En cristiano

Una necesidad que es un privilegio

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Por Carmen Pérez Rodríguez
Pues sí, una necesidad que es un privilegio y un privilegio que es una necesidad. Esta necesidad o este privilegio, según como lo miremos, solamente es propio de los seres humanos, pero no parece que seamos muy conscientes de ello. Ni como necesidad de nuestra vida, ni como privilegio enorme del que somos capaces, y en el que únicamente encontramos toda nuestra realidad, nuestra humanidad, y por lo que podemos reconocer el sentido de lo que nos acontece. Me refiero a la oración. La oración como sencilla mirada hacia el cielo, grito de reconocimiento, de amor, tanto desde lo cotidiano como desde el sufrimiento o la alegría. Ver el mundo con los ojos de Dios. Decir con toda la fuerza de nuestra vida y en las situaciones concretas: no permitas que nada me separe de Ti, Dios del amor, de la bondad, de la justicia, de la misericordia. Nada, ni el dinero, ni el poder, ni el dolor, ni siquiera el “deber”, pues entonces el deber sería un disfraz. Una de las definiciones más prácticas sobre la oración la dio Teresa de Jesús: tratar de amistad estando a solas con Quien sabemos nos ama. Ya dijo Aristóteles en la Ética a Nicómaco que la amistad es la cosa más necesaria de la vida. Nadie escogería vivir sin amigos aunque tuviese todos los bienes restantes. Por eso podemos comprender la oración con este marco de Aristóteles en el que nos hace sentir que la amistad es la cosa más necesaria de la vida, y que nadie escogería vivir sin amigos aunque tuviese todos los bienes restantes, y la experiencia de Teresa de Jesús: oración es tratar de amistad estando a solas con Quien sabemos nos ama. El cristianismo es el encuentro de amistad del hombre con Jesucristo, y en El con todos los demás. Sí, la oración es un privilegio que es una necesidad, y una necesidad que es un privilegio. Con este planteamiento a través de la oración nos sentimos unidas a toda la humanidad. Decía Edtih Stein, la gran fenomenóloga, la mejor discípula de Husserl, que se convirtió y se hizo carmelita descalza que la oración es una experiencia de amor que nos hace sentirnos a nosotros mismos en nuestra verdad y hacer nuestras las alegrías y las penas, los gozos y esperanzas de todos. Esa fue su vocación, como seguidora de Teresa de Avila, estar unida a las realidades del mundo por su trato de amistad con Dios.
Una anécdota muy gráfica. Un hombre había pintado varios cuadros, y entre ellos uno que para él era el que iba a centrar toda la exposición que pensaba hacer. El día de la inauguración asistieron, como siempre pasa, varias autoridades locales, fotógrafos, periodistas y mucha gente, pues era un pintor famoso y reconocido artista. El cuadro que decimos centraba la exposición estaba cubierto con un damasco. En el momento de darse por iniciada la exposición, el pintor quitó el damasco y al verlo hubo un caluroso y admirado aplauso. Era una impresionante figura de Jesucristo tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Tenía el oído junto a la puerta, parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía. Todos recorrían con sus ojos llenos de estupor la preciosa obra de arte. Un observador encontró algo extraño, algo que le pareció un fallo, o un olvido importante: la puerta no tenía cerradura. Fue a preguntarle al artista. Perdone, la puerta no tiene cerradura, ¿cómo se puede llamar a una puerta que no tiene cerradura? ¿Cómo se hace para abrirla y para entrar? El pintor le respondió con un versículo del Apocalipsis: He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo. Así es. Esta es la puerta del corazón del hombre. Sólo se abre por dentro.
Sólo se abre por dentro. Lo de siempre en el hombre en su relación con Dios, de adentro hacia fuera. El trato de amistad con Dios cambia a los hombres, y después ellos cambian su ambiente. No hay oración sin trato personal con Dios, trato de amistad, y la amistad requiere confianza y la confianza integridad. La oración puede cambiar nuestra respuesta ante esa dificultad por la que estamos pasando, esa injusticia que padecemos. La oración puede transformar ese billete que parece tan grande cuando lo damos a la Iglesia y tan pequeño cuando se va de compras. Ese rato de la Eucaristía que parece tan largo y aburrido y en cambio tan corto, cuando estamos viendo un programa que nos gusta. Cambia eso de que no se sabe que decirle al Señor, y por contraste no paramos de comentar y criticar. Nos resulta difícil leer la Biblia y nos tragamos las novelas más inverosímiles y sectarias. No nos dejamos invadir por el Evangelio y nos dejamos invadir por cualquier noticia, periódico, onda de la radio, canal de la TV. ¿Cuánto hemos saboreado el Padre nuestro, la oración por excelencia, la oración que puede rezar el mundo entero y que nos cambiaría uno a uno? Padre nuestro_ una necesidad y un privilegio.


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