Por Carmen Pérez Rodríguez
Quizá muchos de Vds. han visto la película de Los diez mandamientos, fue la última que dirigió Cecil B. de Mille, un director que se distinguió por su tendencia a lo grandioso, a lo colosal. La gran espectacularidad y magnificencia de esta película han sido mundialmente reconocidas. Fue rodada en Egipto y en el monte Sinaí, sus decorados son impresionantes. El mismo Cecil B. de Mille hizo la presentación. Se apagaban las luces y empezaba a sonar una música. Un minuto después paraba la música y se iluminaba la pantalla apareciendo él en el escenario: Señoras y caballeros, jóvenes y ancianos. Es posible que sea un proceder insólito, hablarles antes de la proyección de un film, pero es que su tema también es insólito, la historia del nacimiento de la libertad, la historia de Moisés. Como todos Vds. saben, la Sagrada Biblia omite unos 30 años de la vida de Moisés. Ese período abarca desde que tenía tres meses, cuando fue hallado a la orilla del Nilo por Bithia, la hija del Faraón, quien lo adoptó y crió en la corte de Egipto, hasta el día en que él se enteró de que era hebreo y mató a un egipcio. Para llenar el vacío de esos años hemos recurrido a ciertos historiadores tales como Filón y Josefo. Filón es contemporáneo de la época en que Jesús de Nazaret vino al mundo y Josefo nació en el año 37 de nuestra era y llegó a ser testigo de la destrucción de Jerusalén por los romanos. Estos historiadores lograron consultar documentos que luego fueron destruidos o que se perdieron, tal que los Papiros del Mar Muerto. El propósito de esta película es plantear si los hombres han de vivir bajo la ley de Dios o bajo los caprichos de un dictador como Ramsés. ¿Son los hombres propiedad del estado o son seres libres creados por Dios?
¿Bajo que capricho, que dictador, que ideología vivimos? Seguimos con la misma pregunta y con el mismo conflicto. Dice Stpehen Covey, el llamado Sócrates americano, que los principios con como faros. Son leyes naturales que no se pueden quebrantar. No se dedica a dar consejos paternalistas, ni a sermonear sin ton, ni son. Quiere que el hombre se ponga ante sí mismo, ante su propia interioridad, y que reflexione sobre su verdadera paz interior, su forma de actuar en la vida cotidiana, tanto en el trabajo como en la vida privada. Todos los hombres, en teoría, queremos mejorar, pero el ponernos en el camino adecuado eso ya es “harina de otro costal”. Y la única manera de conseguirla es el “adentro” unamuniano, la interioridad agustiniana, y yendo a la raíz, las constantes enseñanzas del gran conocedor de la naturaleza humana: Jesús de Nazaret. El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Cecil B. Mille, volviendo a su película Los diez mandamientos, observó algo muy, muy profundo: nosotros no podemos quebrantar la ley solo podemos quebrantarnos a nosotros mismos y en contra de la ley. Lo repetimos: nosotros no podemos quebrantar la ley, sólo podemos quebrantarnos a nosotros mismos y en contra de la ley. Eso es el pecado y nuestra ruina.
Cuando no somos íntegros, justos, verdaderos, fieles nos quebrantamos a nosotros mismos y en contra de la ley. Esa es nuestra conciencia, la voz de nuestra conciencia. No podemos buscar fuera la solución, aunque la agresión, o la circunstancia sea externa, la solución esta en nuestro interior, en nuestra respuesta a la situación que sea. La paz no viene de fuera a adentro, sino desde nuestro interior. Por nuestros frutos se nos conoce, del interior del hombre sale todo. Hablamos del pecado con una concepción muy dualista de la vida, como si fuera algo externo a nosotros. Pecado es lo que nos daña, nos perjudica, nos quebranta, lo que impide nuestra plenitud. Todo me ha surgido por mi lectura de Teilhard de Chardin, un breve texto que voy a leerles porque me ha hecho reflexionar y quedarme como serena por dentro: el trabajo interior de un alma es tan importante como la lucha por un mundo mejor. Más aún, es en ese ámbito de la conciencia individual donde desemboca el esfuerzo universal, para llegar más lejos todavía. ¡Cuánto tiempo he estado con este texto¡ En el ámbito de mi conciencia desemboca el esfuerzo universal para llegar más lejos todavía. Y sigue Pierre Teilhard: para hacerme tuyo, mi Dios, Tú que estás más lejos que todo y eres más profundo que todo, Tu tomas prestada y te alías con la inmensidad del mundo y con mi propia intimidad
Mi intimidad, mi conciencia, en la que está Dios, lo más lejos y lo más profundo. Somos seres libres creados por Dios, a su imagen, por eso no es que quebrantemos la ley, solo podemos quebrantarnos a nosotros mismos y en contra de la ley. También nos quedamos con unas breves líneas de algo que daba siempre a mis alumnos, la plenitud quinta de Unamuno: Doy cuanto tengo, dice el generoso. Doy cuanto soy, dice el héroe. Me doy a mí mismo, dice el santo; di tú con él al darte: Doy conmigo el universo entero. Para ello tienes que hacerte universo, buscando dentro de ti. ¡Adentro! En la verdad, en el interior, se encuentra todo y todos: un director de cine, un psicólogo, un pensador, un jesuita (pensador y científico), un santo, nosotros…
Martes, 14 de febrero
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Alejandro Córdoba
Manuel Mandianes
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
José Mª Castillo
Faustino Vilabrille Linares