Por Carmen Pérez Rodríguez
Grandes pensadores nos hacen sentir la intrínseca pertenencia del hombre a la verdad, a la belleza y al bien.. Ya conocen muchos de Vds. mi postura, yo necesito la experiencia de los que han visto, de los que han afirmado, de los que tienen algo realmente digno de comunicar. Pero no me voy a referir a tantos y tantos que ha habido a lo largo de la Historia. Voy a centrarme en personas, en tres respuestas próximas a nosotros, de los que cualquiera de Vds. puede encontrar su testimonio, y que están en nuestra cultura actual. Me salen tres ingleses, porque los estoy leyendo y releyendo con verdadero entusiasmo: Lewis, Chesterton y Elliot. Creo que estos tres autores, tres convertidos a la alegría de la fe, sienten la intrínseca pertenencia del hombre a la verdad, a la belleza y al bien, el horizonte de incondicionalidad en los que estamos instalados.
No respondemos de manera mecánica a las circunstancias, solicitaciones de nuestro mundo, estamos capacitados para adoptar una actitud lúcida y responsable. Esa realidad, ese hecho es el que nos permite abrirnos al mundo y descubrir horizontes de incondicionalidad. Y este horizonte es el anhelo que tenemos de la verdad, de la belleza y del bien. Chesterton, Lewis, Eliot lo han expresado en su obra, esa ha sido su experiencia; y eso les ha llevado a la fe y a escribir por necesidad de comunicarlo. Han elaborado algo, como dice Eliot, de que alegrarse. Al espectáculo desconsolador que ven le ofrecen la certidumbre de su fe ¿No es lo más razonable abrirnos a la realidad de nuestro sentimiento de que estamos ordenados a la Verdad, a la Belleza y al Bien? Pertenecemos a la verdad y esto estalla en toda la realidad de nuestra vida. Unas veces como afirmación resuelta porque la necesitamos en las relaciones de todo tipo, en los compromisos adquiridos, en la fidelidad a nuestras convicciones. Vivir en verdad es la máxima aspiración, y anhelo de una psicología sana y equilibrada. ¿Es posible la vida diaria sin la verdad?... Otras la experimentamos como añoranza, decepción, frustración. O como reivindicación del carácter hegemónico de la razón, de su condición de guía capaz de aprehender la realidad de todo. Como dicen Lewis y Chesterton ni siquiera la Teología se puede construir sin la contribución de la razón al descubrimiento de la verdad. Es la afirmación tan clarividente de Lewis: creo en el cristianismo como creo que ha salido el sol: no sólo porque lo veo sino porque gracias a él veo todo lo demás. Es un hecho de experiencia que hay intrínseca relación entre verdad y paz. No es posible que no lo hayamos experimentado alguna vez en la vida.
El horizonte de incondicionalidad de la belleza. La belleza no es una realidad de la que se puede disponer a capricho, es un ámbito universalmente válido. Kant decía que lo bello es lo que place sin interés. Los autores que venimos citando, la sienten en el anhelo humano de eternidad. El deseo humano de alcanzar la gloria, de merecer la aprobación de Dios, de ser acogido y conocido por El, se manifiesta como afán de belleza, de plenitud, de grandeza, de admiración. Realmente no queremos solo “ver” la belleza. Queremos algo más profundo y más difícil de expresar con palabras, queremos reunirnos con la belleza contemplada, fundirnos con ella, recibirla en nosotros, bañarnos en ella, ser parte suya (Lewis) El mundo se nos ofrece para que lo descubramos y el arte es la firma de hombre, dice Chesterton en El hombre eterno. Es la criatura que ha ido dejando vestigios de su vinculación esencial con lo bello, desde los momentos prehistóricos.
El bien. Ya un pensador entre siglo IV y V antes de Cristo, Platón identificaba el bien, la belleza, la verdad con el ser pleno. El carácter incondicional de la bondad se manifiesto en el uso absoluto del término bueno, y en la validez universal de los principios morales, pese a las ideologías reinantes tanto con relación al bien, como a la verdad y a la belleza. El caso es limitar, recortar, reducir a las pobres y cicateras medidas que a cada uno se le ocurren. Pero no quiero meterme en lo negativo. La actividad humana ha de realizarse siempre dentro de la bondad. Lo importante no es hacer bien las cosas, sino hacer lo bueno. Siempre que se hace lo bueno se hacen bien las cosas (Lewis) El horizonte de la vida humana creada y redimida por Dios es nuestra intrínseca pertenencia a la verdad, a la belleza y a la bondad. Todo lo demás es angustia, sin sentido, desolación.
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis