Una cantinela infantil
01.07.09 @ 00:00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
Por Carmen Pérez Rodríguez
El credo no es de ninguna manera una cantinela infantil. Una lista de palabras que aprendemos más o menos convencionalmente de memoria y luego repetimos cuando “toca” soltar la cantinela. No es algo que hay que repetir. Ha sido una persona no creyente, a la que se unieron más, las que me han suscitado una reflexión y un examen sobre lo que llamamos el “credo”, sobre como pronuncio y digo realmente: Creo en Jesucristo… y si hago una profesión convencida de lo que es fundamental para el cristiano. Decir “lo creo”, o “ya lo creo que sí” lo utilizamos corrientemente en la vida para cosas evidentes, aunque no sea importantes. ¿Pero como digo creo en las verdades de mi fe, desde mi fe en un Dios Padre, todopoderoso, creador, hasta en la Iglesia, en el perdón de los pecados, en la resurrección, en la vida del mundo futuro? ¿Es realmente algo que está en mi vida diaria? ¿Algo de lo que estoy convencida y en lo que me va la vida y por lo que reconozco, veo y juzgo la realidad? Me ha ayudado mucho primero los tópicos de estas personas sobre el cristianismo, la Iglesia, el perdón de los pecados, Jesucristo…Luego escuchaba con todo mi corazón las preguntas y respuestas que ellos mismo daban. Hacía mucho que no oía una conversación tan llena de los tópicos de siempre, con ideas tan pobres y deslavazadas con las que hablaban, en concreto y a última hora, de lo que es el Credo, de lo que es la vida humana. El caso es que, con las críticas y los tópicos, empezaron a brotar anhelos, preguntas, afirmaciones, dolores e inquietudes.
Es verdad que muchos podemos recitar el credo cada domingo, no se si como una cantinela infantil que aprendimos de pequeños, de memoria y sin ser conscientes de lo que decimos en primerísima persona. Tiene mucho sentido recitar el Credo el domingo, en las fiestas, en las celebraciones, porque después de haber oído la Palabra de Dios y tras el comentario, la homilía, brota de la comunidad esa respuesta personal del credo. Decimos Creo, no creemos. Siempre me ha gustado la llamada de atención que se nos hace, cuando rezamos el credo en forma dialogada, a que respondamos en singular. ¿Creéis en Jesucristo...? Sí, creo. No, sí, creemos. Hemos comentado varias veces que el acto de fe es el más libre de todos los actos, y la expresión del credo, por cada uno de nosotros, ha de ser la más personal de todas las expresiones. Me hizo bien, a pesar de que a veces me dolía, la conversación, los tópicos y las críticas, el desconocimiento de Dios, Jesucristo, la Iglesia, de lo que realmente es la vida humana, porque he visto, y así me salía en mi conversación con ellos, que el credo es la respuesta a los interrogantes del hombre. Desde de dónde vengo, hasta adónde voy, desde el juicio sobre como vivo, hasta el criterio de cómo tengo que vivir. Desde lo que puede sentir nuestra individualidad, hasta lo que puede ser vivir en una familia, la Iglesia, con las luces y sombras que conlleva todo lo humano, y la vida personal de cada uno. Paso a paso, al caminar sobre el credo, con ese constante “creo en …”, que es una unidad total, imposible de soltar en ninguno de sus engarces, uno siente algo en su interior. Sí, puede ser que repitamos frecuentemente el credo más como una cantinela infantil, sin ser muy conscientes de todo lo que significa que como una auténtico, rica y fecunda profesión de fe que puede cambiar nuestra vida,
Por ejemplo, pronunciar el credo, afirmar el credo, orar el credo, es sentir que Cristo se pone en nuestro lugar. Eso implica todo el credo visto por ejemplo desde: creo en el Espíritu Santo, creo en la Santa Iglesia Católica. Si recitamos el credo y no creemos con todo nuestro ser en el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús en nosotros, somos unos impostores o unos inconsecuentes, Porque todo esto supone creer en el Dios vivo, en los acontecimientos que realmente ocurrieron, en la contemporaneidad de Jesucristo con cada uno de nosotros. En el credo se empieza, de manera lógica, por creer en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Sí, y continúa con la historia humana como la historia de nuestra salvación, del sentido de la vida pleno de la vida humana. Pero hagan la prueba y desde, cualquiera de sus afirmaciones, verán como se enganchan con una unidad maravillosa y con un sentido pleno. Es importante que también lo oremos solos, que la saboreemos solos que comprendamos las consecuencias que en nuestra vida real tiene la afirmación personal de la fe: creo. No es una cantinela infantil, es una afirmación decisiva.
Sí, Cristo es una persona viva que vive actualmente aquí, allí, y en todas partes. Y el cristianismo no es un código. Sólo se comprende desde dentro, nunca desde fuera. Np hay fórmulas mágicas, el Reino de Dios no puede instaurarse en una mañana como se instala un circo ambulante en la plaza de un pueblo, se instaura en la vida de cada hombre que realmente cree. Es la afirmación del Papa Benedicto XVI que nos hace tanto bien: Hemos creído en el amor de Dios, así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a al vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en Él tengan vida eterna.
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Luis Javier Moxó Soto
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