En cristiano

Lo secreto

09.07.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez
Voy a arrancar hoy con un término de Ortega y Gasset que me dice mucho: vivencia. Yo soy mis vivencias, me experimento en mis vivencias. Vivencia: ese hecho concreto de experimentar algo, el hecho de vivir, de estar vivo. Pensar, amar, sentir, tender, anhelar, comprender, juzgar. La vida es el conjunto de vivencias. No son sólo acontecimientos sin más lo que ocurre. Es necesario darnos cuenta de ellos en nuestras vivencias: “sentirse vivir en las circunstancias y situaciones concretas. Vivir es saberse encontrar en el mundo. Las cosas no son sólo cuerpos, nos afectan, Cada uno de nosotros construye su mundo, que es, en suma, el conjunto de cosas que nos afectan. Es un hecho que para cada uno de nosotros la realidad radical es “mi vida” y en mi vida se me da todo. Esta vida son mis vivencias, los contenidos de mi vida, el conjunto de actos y sucesos que nos toca vivir. Cada uno puede ir enumerando sus vivencias de todo tipo: cuando se experimenta gratitud, alegría, satisfacción; cuando se ha hecho algún bien, cuando se ha dañado a alguien, que juicios se formulan corrientemente, compromisos que se traicionan, fidelidad que se vive, decisiones que se toman. Es evidente que nuestra vida no se reduce a un vivir biológico, sino a lo que hacemos y a todo lo que nos va sucediendo. Vida es experiencia de la vida. Vamos aprendiendo. Digo mucho que vivir es aprender, y el que no aprende malvive. Cuanto mas nobles, verdaderos, personales, comprometidos y responsables sean nuestros actos, nuestros proyectos, más nos sentiremos a nosotros mismos y a los demás. El pasado puede ser siempre condición de renovación y no obstáculo para el progreso. La vivencia concreta que hoy me centra es la de “lo secreto”. Reflexionar sobre la riqueza de lo que significa lo secreto en la persona, lo que es nuestro y no está a merced de los demás, ni de lo demás.

Max Scheler ha dicho que el secreto es lo propio de las personas. Y solamente en este intercambio llamado amor, dándole a esta palabra su más alto sentido, es decir, la voluntad de comunicarse a otro, podemos penetrar en el secreto, en la intimidad de otro ser. De lo secreto, en el sentido rico y positivo, que dice Scheler, nos habla Jesucristo varias veces en el Evangelio. Pertenece a la esencia de la persona, a su intimidad, a su interioridad. “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.. Ora a tu Padre en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto te recompensará”. La verdadera recompensa se experimenta en el interior, en la propia vivencia. El Señor nos pone ante lo más profundo de nuestro ser, ante la raíz de nuestro actuar, ante la realidad de nuestra interioridad: el amor y la verdad con que obramos, “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”, y nuestra auténtica relación con Dios “ora a tu Padre en lo secreto, desde lo secreto de tu corazón, porque El ve en lo secreto de tu corazón”. Aunque parezca una paradoja lo que realmente nos asombra de una persona es su secreto, su interioridad, lo que no se compra, ni se vende por nada, lo que no se manipula. Precisamente la persona buena, el santo, sobre todo, comunica su secreto sin saberlo, porque comunica su vida. Y ese es su gran testimonio. La modestia consiste en escribir con lápiz y la humildad en aceptar que borren lo que hemos escrito con tinta (Gilbert Cesbrón). Hablamos de lo secreto que es fuente de riqueza, de integridad, de fidelidad, de respeto a uno mismo y a los demás. Solo en lo secreto de nuestro interior se experimenta la verdadera libertad, y los sentimientos más nobles que somos capaces vivenciar. En ese secreto interior está realmente la dignidad, la fidelidad, el amor, lo que no necesita ser exhibido, lo que es más nuestro, insisto, lo que nos da libertad. En el silencio de nuestro interior se esconden los más bellos secretos de nuestro corazón. ¿Cómo puede venderse la intimidad, las maravillosas relaciones, conversaciones que son propias de la amistad, las acciones buenas, lo que es más nuestro? Lo secreto no puede ser manoseado, corrompido. Podemos sentirnos “violados” cuando nuestra alegría o dolor son mirados, juzgados por quien no nos comprende y nos respeta. Lo secreto de nuestro interior no puede estar así en manos ajenas, extrañas. No se puede dar al otro lo que no es capaz de recibir. Santa Teresa describe el camino de la interiorización en su obra Castillo interior. Compara el alma con un castillo que tiene muchos aposentos "y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma". Experimentemos, seamos conscientes de nuestra interioridad, nuestro secreto.


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