Por Carmen Pérez Rodríguez
Lo comentábamos un día unos amigos ante dos situaciones completamente distintas vividas por dos personas, una de triunfo, éxito, dinero, externamente le “van las cosas materiales bien”,y otra no digo de fracaso, exactamente, pero si de dolor, dificultades, problemas. Desde luego la reacción, la manera de estar, la actitud de una y otra, el trato, la expresión o no de paz, la cercanía o distancia, expresan cual en el fondo es más feliz de las dos, y cual es más para envidiar en el sentido de querer ser como ella, de dar gracias por encontrarse con una persona así, y que realmente sirve de referencia, de luz. En esta vida no hay éxitos ni fracasos solo consecuencias. Quizá lo oímos y no nos convence, pero ¡cuantas veces lo vemos en la vida¡ Es conocida la historia china que cuenta que un anciano labrador tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano se acercaban para condolerse con él y lamentar su desgracia, el anciano les repitió: ¿mala suerte? ¿buena suerte? ¿quien sabe?. Una semana después, el caballo volvió con una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: ¿mala suerte? ¿buena suerte? ¿quién sabe? Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador que se limitó a decir de nuevo: ¿mala suerte? ¿buena suerte? ¿quien sabe? Unas semanas mas tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo. Había sido ¿buena suerte? ¿mala suerte? ¿quien sabe? Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser un disfraz del bien; el revés de lo que nos hace sufrir puede ser después algo fecundo y positivo. Y lo que parece deseable y agradable a primera vista puede ser perjudicial. Si lo reflexionamos, y vamos a nuestra experiencia, a lo que a nosotros mismos o a personas que queremos nos ha ocurrido, lo afirmaremos con convicción profunda. Sabemos que la experiencia es la mejor maestra, dicen que por eso sus “lecciones” a veces son tan caras. Sus honorarios son altos, cierto, pero lo que ella enseña es difícil de olvidar. Quevedo, en el siglo XVII, escribió la letrilla de “poderoso caballero es don dinero”. No voy a entretenerme ni en el estribillo ni en los versos en los que, como es propio de Quevedo, de manera genial, nos presenta eso, sólo “el poder del dinero”. Y también de otro literato español del siglo XVI, Tirso de Molina, es la conocida expresión: no es más rico el que más tiene, sino el que menos ha de menester. Vamos a la persona, a las consecuencias de las respuestas de las personas. Comentábamos un día que un billete de 500 euros varía de aspecto según quien lo tiene. Es real que en la vida lo importante son las respuestas que damos a las situaciones, la respuesta que damos a lo que puede de momento puede parecer un éxito o un fracaso. Lo que más importa es el modo en que respondemos a lo que experimentamos en la vida. Aunque suene teórico es cierto en esta vida no hay éxitos ni fracasos sólo consecuencias.
Dice Viktor Frankl que en una estadística hecha a 8.000 estudiantes en Estados Unidos, resultó que el 75 % tenía como meta principal dotar de sentido su vida. Y es cada uno el que da el sentido a lo que ocurre. Es la vida como tal lo que nos cuestiona. Somos nosotros los preguntados por la vida, por las circunstancias y situaciones concretas en las que nos encontramos, somos cada uno personalmente el que ha de responder a lo que llamamos la vida y responsabilizarnos ante ella. Los mismos hechos sean de enfermedad, de éxito, de fracaso, de agresión, de satisfacción provocan reacciones completamente distintas. Somos seres libres y responsables. No somos el mero producto de las circunstancias familiares, económicas, sociales. Cada uno da su propia respuesta y moviliza su caudal humano. Nuestra grandeza y felicidad está en poner todo nuestro caudal, entero o pequeño, al servicio de los demás, en lo que más puede contribuir al bien, a la verdad, a la justicia, a la belleza. No estemos “esperando de la vida”, sino viendo lo que se espera de nosotros en las circunstancias concretas en las que nos encontremos. Es verdad que hay momentos cumbres, respuestas que marcan gran parte del camino. La altura de una cordillera no se mide por la altura de un valle, sino sólo por la altura del pico más elevado. Así también, en la vida son los picos los que deciden sobre el sentido de esta, de manera que un solo momento puede dar sentido retroactivamente a toda ella. ¡Qué experiencia la de Viktor Frankl en el campo de concentración¡ Allí aprendió que el hombre es el que decide: inventar cámaras de gas o entrar ellas musitando una oración. Somos consecuencia de lo que nosotros mismos vamos decidiendo en los picos más altos y en lo más cotidiano de nuestros valles. Aunque hayamos desaprovechado mucho tiempo, siempre podemos superarnos por un autorreconocimiento y un reconocimiento como el de Dimas en la cruz, el de la mujer adultera, el de Zaqueo, Agustín de Hipona, y tantos y tantos convertidos. El cristianismo es la historia de los convertidos a Cristo, de los que se encuentran con Cristo. En esta vida no hay éxitos ni fracasos, sólo consecuencias.
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis