia religiosa, a la experiencia de la fe, Dios que viene a nosotros en el Hijo de María. Hans Urs on Balthasar ve en María la relación completamente única y especial de la experiencia universal de la humanidad, la maternidad, la fecundidad, la vida que empieza, y la realidad de Dios que se hace hombre, que se hace carne en ella y de ella. En Nazaret empieza lo peculiarmente neotestamentario: la fe en la carne. Dios con nosotros. La católica, la universal, la Nueva Alianza empieza con el Sí de una mujer a ser madre. Lo humano y lo divino. Jesús el hijo de María y de Dios, es alfa y omega porque ha vinculado todo y nos pone en camino hacía el futuro absoluto. Cristo es la fuerza que vincula principio y fin, que reconcilia las cosmovisiones extremas: espiritualismos y materialismos. En esta ausencia de dualismo, en esta síntesis única, no imitable por nadie, radica lo universal, lo católico del mensaje y fundación de Cristo. Todos los anhelos y aspiraciones tienen su culminación en Cristo, alfa y omega, primogénito de toda criatura. Este es el plan que Dios había proyectado realizar por Cristo: reconciliar y recapitular en El todas las cosas del cielo y de la tierra.

María, la Madre de Dios hecho hombre. No creo que la historia haya ya acabado en sus invocaciones a María: Pilar, Natividad, Purificación, Asunción, Loreto, Covadonga, Rocío, Montserrat, Carmen, Fátima, Lourdes… Seguirán más invocaciones, la letanía todavía no está terminada, se terminará en la plenitud de los tiempos.

El SÍ que fundamenta la Iglesia, y toda la existencia cristiana en ella, es, tanto oración a Dios, como cumplimiento de la misión de Dios para el hombre. La oración en la Iglesia debe tender a ser expresión exacta de este Sí: como adoración, como acción de gracias, como súplica y disponibilidad a la misión que cada uno tenemos en la vida. En este acto fundamental en el aposento de Nazaret, sólo en él, se fundamenta la Iglesia de Cristo como católica. Su catolicidad es el carácter incondicional del “He aquí la esclava del Señor”, cuya determinación previa de espacio infinito es la correspondencia creada al amor de Dios que se regala infinitamente (von Balthasar)

Es Dios el que así crea, el que así actúa, el que así elige su encuentro con el hombre, lo mas universal (católico) humano: la madre, y lo más universal (católico), divino: su propio Hijo. El Pilar: fe, apoyo, firmeza, confianza.


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