Por Carmen Pérez Rodríguez
Es un amigo, toledano, pero toledano de los de verdad, el que lanza esta exclamación: ¡no más esa escalera¡ Y su exclamación ha sido promovida por lo que el mismo nos cuenta, lo ha mandado a varios periódicos y a mi me lo ha dado para que lo comente con Vds. Voy a transcribirlo literalmente: Semana grande del Corpus en Toledo. Día esplendoroso como corresponde a dicha conmemoración. Calles adornadas con tapices antiquísimos, oliendo a campo sano y limpio por donde ha de pasar, bajo un inmenso palio, el Santísimo. Balcones adornados con las mejores galas de cada casa. Alegría y respeto de todos los habitantes. Autoridades revestidas de sus mejores galas. Militares rindiendo honores al Señor Sacramentado. Llega la incomparable custodia de Arfe a Zocodover centro neurálgico de la ciudad más imperial que pudiera existir. Sacerdotes, seminaristas, niños de primera comunión, Cofradías, Hermandades, vamos, todo el cortejo procesional que no voy a enumerar por no alargarme, con sus mejores ropajes. El Señor Cardenal, después de su apostólica homilía se dispone a dar la Bendición a los asistentes. Para ello se necesita recoger el viril de la Custodia donde se aloja el Cuerpo de Cristo. Y en medio de tanta belleza y solemnidad aparece una escalera de aluminio para que un sacerdote pueda acceder a la Sagrada Forma, al Señor Sacramentado. A quien corresponda: por favor, hagan una escalinata con unos pasamanos con cierta riqueza y con sus escalones cubiertos con alfombras dignas que le de mayor realce y prestancia pues el momento lo requiere y no vuelvan a castigarnos con la visión de esa escalera metálica de andar por casa”.
Mi amigo reclama la belleza y esplendor que hay en Toledo para esa escalera que se necesita para acceder a la custodia grande, al gran trono en el que se pasea por la calles. Son dos momentos en los que se necesita la escalera, uno previo, y otro posterior, a la bendición que se recibe con fervor, devoción y adoración en la Plaza de Zocodover. Es conocido que en el centro de la gran custodia de Arce esta una custodia más pequeña, la que se toma para dar la bendición. Mi amigo, Santiago, para darle mayor realce ha dicho, si se han fijado, “escalinata”, quiere resaltar la importancia del momento. Lo curioso es que comentándolo, tanto él como yo, con más personas, han sentido lo mismo y también quieren que se cuide ese momento, su expresión ¡no más esa escalera¡ es muy gráfica. Me ha hecho pensar y gozar mucho la llamada de atención de mi amigo sobre la escalera metálica de andar por casa. Y he estado estos días dándole vueltas a las respuestas de los hombres ante el misterio de Dios que así se revela. La necesidad que hay en el naturaleza humana de expresar y manifestar con sus obras su fe, su agradecimiento. Las celebraciones son correspondencia del hombre a los hechos y acontecimientos que Dios ha querido darnos.
Es cierto, la solemnidad del Corpus Christi en Toledo es de una belleza única. Todo está cuidado y es una verdadera exaltación del misterio de la Eucaristía, de esa presencia excepcional, única, continua del Señor entre nosotros. Lo que comentábamos en la semana del Corpus: celebramos de manera solemne lo que vivimos a diario y de manera sencilla, la presencia real del Señor. A mi me conmueve, y me hace pensar la belleza con la que los hombres de todas las épocas han querido expresar sus sentimientos ante el misterio de esa presencia del Señor entre nosotros. Hoy pienso en la correspondencia de gratitud por parte del hombre ante este hecho de la institución de la Eucaristía por Jesucristo. Este agradecimiento solo ha sido posible en el ámbito de la libertad humana, de la naturaleza humana creada por Dios a su imagen y semejanza. El auténtico rogar y dar, el auténtico recibir y agradecer es belleza. Es humano lo que vivimos en su más hondo y profundo sentido. Al misterio de Dios, de Dios que así se acerca al hombre, corresponden los sentimientos de belleza, de bien, de verdad. La belleza, el bien, la verdad en sus manifestaciones concretas son expresión, prueba tangible de la existencia de un Creador, de un Padre, de un Redentor. El Corpus es una ocasión de dar gozo y sentirlo, de crear belleza y disfrutarla, de iluminar la vida. Sentía en Toledo estos días, que todo lo que hay de hermoso, grande, bueno se corresponde con nuestros anhelos y son respuestas de los hombres a Aquél que así ha amado al hombre y que así permanece con él. Ya la grandiosidad de la Catedral Primada desde la salida de la procesión hasta la llegada habla por si sola. Y todas las calles, los miles de detalles, los miles de adornos. Las personas celebrándolo. ¡Que corazón tan empobrecido y cerrado hay que tener para no abrirse a esta realidad¡ La apoteosis de la entrada en la catedral después de todo el recorrido es para vivirlo. Díos es quien ha querido que el hombre posea esta capacidad inmensa. No la prostituyamos.
Le doy las gracias a mi amigo Santiago, porque yo también tengo que quitar “muchas escaleras” que estorban en el Corpus y en la vida diaria, y no se corresponden con lo que son las celebraciones ni siquiera la vida cotidiana. Y abrirme a tanta belleza de la naturaleza, y a tanta obra de arte, a todo lo que se puede reconocer en la realidad, y también en las respuestas de muchas personas ante las más diversas y duras situaciones.
Martes, 29 de mayo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis