Por Carmen Pérez Rodríguez
Para todo, ante nosotros mismos y ante los demás, la clave es mostrar y reconocer el hombre que hay en nosotros. Reconocernos. ¿Qué imagen de hombre llevamos dentro? ¿Qué imagen de la humanidad es la nuestra? Teófilo de Antioquía expresó en un debate la raíz de lo que quiero decir: Si tú me dices: «Muéstrame a tu Dios», yo te diré a mi vez: «Muéstrame tú al hombre que hay en ti», y yo te mostraré a mi Dios. Muéstrame, por tanto, si los ojos de tu mente ven, y si oyen los oídos de tu corazón. Pues de la misma manera que los que ven con los ojos del cuerpo perciben con ellos las realidades de esta vida terrena y advierten las diferencias que se dan entre ellas —por ejemplo, entre la luz y las tinieblas, lo blanco y lo negro, lo deforme y lo bello, lo proporcionado y lo desproporcionado, lo que está bien formado y lo que no lo está, lo que es superfluo y lo que es deficiente en las cosas—, y lo mismo se diga de lo que cae bajo el dominio del oído —sonidos agudos, graves o agradables—, eso mismo hay que decir de los oídos del corazón y de los ojos de la mente, en cuanto a su poder para captar a Dios, para captar lo bueno”. Ahí está el problema muéstrame al hombre que hay en ti. Muéstrame al hombre que eres y se verá cual es tu relación con Dios. Y también Según sea tu relación con Dios así serás.
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis