Por Carmen Pérez Rodríguez
Ese fue el Bautista, un hombre fiel a su misión, a su tarea. A Juan Bautista se le acercaba la gente porque sentían y presentían algo. Era una referencia en su tiempo, tenía discípulos que le seguían, algunos de ellos son los que después siguen a Jesús. Su vida ya era un testimonio, y también predicaba. Oyéndole cada uno sabía lo que tenía que hacer, sus palabras eran un verdadero juicio en el que cada uno se sentía implicado. Precisamente por esto las autoridades se inquietan, le mandan encarcelar y muere decapitado. Es una realidad muy gráfica lo que expresa la figura del Bautista, los que le escuchaban y a los que bautizaba, no se sentían movidos a ser copias de él, las copias de las personas no son buenas. Las gentes se convertían, se abrían a las exigencias de lo que tenía que ser la vida y condición de cada uno. Desde luego fue un hombre fiel a su tarea y a su misión: ser el Precursor, el Mensajero. Cada persona tenemos una significación única, y tenemos que vivir nuestra realidad viendo a través de todos los hechos y circunstancias cual es nuestra tarea. En su persona, en su actuación, en su predicación se ve cumplida la profecía de Isaías, entendida en sentido mesiánico: la voz que clama en el desierto anunciando la próxima llegada del Señor. El no es la luz, no es el Mesías, sino el que da testimonio de la luz.
El origen de la celebración de la noche de S. Juan, supone la asimilación de los viejos rituales paganos relacionados con el solsticio de verano, momento en el que el sol entra en el trópico de Cáncer, siendo así que seis meses después, la noche de 24 de diciembre, corresponde al solsticio de invierno, punto culminante del sol en Capricornio. La fiesta cristiana es la “natividad de S. Juan”. Es muy significativo que del Precursor, del Mensajero, se celebre “la natividad”, el día de su nacimiento, que no se celebra de ningún otro santo. Y su nacimiento se cuenta con todo detalle, como si la vocación a la que ha sido llamado necesitara todo ese marco.
La figura de S. Juan, insertada en la historia universal, se centra en su predicación y en su bautismo. En su tiempo su fama se extendió rápidamente, se acercaban a él de la región de Judea y todos los samaritanos. Les atraía este predicador y asceta que anunciaba la realidad de la historia humana como la historia de una promesa, y esta promesa era ya un hecho del que él solo era el precursor, el mensajero. Juan Bautista presentó a los hombres de su tiempo algo que es fundamental y constitutivo del ser humano: el juicio. Decía al comienzo que sus palabras eran un verdadero juicio en el que cada uno se sentía implicado con su responsabilidad personal. Hasta en eso es Precursor, Mensajero. Porque esta fue la conciencia de Jesucristo ser el Bien, ser el Camino, la Verdad y la Vida. ¿Quién es tan inconsecuente que no experimenta la importancia del juicio sobre la propia vida? La injusticia, la violencia, la mentira no pueden ser la última palabra. Sentir la propia conciencia, el sentirnos mirados, juzgados por Aquel que es nuestro Creador, nuestro Dios, nuestro Padre. Juan Bautista es el Precursor de Aquel que viene a hacer suyo el destino de cada uno de nosotros. Porque Jesucristo está detrás de cada uno de nosotros y todo lo que nos ocurre pasa por nosotros y llega a Jesucristo que le da su verdadero valor. Por eso el servicio que hacemos a un hombre se lo prestamos a El y esta acción confiere a nuestra obra un valor eterno, una recompensa. Pero también el mal que hacemos a un hombre se lo hacemos a Jesucristo, que nos impone una reparación eterna que será perdón o castigo, según lo requieran la verdad y la justicia. La voz de nuestra conciencia, el juicio, proclama que Jesucristo es la esencia de toda vida humana. El está detrás de cada destino humano para conferirles su valor eterno. Si esto no fuera así ¿qué merece la pena ser vivido? ¡Qué importante es el juicio sobre nosotros mismos a la luz de Jesucristo¡
La gran novedad de la misión de Juan es que anuncia la presencia inmediata del Mesías y es un testigo fiel. “Soy yo quien debe ser bautizado por ti ¿y vienes tú a mí?”, le dice a Jesús en el Jordán donde está predicando el bautismo de penitencia en remisión de los pecados. “Déjame hacer ahora, pues conviene que cumplamos toda justicia”. Cumplir toda justicia, es cumplir toda verdad. Todo será juzgado según las normas de la verdad y de la justicia; pero sobre todo, de la caridad para con el prójimo, que es la caridad para con Jesús; lo que somos y lo que tenemos, nuestra manera de tratar las cosas y nuestra fidelidad y honradez en el cumplimiento del deber cotidiano. Toda fiesta es una propuesta de vida a la que hay que “ponerle patitas”.
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis