En cristiano

Ha llegado lo nuevo

30.06.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez
Comprendo que puede parecer una insignificancia lo que voy a contarles, incluso de lo más corriente, pero a mi me ha hecho pensar, porque ¿no es realmente mi vida ese pequeño sí de cada momento, ese peldaño a peldaño por el que subimos la escalera? Hace no mucho tiempo, una religiosa subió en el autobús. Al sentarse después de haber pagado su billete, se dio cuenta de que el conductor del autobús le había dado un euro de más en el cambio. Y pensó, ¡bah¡ total por un euro, no merece la pena. ¡Para que me voy a volver a acercar a devolverlo con la gente que hay¡ No perjudico a nadie, y ni lo echarán de menos. Pero cuando ya se iba a bajar, le vino otra vez a la mente el euro que había sobrado del cambio y decidió acercarse al cobrador y devolverle el euro: Oiga, se ha confundido en el cambio, me ha dado un euro de más. El conductor sonrió y le dijo: Vd. está en esas Hnas., un poco más abajo de donde ha cogido el autobús, yo la conozco, y hemos hablado alguno vez, me cae bien y quería ver como reaccionaba ante una cosa así, precisamente porque era poco. Me alegro que se haya dado cuenta y me lo haya traído. La verdad es que creo que en caso contrario me hubiera empeñado en pensar que no se había dado cuenta. Necesitaba yo que Vd. fuera así. La Hna. bajó del autobús y sacudida por dentro pensó: Oh Señor mío por poco te vendo y me vendo por un euro. Y encima hago daño a una persona que me mira bien. En cosas tan concretas de nuestra vida es donde se lee la realidad, y la realidad del Evangelio. Hay que perderse, o por el contrario en sentido positivo ganarse, euro a euro, para después ya estar completamente perdido o haber vencido en otras batallas. Es una disyunción exclusiva o una cosa o la otra, o se pierde o se gana.

Llevo unos días con un pequeño fragmento de la segunda carta de S. Pablo a los Corintios, lo hemos leído hace pocos días en la Eucaristía: el que vive con Cristo es una creatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo. Creatura nueva. Lo viejo ha pasado, lo caduco, lo que no vale, lo que sirve, lo que hay que renovar, cambiar. Ha llegado lo nuevo. Ya, ¿y como ha llegado lo nuevo en mí? ¿Cómo pasa todo esto en mí? ¿Cómo experimento yo que soy una creatura nueva, que lo viejo ha pasado y que ha llegado lo nuevo en mi, porque yo vivo lo nuevo y de lo nuevo. Pues con reacciones tan pequeñas como no vender el Evangelio, que es mi verdadera humanidad, mi libertad, mi verdad, mi felicidad, por nada, ni por euro, ni por millones de euros. Cada momento de mi vida es ese encuentro con un conductor de autobús, que necesita que reaccione en buena dirección. Ya hemos hablado varías veces de un libro que hace mucho bien porque es de lo más práctico e iluminador. Lo estoy volviendo a ver a la luz de las palabras de S. Pablo: el que vive de Cristo es una creatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo. El libro se llama Cartas del diablo a su sobrino de Lewis, y es la otra cara. Es la correspondencia entre un demonio ya anciano, y retirad, y otro diablo joven que empieza su trabajo con un “paciente”. Son consejos para que poco a poco vaya tentando a su paciente y vaya logrando que se despreocupe de su religión, hacerle ver situaciones más o menos ridículas que le decepcionen, ir arrancando de su vida la inquietud por actuar bien, de si es cierto y o falso lo que se le propone, ahogar sus anhelos de verdad con mil goces y placeres insignificantes. y se preocupe de si el Evangelio está superado, de si es actual, de si es democrático, de si lo hacen todos etc.; mantenerle en ideas vagas y confusas, en situaciones de decepción. Son cartas que ponen de manifiesto que en la sencillez de la vida diaria está nuestra lucha y nuestro combate. Las cartas, como dice el mismo Levwis, le producían un especie de calambre espiritual porque mientras hacía hablar a Escrutopo, el diablo viejo que aconseja al joven, tenía que proyectarse a un trabajo que no era sino polvo, arena, sed y picor, cualquier atisbo de belleza, frescor y cordialidad tenía que ser excluido. Casi se ahoga antes de acabar el libro. Eso es lo que hace el libro presentarnos lo viejo, lo caduco, el polvo, la arena, la sed, el picor, la tremenda oscuridad y destrucción de lo que no es la creatura nuevo en nuestra vida ordinaria. Lewis se sirve de esta ficción para presentarnos de forma divertida e instructiva nuestros pecados y debilidades desde ese ángulo tan desacostumbrado. La mayor ventaja al presentar esta ángulo de visión es la luz que proyecta sobre lo creatura nueva, sobre como puede llegar lo nuevo. Lo nuevo llega con nuestras actitudes y respuestas en las situaciones más sencillas y concretas de nuestro diario vivir la religión, el trabajo, la familia, lo social, la político, la diversión. Nada queda excluido para el que vive con Cristo y es una creatura nueva en la que se ve que lo viejo ha pasado y ha llegado lo nuevo. La verdad, la bondad, la fidelidad, el amor, siempre son nuevos, no novedosos, ni últimos gritos, últimos descubrimientos, y eso sólo se puede comprender cuando se experimenta. La novedad y juventud de lo eterno se ven en las personas que lo viven. Por eso nos admiramos igual con personas que han vivido en siglos muy distintos y lejanos al nuestro y sus palabras y obras nos hacen bien. Esto es lo que Jesucristo vino a enseñarnos: ser creaturas nuevas. Deseo que experimentemos y lleguemos a decir: Ay Señor por poco te vendo y me vendo por un “euro”. ¿Siento que me ha llegado lo nuevo?

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Carmen Bellver [Blogger] 30.06.09 | 19:56

    Me gusta leer esta sección. Siempre positiva, interesante. Sólo una cosa. Por favor, separa los párrafos. Se lee mejor, es una pena que alguien pueda no terminar porque se le apelotonen las letras.

    Buen verano.

Lunes, 13 de febrero

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