Por Carmen Pérez Rodríguez
Se dice que tenemos los ojos delante, enfrente, porque es más importante ver hacia delante que hacia atrás. Todos los encuentros con Jesucristo, que se cuentan en el Evangelio, sea Mateo, Nicodemo, Zaqueo, Samaritana, Magdalena, el ladrón en el momento de su muerte, suponen eso: ver el momento presente, asumir toda nuestra realidad y marchar hacia delante. Sí, asumir lo que se ha hecho, porque nuestra vida es consecuencia de las respuestas que hemos ido dando, somos responsables de ellas, y hemos de hacernos cargo del momento presente y caminar hacia delante. Para esto es fundamental la fuerza de nuestra autoregeneración: el arrepentimiento. Es la fuerza de la aceptación y del reconocimiento sano, vigoroso, veraz, positivo que nos pone en marcha por el camino correcto. En el mensaje de Jesucristo, en su enseñarnos a vivir, nos llama a que nos arrepintamos de lo que no nos hace bien, de lo que no nos produce bondad, mansedumbre, misericordia, alegría, confianza, paz, hambre y sed de justicia. Las bienaventuranzas, sólo posibles de vivir y experimentar en el camino firme y seguro del arrepentimiento. Porque el arrepentimiento real esta lleno de alegría y confianza, de luz y de serenidad, de gratitud y estímulo. Viene de un corazón lleno de la convicción de que Dios es Padre y quiere lo mejor para sus hijos. El arrepentimiento es regocijo y mirada confiada hacia delante. Es una respuesta de todo nuestro ser, y expresión de nuestra interioridad. El arrepentimiento lleva consigo ciertas actitudes de las que está preñado.
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis