Dos respuestas personales
29.06.09 @ 00:00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
Por Carmen Pérez Rodríguez
Dos respuestas personales. Una la de un pescador, llamado Pedro, del que se sabe muy poco antes de encontrarse con Jesús de Nazaret, y otra la respuesta de un hombre culto, Pablo, judío y al mismo tiempo ciudadano romano, un privilegio del que muy pocos gozaban. Fue educado con el máximo rigor de acuerdo con la interpretación farisaica de la Ley y como judío joven de la Diáspora -la dispersión de los judío en el mundo grecorromano-. Tenía un profundo conocimiento de la retórica griega y de la cultura helenística, pero su modelo de pensamiento fue el famoso Gamaliel, el viejo. Hoy celebramos la fidelidad, el testimonio de estos dos hombres completamente distintos, columnas de la Iglesia de Cristo, que son expresión de la obediencia y fidelidad de lo que es la Iglesia institución y la Iglesia reflexión. La fiesta del 29 de junio, como fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo, aparece ya en el año 258 en el Martyrologium Hieronyminanum. A partir de ese año se celebraba la memoria de los dos Apóstoles el 29 de junio en la Vía Apia ad Catacumbas, pues en esta fecha los restos de los Apóstoles fueron trasladados allí. Más tarde, quizá al construirse la iglesia sobre la tumbas en el Vaticano y en la Vía Ostiensis, los restos fueron restituidos a su anterior lugar: los de Pedro a la Basílica Vaticana y los de Pablo a la iglesia de la Vía Ostiensis. Los dos mueren en Roma, Pedro crucificado y por petición propia, boca abajo, porque no se consideraba digno de morir como su Maestro. El obelisco de la Plaza de S. Pedro, es un resto del circo romano, en el que fue martirizado. Pablo fue decapitado por tener la ciudadanía romana, ya que el suplicio de la cruz estaba destinado para quien no era romano.
Los dos mueren en Roma. Tenemos ante nosotros el martirio de las dos columnas de la Iglesia de Cristo. Tiene mucho sentido recordar nuestros comienzos. Pedro es el pastor del rebaño de Cristo siguiendo con la comparación de su fundador. Ha sido elegido libremente por Jesucristo y también es libre la respuesta de Pedro. La llamada y la respuesta siempre es personal, y singular, llámese el hombre Pedro, Pablo, Juan, Magdalena, Teresa, Joseph Ratzinger, Braulio… Resulta muy expresivo este: sígueme, particular. El ministerio de Pedro, que ejerce el Papa, es en último término, siempre un ministerio de servicio y amor como dice S. Agustín. El amor, a pesar de todas las interpretaciones, es el móvil que impulsa al Papa cuando se preocupa por todas las necesidades de la Iglesia, de los hombres. Porque los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, de todos los hombres, son a la vez, gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. Esta es la gran realidad a pesar de todas las distorsiones y juicios que se quieran hacer, a pesar de los defectos y limitaciones de cada uno. Pues sí, “a pesar de todos los pesares”. Con Pablo, el Apóstol de las gentes, en pocos años y de modo impetuoso, el cristianismo es anunciado con toda fuerza. Su encuentro con Cristo resucitado le convierte de perseguidor de la Iglesia en Apóstol del Evangelio. Ahí están los Hechos de los Apóstoles y sus Cartas, a partir de estas se puede ver su identidad y su misión. Es la proclamación de la experiencia cristiana. Es el gran pensador de esta experiencia.
Decir Pedro y Pablo es decir apóstoles porque hablan desde la abundancia de su corazón. Decir Pedro y Pablo es decir Iglesia. Iglesia, pueblo de Dios, porque El quiso salvar a los hombres no aisladamente, sino constituyéndolos en un solo pueblo, reunido en la unidad del Padre. La Iglesia es apostólica, como dice el Catecismo, por su origen, ya que fue constituida sobre el fundamento de los Apóstoles; por su enseñanza, que es la misma de los Apóstoles; y por su estructura, es instruida, santificada y gobernada, hasta la vuelta de Cristo, por los Apóstoles gracias a sus sucesores, los obispos, en comunión con el sucesor de Pedro. La sucesión apostólica es la transmisión, mediante el sacramento del Orden, de la misión y la potestad de los Apóstoles a sus sucesores. Gracias a esta transmisión la Iglesia se mantiene en comunión de fe y de vida a lo largo de los siglos. Las dos dimensiones de la Iglesia: institución y reflexión cristiana traducen, cada cual a su manera y, según una legítima y necesaria división del trabajo, una misma actitud fundamental. Por eso el cristianismo es el más conservador y el más revolucionario. La Iglesia, dice Henri de Lubac, cansará siempre a los revolucionarios que sueñan con convertirla en su aliada. Pero no inspirará más confianza a los conservadores o detentadores de la autoridad, que sentirán siempre que se les escapa por su mismo fondo, incluso cuando aparece como uno de sus apoyos.
Pedro y Pablo, dos columnas, dos respuestas en el inicio de la Iglesia de Cristo: dos respuestas que ponen de manifiesto la juventud de lo eterno.
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Luis Javier Moxó Soto
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