En cristiano

AFLIGIDOS, una advocación muy extendida

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(Desde El Cañamelar, José Ángel Crespo Flor).- Cristo de los Afligidos, Consuelo de los Afligidos, Madre de los Afligidos, tres invocaciones que tienen un mismo nexo de unión: AFLIGIDOS. Quiero detenerme un poco en esta consideración por aquello de potenciar todo lo que conlleva una palabra que en El Cañamelar lo es todo pues no debemos olvidar que el Señor y patrono del barrio es el Stmo. Cristo de los Afligidos, obra de Carmelo Vicent Suria (artista de la pedanía valenciana de Carpesa) que lo talló antes del 43, fecha de su bendición y que se encuentra para su veneración pública en la Capilla de la Comunión de la parroquia Nuestra Señora del Rosario (Cañamelar - Valencia).
AFLIGIDOS, una advocación muy común entre la persona humana y que encierra toda una realidad porque ¿quien de los que están leyendo ahora mismo esta nota no ha tenido a lo, largo de su vida, un momento de aflicción?. Es, por lo tanto, una nominación muy común, muy de hoy y, lo mas importante, muy de siempre. Lean pues lo que sigue e incorporen estas advocaciones al rezo diario del Santo Rosario, una práctica de piedad que, por su importancia, pretendo relanzar desde este blog y unirme así a lo que los diferentes papas han realizado.
Estoy convencido que les hará mucho bien.

¡Salve, Madre de los Afligidos!
Artículo de la contraportada del programa de Cultos en Honor de Nuestra Señora y Madre de los Afligidos, 2006, parroquia matriz de Ntra. Sra. de la Concepción de Los Realejos.

La itenerancia evangélica hace posible que el "peregrino" franciscano vuelva al viejo Drago para descansar y recobrar fuerzas en medio de tanta aflicción. para recobrar la paz de Dios cuya consecuencia más inmediata es que la propia vida está perfectamente organizada. Sólo desde esa quietud del alma el peregrino" se Vuelve y se deja mirar por el rostro glorioso de la Madre de Dios, "enjoyada con oro de Ofir” revestida de toda la riqueza Seráfica de la paz, Señora, nuestra de los Afligidos. El "peregrino" pregunta: ¿qué dicha traéis a este secular lugar Franciscano?. Y María mirando a todos y cada uno de los "realejeros" responde:

Traigo la FE. Para que no os sintáis solos. Yo también..., en Nazareth, tuve vértigo, temor... Pero la FE que Dios me concedió fue más grande que las incertidumbres que salieron a mi mente. Si te das cuenta, y miras hay miles de huellas agradecidas porque, la fe, es fuerza y seguridad en el caminar. En lo invisible está lo que mueve montañas: la fe.

Traigo la ESPERANZA. Yo creí y veo que el mundo, cree y no cree, espera y no espera, confía pero no se lía totalmente en su futuro. La ESPERANZA es algo que necesitáis los hombres para no quedaros tristes ni conformes con la situación que os rodea. Quien se asome, Dios, le ofrece un horizonte lleno de posibilidades.

Traigo la CARIDAD. Siempre es mejor dar que recibir. Yo. Por Dios, lo ofrecí todo. Si observas, el hacer el bien, es pasaporte pata la vida eterna.

Traigo la ALEGRÍA. Las caras tristes son una tónica dominante en la tierra. ¿Por qué si tenéis tanto sufrís por lo que no tenéis? Dios, os ayudará a ser felices con lo más insignificante. Uno, cuando da. va por el inundo con rostro nuevo.

Traigo la CRUZ. Este trono de madera es prueba que llama en forma de enfermedad a la puerta de la salud de muchos de mis hijos. Pero os digo que, Dios, no da si no aquello que sabe que podemos soportar.
¡Aún recuerdo el gran madero de mi hijo Jesús!. Mi vida está llena de muchos trozos aportados por los sufrimientos y decepciones de los hombres.

Traigo el AMOR. Ya ves, no hay forma de contener su esencia. "Dios es amor" dice el que me acogió al pie de la cruz. Y es verdad. Si te asomas, podrás comprobar que, el amor, es más grande cuanto más nos acercamos a Dios. Te lo digo por experiencia. Hay muchos hombres que se empeñan en vaciar, pero cuanto más lo intentan, más y más se llena. Es el milagro de Dios: el amor que nace y nunca se cansa de nacer.

Traigo la ORACIÓN. Es el gran regalo que Dios puso desde el principio en mi historia y en mi vida. Sin ella, aún siendo Madre de Jesús, no hubiera comprendido ni me hubiera lanzado en todo lo que Dios había pensado realizar conmigo.
La oración contiene el vigor y la intimidad con Dios. Asomarse a la oración posibilita la confianza, la paz, la seguridad y la respuesta certera por parte del Señor. Os garantizo, con la oración, seréis fuertes y llegaréis al final.
Y el "peregrino" se sobrecoge ante tanta hermosura, cae cíe rodillas, sus sandalias se hunden en la madre tierra, y ante el hermano calor exclama con el "Saludo" del Seráfico Padre San Francisco, a la Bienaventurada Virgen María:

¡Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María,
Virgen convertida en templo,
y elegida por el Santísimo Padre del cielo,
consagrada por El con su Santísimo Hijo amado
y el Espíritu Santo Paradito;
que tuvo y tiene toda la plenitud de la gracia y todo el bien!
¡Salve, palacio de Dios!
¡Salve, tabernáculo de Dios!
¡Salve, casa de Dios!
¡Salve, vestidura de Dios!
¡Salve, esclava de Dios!
¡Salve, Madre de Dios!

Y el "peregrino" con los ojos cargados de lágrimas ve que se aleja del lugar Franciscano la "hermosura de la Gracia- y con gozo grita:

¡Salve, madre de los afligidos!

Fr. Francisco M. González Ferrera.
Franciscano (Superior del Convento de San Miguel de las VictoriasRector del Real Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna).

Nuestra Señora Consuelo de los Afligidos

Patrona del pequeñísimo Gran Ducado de Luxemburgo, cuya población ha sido tradicionalmente modelo de fidelidad a María Santísima (por Valdis Grinsteins)

Cuando leemos historias de antiguas devociones a la Virgen María, muchas veces nos deparamos con la dificultad de entender la importancia de los acontecimientos que les dieron origen, debido al gran cambio que se verificó en nuestro estilo de vida con relación al de nuestros antepasados.

Así, por ejemplo, nos puede parecer exagerado el temor de los antiguos con relación a la sequía. Esto porque olvidamos que en aquellas remotas épocas no había la moderna técnica agrícola, los procesos de conservación y almacenamiento de alimentos y las facilidades de transporte de nuestros días. Un estiaje podía ser sinónimo no sólo de hambre, sino de muerte y de ruina definitiva en una región.

Recordemos que antiguamente las personas no emigraban con la facilidad sicológica con que lo hacen hoy. Los viajes eran difíciles, y tener que dejar una familia estable, una tradición y un modo orgánico de vivir, constituía una dilaceración. En nuestros días de globalización creciente y con familias lamentablemente diminutas, se pierden las tradiciones y se vive casi del mismo modo en Lima como en Tokio.

Para nosotros es también difícil entender el terror producido por una peste en el pasado. Hoy, que vivimos en el siglo de la medicina —con rayos láser, antibióticos, operaciones espectaculares, reimplantes de órganos, etc.—, una peste que mate a la mitad, a un tercio o incluso a un porcentaje significativo de la población nos parece algo absolutamente impensable.

Sin embargo, para nuestros antepasados la palabra peste era sinónimo de tragedia. Eran ciudades enteras que comenzaban a contar sus muertos día tras día. El ambiente de las localidades permanecían lúgubres, la epidemia avanzaba, los alimentos faltaban, las aguas se contaminaban, etc. Apenas para ilustrar ese drama, basta decir que durante la peste negra de 1348 la ciudad de París perdió a la mitad de sus cien mil habitantes. Diariamente morían cerca de 800 personas.

Del sufrimiento, nace una bella devoción

El simpático Gran Ducado de Luxemburgo es uno de los menores Estados de Europa, enclavado entre Alemania, Francia y Bélgica, una región que fue teatro de numerosos conflictos religiosos entre católicos y protestantes. Fue precisamente para defender la fe y evitar el contagio del protestantismo que los padres jesuitas fundaron un colegio en la ciudad de Luxemburgo, capital del Gran Ducado, en 1581.

Catedral de Luxemburgo, Santuario de Nuestra Señora Consolatrix Afflictorum

Uno de esos padres, Jacques Brocquart, tuvo la feliz idea de crear un oratorio fuera de la ciudad para una imagen de la Santísima Virgen, pues la devoción a María es la mejor defensa católica. Ese oratorio, que al principio era apenas una pequeña capilla, fue edificado a partir de 1625 en un lugar llamado Glacis, y quedaba anexo a la iglesia de San Miguel, sede de la Cofradía del Rosario, bajo la custodia de los padres dominicos.

Pero en 1626 se desató en aquel lugar una terrible peste. Las víctimas aumentaban día a día, y entre los enfermos pronto se contó al propio padre Brocquart. Percibiendo que le quedaba poco tiempo de vida, le hizo una promesa a Nuestra Señora: si lo curaba, iría descalzo hasta la capilla y le ofrecería un cirio de dos libras de peso. Hecha la promesa, el sacerdote jesuita quedó inmediata y milagrosamente curado.
Se dedicó entonces, con todo entusiasmo, a terminar la capilla —lo que se realizó en agosto de 1627—, y en ella entronizó una imagen de madera de la Santísima Virgen bajo la invocación de Consuelo de los Afligidos.

Las personas comenzaron a acudir a esa capilla, a pesar de encontrarse apartada de la ciudad, pidiendo a la Madre de Dios que las protegiese, así como a sus familias. A partir de aquel año la devoción se difundió rápidamente.

La peste terminó y la capilla fue solemnemente consagrada en 1628, fijándose en un nicho la inscripción “María, Madre de Jesús, Consuelo de los Afligidos”, que perdura hasta hoy.

La fidelidad del pueblo de Luxemburgo es premiada

Si tal peste y la protección de Nuestra Señora hubiesen ocurrido en la actualidad, ¿cuál sería la reacción de nuestros contemporáneos? Probablemente presenciaríamos algo triste y desolador. Las personas recurrirían a la Madre de Dios y agradecerían las gracias concedidas.
Pero, pasado el peligro, se olvidarían de la bondad maternal de la Señora de la Consolación que socorrió a los afligidos, hasta que un nuevo peligro les recordara la existencia del santuario.

Ésa es una concepción utilitaria que actualmente se tiene de la Santísima Virgen. ¿Acaso Ella es nuestra Madre apenas cuando tenemos problemas? ¿No nos ayuda y protege siempre? Si apelamos a Nuestra Señora sólo cuando enfrentamos problemas y después nos olvidamos de Ella, seremos como el hijo ingrato: agradece a la madre cuando ésta le da comida, y luego desaparece de la casa... hasta que el hambre lo mortifique de nuevo. ¿Cómo calificar a tal hijo?

No obstante, ésa no fue la actitud del buen pueblo católico de Luxemburgo. Al contrario, la afluencia de peregrinos no dejó de crecer, incluso pasada la peste. La Virgen María premió esa fidelidad por medio de numerosos milagros.

Acuérdate, Madre Virgen,
Que allá en la niñez tranquila
Por ti la clara pupila
Con mis lágrimas nublé;
Que hubo un día en que, escuchando
La historia de tus pesares,
Delante de tus altares
Acongojado lloré.

(José Zorrilla y Moral, 1817-93)

Así, entre 1639 y 1648 —una década después de la consagración de la capilla— se operaron curaciones sorprendentes. La más célebre fue la de Jeanne Godius, hija de un importante funcionario de la época, procurador general del Rey de España, Felipe IV, que luego de permanecer en cama durante diez años, se levantó milagrosamente curada. En esa ocasión, la imagen fue trasladada a la iglesia de los jesuitas, donde recibió durante ocho días la veneración de los fieles.
Las autoridades eclesiásticas estudiaron tales milagros y, después de una meticulosa investigación, concluyeron por la veracidad de ellos. El flujo de peregrinos aumentó aún más.

En 1666, durante una guerra con Francia, las tropas del Rey Luis XIV amenazaron conquistar la ciudad. Las autoridades del pequeño Luxemburgo recurrieron a Nuestra Señora Consuelo de los Afligidos, como en otras ocasiones de peligro, y de inmediato fueron atendidas.
Debido a este hecho, la imagen fue declarada patrona de la ciudad y las fiestas en su honra duraron ocho días, dando origen a la octava, que se repite anualmente.

Una vez más los habitantes permanecieron fieles a la Santísima Virgen y no la olvidaron. En 1678 fue declarada patrona de todo el Gran Ducado de Luxemburgo, siendo introducidas réplicas de la imagen en casi todas las iglesias del país.

El actual santuario de Nuestra Señora Consolatrix Afflictorum es la catedral

Pasaron los años. Las guerras y sus secuelas azotaron también al Gran Ducado, pero no consiguieron extinguir la devoción popular a la Virgen Consuelo de los Afligidos, cuyo santuario es hoy el más venerado del país. Basta pensar que, en un Estado con una población de aproximadamente 420 mil habitantes, él recibe más de cien mil peregrinos al año.

La capillita original fue destruida por la furia anticatólica durante la Revolución Francesa. Fue entonces construida una nueva, en otro lugar, dentro de la ciudad. Tal capilla es apenas un recuerdo, porque la imagen fue llevada posteriormente a la iglesia de los jesuitas, actual Santuario de Nuestra Señora Consolatrix Afflictorum. Hoy, ese templo es la catedral de Luxemburgo.

Prácticamente todas las conmemoraciones del país se realizan en el Santuario. Una de las más importantes fue la celebración del retorno de trece mil prisioneros después de la Segunda Guerra Mundial. El pueblo se mantuvo fiel a esa devoción mariana, y Ella lo protege hasta hoy.

Sea tal devoción un ejemplo para nosotros. Invoquemos a la Santísima Virgen en todo momento, confiémosle todas nuestras dificultades y recemos siempre, especialmente en estos días de confusión y de pecado.
Nuestra Señora nunca nos abandonará. No seamos hijos ingratos, sino que imitemos la fidelidad de los devotos luxemburgueses, particularmente en los momentos de desgracia.


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