Que no estaba muerta...
25.06.09 @ 09:00:00. Archivado en Jorge González Guadalix, TESTIMONIOS, COLABORACIONES
Por Jorge González Guadalix
Es una vieja canción de Peret, me parece. Me he acordado de ella pensando en cuántas veces se ha anunciado la próxima defunción de la iglesia con el mismo tino que los periódicos anuncios del fin del mundo.
Y no es de ahora. Es de siglos. Y los que hace tiempo vienen anunciando el fin de la idea de Dios y el desmoronamiento de la iglesia, lo único que han dejado claro es que como profetas tienen poco porvenir. ¿Cuántas veces no se ha anunciado la muerte de Dios? ¿Cuántas se ha intentado arrancar a Dios de la historia por los medios más violentos? ¿Cuántas no nos han dicho que la idea de la religión es algo absurdo, caduco y trasnochado? Pues la gente sigue creyendo. Y se llenan los templos católicos, las mezquitas, los santuarios budistas.
También se ha certificado la inminente defunción de la iglesia católica en numerosísimas ocasiones. Y se la ha acusado de todo. Bueno, de todo no, que los conocimientos históricos en general suelen ser escasos. De la inquisición y las cruzadas. Y de ser infiel a Jesús de Nazaret. Y de aliarse con los ricos. Y de alejarse del pueblo. Tanto que hasta Azaña lo proclama solemnemente en el Congreso: “España ha dejado de ser católica”.
Hoy se sigue diciendo. Se desmorona. El pueblo se aleja de la jerarquía. La gente pasa de la doctrina oficial. La iglesia se muere. La iglesia está agonizando.
¿Pero cuál es la realidad? Frente a las teorías, los datos. Frente a los certificados de defunción, la vida que no acaba. Yo no sé muy bien cómo está la iglesia. Por lo visto, fatal. Pero la parroquia se sigue llenando cada domingo. Y a mis compañeros los pasa lo mismo. Y esta iglesia, que no quiere saber nada de los pobres, ha multiplicado por tres el número de comedores abiertos por Caritas en este año. Y la gente, tan alejada de la jerarquía, sigue yendo a Roma, y a las celebraciones en las catedrales. Y si hablamos de otros apoyos, por ejemplo en la confianza que muestra la gente en la iglesia marcando la crucecita en la declaración de la renta, pues este pasado ejercicio medio millón de crucecitas más que el año anterior. Y un 20 % de asistencia a misa dominical. No está nada mal. Sobre todo para una enferma en presunto estado preagónico.
Sé que algunas personas me dirán que los números no significan nada. Pues claro que significan. Significan que los profetas de calamidades y los anunciadores del cataclismo eclesial definitivo se están columpiando. Vamos, que no aciertan ni una.
Y que mientras hay gente que anuncia el fin de esta iglesia caduca, alejada del pueblo, rica y poco solidaria, resulta que los templos se siguen llenando, y que la gente quiere a sus curas y a sus obispos, que Caritas sigue contando con voluntarios y que a los seminarios y conventos siguen llegando vocaciones jóvenes, aunque es verdad que no a todos. Incluso que al papa se le aprecia. Evidentemente todos equivocados.
¿No me irás a decir que la iglesia es perfecta? Pues no. No hay más que vernos a ti y a mí para saber que no. Y no me negarás que hay menos vocaciones que en los años 60. Claro. Pero menos que antes, ¿eh? Sí. Menos. Pero en este momento tenemos en España 1381 seminaristas mayores diocesanos.
Incluso invitaría a echar un vistazo a algunas estadísticas sorprendentes para una institución cuasi difunta:
http://www.vicariadepastoral.org.mx/domund_5/hojas/2005_15.htm
No. No me gusta todo. Ni acepto todo sin más. Ni pienso que aquí lo único es decir amén. Pero las cosas son como son y las estadísticas muy tercas.
Que no se muere. Que no. Que con sus imperfecciones, sigue adelante. Y que está muy viva. Y a los anunciadores de su muerte decirles que no parece inminente.
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Luis Javier Moxó Soto
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