Por Carmen Pérez Rodríguez
Hay días que siento muchísimo que esto sea un monólogo, aunque con algunos de Vds. hable después de esta ventana. Lo bueno sería que hoy esto fuera un diálogo en el pleno sentido socrático. Lo que estudiábamos hace tiempo Juanma, Sergio y yo. Una pregunta en la que nos ayudara primero la “ironía”, ese arma terrible de Sócrates contra la jactancia del ignorante que no sabe que lo es, y por eso se resiste a examinarse a si mismo y a reconocer sus propios límites. Una sacudida, que es como un torpedo marino. Nos sacude del torpor y nos comunica la duda que nos obliga, desde nuestro interior, a la búsqueda, en este caso, de lo que realmente es nuestra verdad cumbre. Esto sería el primer paso en nuestro proceso de liberación y encuentro con nosotros mismos. Y el segundo paso sería pensar juntos, dialogar. Un diálogo basado en una buena relación que nos garantiza la libertad de la búsqueda de algo que realmente nos importa, y en la que daríamos a luz lo mejor de nuestro interior y nos pondríamos en claro con nosotros mismos y con los demás. Porque el individualismo no es bueno, el diálogo tiene que llevar al reconocimiento del valor de la persona y de nuestras relaciones.
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis