Por Carmen Pérez Rodríguez
Se dice que tenemos los ojos delante, enfrente, porque es más importante ver hacia delante que hacia atrás. Todos los encuentros con Jesucristo, que se cuentan en el Evangelio, sea Mateo, Nicodemo, Zaqueo, Samaritana, Magdalena, el ladrón en el momento de su muerte, suponen eso: ver el momento presente, asumir toda nuestra realidad y marchar hacia delante. Sí, asumir lo que se ha hecho, porque nuestra vida es consecuencia de las respuestas que hemos ido dando, somos responsables de ellas, y hemos de hacernos cargo del momento presente y caminar hacia delante. Para esto es fundamental la fuerza de nuestra autoregeneración: el arrepentimiento. Es la fuerza de la aceptación y del reconocimiento sano, vigoroso, veraz, positivo que nos pone en marcha por el camino correcto. En el mensaje de Jesucristo, en su enseñarnos a vivir, nos llama a que nos arrepintamos de lo que no nos hace bien, de lo que no nos produce bondad, mansedumbre, misericordia, alegría, confianza, paz, hambre y sed de justicia. Las bienaventuranzas, sólo posibles de vivir y experimentar en el camino firme y seguro del arrepentimiento. Porque el arrepentimiento real esta lleno de alegría y confianza, de luz y de serenidad, de gratitud y estímulo. Viene de un corazón lleno de la convicción de que Dios es Padre y quiere lo mejor para sus hijos. El arrepentimiento es regocijo y mirada confiada hacia delante. Es una respuesta de todo nuestro ser, y expresión de nuestra interioridad. El arrepentimiento lleva consigo ciertas actitudes de las que está preñado.
El genio fenomenológico de Scheler, un pensador alemán, nos introduce en la impresionante vivencia del arrepentimiento que aparece como un profundo y poderoso movimiento necesario para cada persona, grupo y sociedad. Este gran pensador alemán, que tanto bien nos ha hecho a muchos, le gustaba a Karol Wojtyla ya desde su juventud. La fenomenología, en concreto de Scheler, y la experiencia como punto de partida, fueron las principales fuentes de la filosofía personalista de Karol Wojtyla. En 1953 presentó en la Universidad de Católica de Lublin una tesis titulada: Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler.
Arrepentimiento y nuevo nacimiento se llama el libro de Max Scheler, un opúsculo editado en Encuentro. El arrepentimiento es expresión de nuestra libertad, el mejor ejercicio de ella. El arrepentimiento no ignora lo ocurrido, no borra los hechos vividos, pero da un nuevo comienzo, es la poderosa fuerza de nuestra autoregeneración, que opera contra el continuo envejecimiento personal y del mundo. y es el remedio contra la corrupción colectiva. Esto lo escribía en mitad de la Gran Guerra. La realidad del arrepentimiento bastaría para revelarnos la existencia de Dios. La vivencia auténtica del arrepentimiento reclama el perdón divino, y la necesidad de renacer nos impulsa a pensar en la gracia, en el don de Dios. No es racional, ni sensato, ni lógico, “examinar” a Dios frente a la evidencia del mal, no es esa ni la actitud, ni la mirada. No podemos pensar en el mal como si fuera siempre cometido por otros. Scheler desenmascara la superficialidad de ciertas explicaciones muy reductivas de lo que es el arrepentimiento. Y volvemos a oír sus palabras: el arrepentimiento es la poderosa fuerza de autoregeneración del mundo moral que opera contra su continuo entumecimiento, Mira hacia atrás con una mirada llorosa, pero sin embargo actúa alegre y poderoso hacia el futuro, hacia la renovación, hacia la liberación de la muerte moral. Todo lo bueno, lo justo, lo verdadero, lo noble nace de la misma raíz. La auténtica psicología, el auténtico conocimiento del ser humano es el que ayuda en un camino correcto de su autoestima que es el del arrepentimiento, el reconocimiento sano y lúcido, noble y veraz que es necesario y vital en toda vida humana. No tiene nada que ver ni con el miedo, ni la con venganza, ni con el resentimiento, ni con la desesperación. La fuerza moral, para hacer efectivo el propósito de mejora y el cambio interior, es consecuencia del arrepentimiento. Ese libre y espontáneo comienzo de una nueva vida que surge en el interior de la persona, en el centro de la personalidad. El arrepentimiento es lo que el católico vive en el sacramento de la Conversión, Reconciliación, Perdón, Confesión, Penitencia, como queramos llamarlo.
Viktor Frankl recibió una carta de un preso del penal de Florida: he encontrado el sentido de mi vida ahora, cuando estoy en la cárcel, y sólo tengo que esperar algún tiempo, hasta que tenga la ocasión de repararlo todo. Puedo asumir toda mi vida en un acto de arrepentimiento y en un nuevo comienzo. Suena a lo que comentábamos al comienzo: los encuentros de los pecadores con Jesucristo, o sea con los que vino a buscar, los pecadores. ¿En que cola nos ponemos? Tenemos los ojos delante porque es más importante ver hacia delante que hacia atrás.
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis