Por Carmen Pérez Rodríguez
El credo no es de ninguna manera una cantinela infantil. Una lista de palabras que aprendemos más o menos convencionalmente de memoria y luego repetimos cuando “toca” soltar la cantinela. No es algo que hay que repetir. Ha sido una persona no creyente, a la que se unieron más, las que me han suscitado una reflexión y un examen sobre lo que llamamos el “credo”, sobre como pronuncio y digo realmente: Creo en Jesucristo… y si hago una profesión convencida de lo que es fundamental para el cristiano. Decir “lo creo”, o “ya lo creo que sí” lo utilizamos corrientemente en la vida para cosas evidentes, aunque no sea importantes. ¿Pero como digo creo en las verdades de mi fe, desde mi fe en un Dios Padre, todopoderoso, creador, hasta en la Iglesia, en el perdón de los pecados, en la resurrección, en la vida del mundo futuro? ¿Es realmente algo que está en mi vida diaria? ¿Algo de lo que estoy convencida y en lo que me va la vida y por lo que reconozco, veo y juzgo la realidad?
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis