En cristiano

El apóstol Pedro no sabía predicar -o cosas de la New Age-

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Por Jorge González Guadalix

Los apóstoles estaban indignados. A quién se le habría ocurrido poner a la cabeza de todos nada menos que a Pedro, bruto donde los haya. Bastaba el discurso de hoy para darse cuenta.

Una muchedumbre de gente: judíos, prosélitos, no creyentes. Y un lenguaje que no entendía nadie. Porque Pedro comenzó su discurso así:

“Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazareno, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos; a éste, pues, Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades”.

Los apóstoles se apuntaron al fracaso. Sólo a un bruto como Pedro se le ocurría hablar, así, de primeras, del Nazareno, de su muerte en la cruz, y encima acusar de ello a los oyentes. Estaba empleando un lenguaje ininteligible, unas palabras desconocidas. Vamos, como para echar a todos y posiblemente hasta recibir alguna pedrada.

Pero la cosa no quedó ahí. Porque Pedro, en lugar de reprimirse, se lanzó. Y siguió diciendo cosas cada vez más incomprensibles: “«Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado. Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: « ¿Qué hemos de hacer, hermanos?» Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo””.

Definitivamente la batalla perdida. Había afirmado, nada menos, que el único Señor y salvador es Cristo, y encima llamaba a la conversión a la gente. Y los apóstoles, gente de buena voluntad, se hacían cruces de lo que escuchaban, y hasta montaron sus corrillos. A quién se le ocurría decir esas cosas. Lo que debía predicar Pedro es que todas las religiones son iguales, que hay que respetar, que Dios es la fuerza interior de cada uno, que no hay más norma que la de la propia conciencia y que
llamar a la conversión a tu fe es hacer un proselitismo inaceptable. Evidentemente así no se iba a ningún sitio. ¿A quién se le podía ocurrir, más que al bruto de Pedro, ponerse delante de un no creyente y hablarle de cruz, de muerte y resurrección, de que el único Señor es Cristo y de que se convierta y se bautice? Error, inmenso error.

Cuenta el libro de las Hechos que aquel día se les unieron unas tres mil almas.
Algunos de los apóstoles, al ver ese gentío pidiendo el bautismo, se dijeron: “Pues supón que en lugar de hablar de Cristo muerto y resucitado hubiera hablado del respeto a todas las religiones, la fraternidad universal, el crecimiento del yo, la energía cósmica y la alianza de civilizaciones.

¿Te imaginas lo que hubiéramos hecho, te imaginas cuántos nos habrían seguido?”

Y uno de los allí presentes, sonriendo –de hecho llevaba un rato sonriendo- respondió: hacer, hacer, el ridículo. Seguirnos, evidentemente, nadie.

P.D. No sabemos históricamente con exactitud el número de bautizados en ese primer día. ¿3.000? ¿300? ¿Unos cuantos? En cualquier caso muchos.

5 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Artafrenes 24.08.09 | 13:30

    Menos mal que Pedro no predicó ese discurso, al menos tal como está escrito. ¿Dónde estaba el periodista taquigrafiando el improvisado discurso? Menos mal que Lucas o el autor de los Hechos de los Apóstoles es un técnico en escribir discursos -por otra parte, los discursos son la base de los Hechos-. Menos mal que los 3000 de ese día no fueron todos a la vez ni en el mismo día, ni en la misma semana, porque no tenían todavía suficientes oficinas para acogerlos a todos. Menos mal que todavía no se habían inventado los libros parroquiales...

  • Comentario por Manuel_RH 20.08.09 | 11:15

    Seguramente el éxito de Pedro está en su sencillez al exponer su doctrina, un pescador de la misma categoría social que los oyentes, sin arrogancia y con la fuerza de haber sido testigo directo de hechos extraordinarios. Hoy predicamos desde la "autoridad" de poseer la unica verdad de todas las verdades...y así nos luce el pelo.

  • Comentario por jalon 19.08.09 | 23:31

    "No haremos un proceso histórico, no intentaremos saber quién ha estado equivocado y quién ha tenido razón. Las responsabilidades son compartidas. Únicamente diremos: '¡Reconciliémonos!'" Juan XXIII, 25 de enero de 1959, cuando anunció su propósito de convocar un Concilio.

  • Comentario por jalon 19.08.09 | 23:25

    El pecado original es una tontería, una superstición. Atapuerca nos habla del Homo antecessor, del Homo heidelbergensis, Neandertal, Cromagnon, y otra docena de especies. Sin soluciòn de continuidad entre el puramente animal y el puramente humano. Todos con ombligo. Qué salvación? Qué pecado original? Está absolutamente descartado por la ciencia, digo por Atapuerca, que hubiera un Adán o una Eva. En lo de Pedro, tú eres piedra, me gusta más la traducción, versión, interpretación de los protestantes

  • Comentario por Roberto 19.08.09 | 22:56

    Y nuestros predicadores actuales (Obispos, Sacerdotes, Religiosos, Laicos) ¿a cuantos han convertido con sus predicaciones?... yo creo que ni con 3,000 sermones convierten a uno solo..

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