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9 de octubre

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El grupo de Oración "Santo Rosario del Cañamelar" celebró el 9 de octubre, festividad de la Comunitat Valenciana, rezando el rosario en latín y entregando estampas con el Padre Nuestro en valenciano

(Desde El Cañamelar, José Ángel Crespo Flor).- El recientemente creado 'Grupo de oración Santo Rosario del Cañamelar' que está llevando a cabo el rezo y contemplación del 'Primer Rosario Internacional del Cañamelar' sorprendió ayer a los que a diario acuden a Misa rezando el segundo y quinto misterio de dolor - era viernes - (La flagelación del Señor y la Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor) en Latín. Fuentes del citado grupo señalaron que "el latín sólo lo utilizamos en los días grandes. Por primera vez se rezó el domingo, día en que la parroquia celebrara la fiesta de la Titular. la segunda vez fue el día 7, miércoles, fecha en que la Iglesia celebra la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario y la tercera vez, de momento, ha sido hoy, día 9, fiesta de la Comunidad Valenciana y día en que se recuerda la dedicación de la Catedral de Valencia tras la reconquista de Jaime I.

No contento con ello el Grupo de Oración obsequió a todos los que asistieron a Misa con una estampa del Padre Nuestro en valenciano.
Estampa que se conserva en la basílica Pater Noster de Jerusalén.
"Hemos creído oportuno regalar esta estampa y hacerlo hoy, precisamente porque está escrita en valenciano, se conserva en Jerusalén y es todo un documento para quienes hacen del Santo Rosario su oración predilecta. Al mismo tiempo recordamos y actualizamos lo que enseñó Jesús a sus apóstoles y a todos los que lo escuchaban.
Vamos a recordar ese momento en palabras de la Sagrada Biblia:
"Aconteció que estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos:
« Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.» El les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre; venga tu reino; danos cada día nuestro pan cotidiano; y perdónanos nuestros pecados, que también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos pongas en tentación." (Lc 11, 1-4).

Con anterioridad, el miércoles, 7 de octubre y fiesta litúrgica de Nuestra Señora del santísimo Rosario, titular de la parroquia y patrona de El Cañamelar, este mismo Grupo repartió Rosarios entre las personas que habitualmente vienen a rezar cada día el Santo Rosario, también recogió este detalle el coro parroquial de Vicente R. Andreu y, como ya suele ser tradicional en algún integrante de este Grupo, repartió - es el día en que la Iglesia recuerda a María con la advocación de Reina del Santísimo Rosario - repartió para todos los presentes estampas con la Plegaria de Vicente Luis Simó Santonja no sin antes depositar un rosal a los pies de la Imagen Titular como ofrenda de este Grupo de Oración "Santo Rosario del Cañamelar" que lo único que pretende es que el rezo de esta Plegaria tan querida por los diferentes Papas se asiente en la parroquia al menos durante los dos meses marianos por excelencia: Octubre y Mayo.

PLEGARIA A LA VIRGEN DEL ROSARIO DEL CANYAMELAR (V. L. Simó Santonja, 2003)
Ata, Virgen del Rosario,
a las cuentas de tu gracia
los misterios de mi vida:
que me llegue tu esperanza.
GOZO por tu Magníficat,
sea mía tu palabra
y que no pierda sentido:
que me llegue tu esperanza.
DOLOR por la amargura,
de soportar la cruz santa
y de morir con sed de amor:
que me llegue tu esperanza
LUZ por el Bautismo
y la boda deseada,
Eucaristía y figura:
que me llegue tu esperanza.
GLORIA en la paz angélica,
mientras huérfana por falta
el alma solo ansía:
que me llegue tu esperanza.

PLEGARIA A LA VIRGEN DEL ROSARI (Antonio DÍAZ TORTAJADA, Sacerdote-periodista)

Santísima Virgen del Rosario:
Contigo queremos peregrinar a la casa de Dios nuestro Padre
junto con tu Hijo, Jesucristo, animados por el Espíritu Santo.
Te felicitamos Virgen María, por tu cercanía
y por tu bondad de Madre.
Te felicitamos Virgen María
porque tu has contribuido a hacernos más conscientes
de nuestra condición de hijos de Dios
y de nuestra común dignidad. a lo largo del camino.
María, madre nuestra, desde el “bendito el fruto de tu vientre”,
hasta el “ahí tienes a tu hijo”;María madre nuestra, desde el “haced
lo que os diga”,
hasta el cenáculo, acompañando a la Iglesia orante
en la espera del Espíritu Santo prometido,
queremos expresarte nuestro amor,
nuestro agradecimiento y nuestra súplica,
porque te has manifestado como madre
para recordarnos el camino del encuentro con Jesús
y fortalecer el vínculo fraterno que nos distingue
como miembros de la gran familia cristiana.
Te felicitamos Virgen María
por tu respuesta fiel al proyecto de Dios,
asociada a su plan salvífico a favor de su gloria y de nuestro bien.
Te felicitamos Virgen María porque fuiste coronada
por encima de todo lo creado,
gozando del triunfo de la victoria de Jesús
sobre el dolor, el pecado y la muerte
Te felicitamos Virgen María
porque participas de esa plenitud alcanzada
porque fuiste la servidora del Señor,
misión que se prolonga para nosotros en este tiempo
en el que libramos la gran batalla,
iluminados y aleccionados por tu ejemplo.
Te felicitamos Virgen María
llenos de esperanza en tu mediación maternal,
para que podamos también nosotros alcanzar la victoria.
La humildad y pequeñez
de tu servicio incondicional al querer de Dios
ha significado tu mayor grandeza,
porque gracias a tu actitud de despojo Él creció
y te hizo partícipe, asociándote a su obra redentora.
Tu camino va de la mano con el de Jesús, nuestro camino,
y así, te has convertido en el fruto más espléndido de su obra
y, para nosotros en el modelo de santidad
y adhesión al plan de Dios.
Vemos en tu vida y persona una expresión dócil y sencilla,
y, a la vez, totalizante de cómo debe ser para nosotros
el modo de vivir esta relación con Dios,
sin dudas, ni temor de equivocarnos,
convirtiéndote en un signo de esperanza.
Te felicitamos Virgen Madre del Rosario
pues nos diste al Redentor
que alcanzó pan para nosotros, la gracia y la salvación.
Eres el gran prodigio que creó Dios por bondad.
Eres la promesa de victoria,
nuestro triunfo sobre el mal.
Madre del Rosario:
hoy queremos proclamar tu grandeza
en la magnitud de tu servicio de amor,
hoy queremos confesar
nuestra gratitud y cercanía desde siempre,
que reconocemos y valoramos y anunciamos
de generación en generación.
Esta peregrinación,
reflejada en los misterios del rosario la hacemos contigo;
tu nos ayudas a recorrer un camino de discípulos,
que transitamos en la fe, y nos hace amigos de Cristo.
Él es el maestro que nos forma como los discípulos,
El que nos educa interiormente
para escuchar y asimilar su Palabra, que es la del Padre.
Caminar por los misterios de gozo, luz, dolor y gloria
es una peregrinación espiritual,
a la que estamos invitados a recorrer contemplando
los misterios de la vida de Jesús.
La meditación de cada uno de ellos
es una profunda oración,
y nos mueve a contemplar con María el rostro de Cristo.
Ellos nos permiten ahondar en la profundidad
de todo el mensaje evangélico,
el cual es como un compendio.
Esta familiaridad con el misterio de Jesús
nos es facilitada por el rezo del rosario,
donde aprendemos de ti,
Madre nuestra, a contemplar la belleza del rostro de Cristo
y a experimentar la profundidad de su amor.
Al contemplar sus misterios de gozo, luz, dolor y gloria
creemos y anunciamos la buena noticia de Jesús,
Mesías, Hijo de Dios.
Como hijos obedientes a la voz del Padre,
queremos escuchar a Jesús
porque Él es el único Maestro.
Como discípulos suyos sabemos
que sus palabras son Espíritu y Vida.
Con la alegría de la fe,
enséñanos a ser misioneros
para proclamar el Evangelio de Jesucristo,
y, en Él, la buena noticia de la dignidad humana, y de la vida,
de la familia y del trabajo,
de la ciencia y de la solidaridad con la creación.
Enséñános a conocer y contemplar
los misterios de la vida de tu Hijo en forma amistosa
y haznos crecer como seguidores y discípulos de Cristo.
Conocer a a tu hijo Jesús
es el mejor regalo que podemos recibir cualquier persona;
haberlo encontrado nosotros
es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida,
y darlo a conocer con nuestras palabras y obras
es nuestro gozo y nuestra alegría.
María:
Al desgranar las cuentas de tu rosario,
nos dirigimos directamente a ti.
Que este acto de amor, contigo y por ti
se dirija a Jesús que nos atrae a sí,
y nos ofrece la paz que conquistó para nosotros.
Por eso, Madre del Rosario,
llénanos de alegría;
eres tu, quien orienta nuestra oración;
tu eres aquella que con ojos de misericordia
nos muestra el modo de abrir nuestro corazón
a la voz del Espíritu Santo,
y a su Hijo, para ser anunciado a todo el mundo.
Tu has vivido por entero toda la peregrinación de la fe
como la Madre de Cristo
y luego, también de sus discípulos.
Enséñanos a peregrinar contigo y hacia Cristo.
Así como desde la anunciación,
tu silencio te permitió recibir y responder con fidelidad
a la voz del Ángel,
así también
la fe te acompañó a lo largo de todo tu camino terreno,
peregrinando en los misterios de Cristo.
Ayúdanos a recorrer contemplando
los misterios de la vida de tu Hijo Jesús.
Como pueblo peregrino que se pone bajo tu amparo,
te pedimos que nos hagas semejantes a Jesús
y podamos mostrar su rostro
labrando la amistad entre nosotros
para adelantar aquí el gozo de la patria futura.
Tu eres la reina del corazón,
de la mano tendida,
del cobijo y el acompañamiento,
del estar y caminar juntos,
de tu mirada serena y de tu ofrenda divina
al entregarnos a tu Hijo.
Tu eres la inspiradora de nuestros grandes ideales
de comunión y fraternidad,
ayudándonos a vivir en la alegría y en el dolor,
en la siembra y en la poda y en la sazón del fruto
que madura al calor de tu mirada.
Tu has entrado en el quehacer cotidiano de nuestras vidas,
haciendo de nuestras casas tu Nazaret;
de nuestras vidas, tu misión;
de nuestras conductas, tu obrar;
de nuestra oración, tu disponibilidad,
a lo que Dios te pidió de nuestras comunidades,
la fraternidad que nos imprime tu presencia de Madre.
Esta presencia en nosotros nos convierte
en discípulos de Jesús,
de quien eres la maestra que eligió la mejor parte,
en Iglesia como lugar de encuentro y vivencia,
porque al darnos a Jesús te convertiste en nuestra madre.
Queremos ser un signo visible y fuerte y gozoso
de todo lo que haces y significas para cada uno de nosotros,
que con fe grande y amor de correspondencia,
queremos expresarte el lugar que ocupas en nuestras vidas.
Bajo tu amparo, madre del Rosario
confiamos las personas que viven en viviendas degradadas
que se les aseguren condiciones de vida dignas,
la satisfacción de las necesidades fundamentales
y la posibilidad de realizar sus propias aspiraciones,
en particular en el ámbito familiar
y en una convivencia social pacífica.
Te pedimos que la cultura
no se vacíe de los valores trascendentes;
y que la vida sea más fuerte que la muerte,
que la tercera edad sea querida y reconocida,
que la el niño por nacer sea aceptado
porque ya es un hijo de Dios y hermano nuestro.
Ponemos bajo tu amparo, Virgen del Rosario,
la esperanza de los rostros sufrientes
que nos duelen.
particularmente los de aquellas personas
que tienen mayores necesidades,
y que la sociedad las ha arrinconado en la cuneta,
que viven en la calle,
que requieren especial cuidado y atención.
Que tu amor sea una luz en el camino de nuestra vida
--en el fondo la única-- que debe iluminar a un mundo oscuro
y nos de la fuerza para vivir y actuar.
Madre del Rosario:
Enséñanos a amar con tu corazón.
Sabemos que como Madre
curarás las heridas de nuestras caídas
y como maestra nos indicarás el camino para no volver a caer.
Somos tuyos:
Te ofrecemos hoy nuestra vida y nuestro corazón,
tu guárdanos y defiéndenos como una posesión tuya.
Madre del Rosario:
Te sentimos tan cercana,
tan Madre y tan nuestra
que nos fusionas en la intimidad de Dios,
¡haznos uno, para que el mundo crea!
Amén.

PLEGARIA A LA VIRGEN DEL ROSARIO (Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA)

Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra,

al llegar y celebrar el mes de octubre, el mes del rosario,
escucha la plegaria que te dirigimos como Reina del Rosario.
Te invocamos, oh Madre Santísima,
la pronta glorificación del Siervo de Dios Juan Pablo II,
el que fue "todo tuyo",
el que afirmo que el "rosario era su oración preferida",
el que nos donó el memorable Año del Rosario.
Te encomendamos también, Madre de la Iglesia,
la persona y el ministerio apostólico petrino
del Santo Padre Benedicto XVI.

Al rezar y evocar los misterios gozosos del Rosario,
te pedimos, Santísima Virgen del Rosario, Reina de la Paz,
que encontremos siempre nuestro gozo y alegría sin fin
en los misterios de la Encarnación de tu Hijo:
Haz que sepamos descubrir, amar y seguir
la Santísima Humanidad de Jesucristo,
que entendamos de anunciación, encarnación y visitación,
que imitemos sus gestos de anonadamiento y de humildad,
que experimentemos y transmitamos
el gozo inefable de sabernos salvados y amados
por Quien compartió con nosotros
las luces y las sombras de la condición humana
en todo excepto en el pecado.
Que como Él trabajamos con y para
nuestros hermanos los hombres con manos de hombre,
que les amenos y les sirvamos con corazón humano.
Que nada humano nos sea ajeno,
como no lo fue para Él y para Ti.
Te pedimos, Madre de las Madres,
por las madres, por las gestantes,
por los niños recién nacidos,
por aquellos que no valoran la maternidad.

De tu mano maternal, Virgen y Madre del Rosario,
que nos llegue la luz y la gracia
para seguir los caminos de los misterios luminosos,
los nuevos misterios del Santo Rosario,
los misterios de la vida pública de tu Hijo Jesús.
Ayúdanos a renovar nuestra fe y compromiso bautismal.
Te pedimos también por nuestros matrimonios y familias.
Que nunca les falte el vino nuevo de la gracia y del amor.
Que resuenen siempre en sus corazones
aquellas palabras tuyas: "Haced lo que El os diga".
Danos fuerza, Virgen del Rosario,
para ser testigos del Reino de tu Hijo
y discípulos y transmisores de las Bienaventuranzas,
único camino para la felicidad que tanto anhelamos.
Transfigura, María del Rosario, nuestros corazones y mentes.
Que experimentemos el Monte Tabor de la presencia de Dios
y que después bajemos, transfigurados, al valle de la vida,
donde nos aguarda la cruz, la misión y el testimonio.
Mujer Eucarística, madre del Pan de Vida,
tú nos da a Jesús, el pan vivo,
tú nos llamas a su mesa de Eucaristía,
al pan partido, repartido y compartido
de la Eucaristía y de la Caridad.
Ruega por nosotros,
haz de nosotros hombres y mujeres de Eucaristía,
porque si olvidamos la Eucaristía,
oh María, mujer eucarística,
¿quién podrá sanar nuestra indigencia?

Virgen Santísima, Señora nuestra del Rosario,
hazte presente en medio de nuestros misterios dolorosos.
Son los misterios de tu Hijo, el Crucificado.
Son su rostro de cruz y de gloria.
Qué cuando lleguemos al Getsemaní nuestro de cada día
sepamos como El beber el cáliz del deber y de la misión.
Qué llevemos esperanzados nuestra cruz y la del prójimo.
Qué no busquemos más coronas que el servicio y el amor.
Qué seas siempre, Madre Nuestra,
amparo, salud y vida en la hora del dolor supremo.
Escucha nuestra plegaria, Madre siempre al pie de la cruz, Virgen de
la Esperanza, Reina de la Paz,
por todos los crucificados de la historia
y por los crucificados de nuestro hoy:
los pobres, los enfermos, los ancianos, los que sufren,
los parados, los drogadictos, los vagabundos,
los refugiados, los perseguidos, los encarcelados,
las víctimas del terrorismo, del odio y la guerra,
los ateos, los agnósticos, los alejados,
los enfermos del sida y los trabajadores sin protección.

En el afán de cada día dibújanos, Reina del Cielo,
el rostro de la eternidad, el rostro de la resurrección,
el rostro de los misterios gloriosos de tu Hijo y tuyos.
Ayúdanos a entender y esperar la resurrección,
a ser transformados por la experiencia de Dios,
en cualquier Pentecostés de la vida interior,
de la oración y de la contemplación
que marcan el ritmo de la acción y del apostolado.
Muéstranos el cielo que no puede esperar,
el cielo al que ascendió Jesucristo,
el cielo al que fuiste llevada en cuerpo y alma,
el cielo que sólo se gana en la tierra,
viviendo, peregrinando, sirviendo y amando como Tú.
Alienta la esperanza en la meta que perseguimos
e impulsa el testimonio valiente
de aquel anuncio gozoso que da sentido a la vida.

Oh Rosario bendito de María,
cadena dulce que nos une a Dios,
vínculo de amor que nos une a los Ángeles,
torre de salvación contra los asaltos del infierno,
puerto seguro en el común naufragio, no te dejaremos jamás.
Tú serás nuestro consuelo en la hora de la agonía.
Para ti el último beso de la vida que se apaga.
Y el último susurro de nuestros labios será tu suave nombre,
oh Reina del Rosario, oh Madre nuestra querida,
oh soberana consoladora de los tristes.
Que seas bendita por doquier,
aquí y siempre, en la tierra y en el cielo. Amén.


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