En cristiano

Una línea recta y una línea oblícua

29.05.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Por Carmen Pérez Rodríguez
Decía Demócrito que la naturaleza ha dado a nuestro espíritu una sed insaciable de verdad. Esta reflexión sobre una línea recta y una línea oblicua es consecuencia de realidades muy concretas que podemos vivir en nuestra vida, sin olvidar lo que decía Demócrito. Pero no pensemos en la paja en el ojo ajeno sino en la viga que podemos llevar en el nuestro, en lo que es realmente nuestra actitud en la vida y ante las diversas situaciones, sean las más sencillas o lo más difíciles. La línea recto o la línea oblicua de nuestra vida. Alguna persona, de las que hablábamos sobre esto, indicó que mejor que línea oblicua sería decir línea tortuosa, tenebrosa. Su propuesta era línea clara y línea tortuosa. En nuestra situación actual la veracidad está profundamente atacada, dañada, violentada, se la ve llena de perjuicios y prejuicios. Hay una oposición fuerte entre la veracidad y la astucia. La veracidad como amor a la verdad, y el anhelo de que se reconozca y acepte la verdad como la base para la grandeza y dignidad de la persona. La veracidad como línea clara, abierta frente a la astucia, como línea oblicua, tortuosa. La astucia como ese medio hábil y mañosamente empleado para el logro del intento que se pretende y a costa de lo que sea. Pero, la astucia, por muy astuta y sagaz que sea, sólo sustituye un malestar por otro, nada tiene que ver con lo que en la vida humana es la verdad. Sin veracidad no es posible la vida en común. Pobre persona, familia, comunidad, trabajo, empresa, en la que predomina lo oblicuo y no lo recto, la astucia y no la verdad. Así no es posible ninguna relación auténtica, ningún progreso serio. No es posible la paz, ni la serenidad. Impera la violencia, el reproche, la agresividad, la tensión. Se ha dicho que la astucia, que es parte del ingenio, se usa muchas veces para suplir la escasez de éste. ¡Cuantas veces uno pretende ocultar un error, un fallo, un defecto personal con astucia, conseguir algo con no buenas artes , y esto precisamente lleva a que los demás descubran esta astucia y solo se fijen ya en ella, precisamente en la astucia. Los astutos pueden vencer en el primer momento pero suelen ser vencidos tarde o temprano, Desde luego se destruyen a si mismos. La astucia se sirve de lo que sea y de los que sean, y no percibe el valor inherente a la realidad, a la dignidad. No respeta. El astuto se comporta como si todo fuera un medio para lograr su interés o beneficio para salir de la situación en la que está. El astuto considera que todo el mundo es como un instrumento para sus propios fines, para ponerlo todo a su servicio.
En cambio, la persona veraz comprende, siente la exigencia de conformarse con la verdad en todas sus afirmaciones y actuaciones, no se engaña a si misma, ni a nadie. Cala profundamente en el valor y la necesidad de la verdad. Se esfuerza y trabaja en las exigencias de los valores concretos: honradez, lealtad, justicia, respeto, fidelidad, bondad, por encima de cualquier egoísmo o comodidad. La grandeza que nace de la verdad no se desmorona nunca. La persona veraz aborrece en primer lugar el autoengaño. Se da cuenta de todo el sentido negativo que hay en la evasión de la verdad, en la huida cobarde de sus exigencias. No está dispuesta a aparentar, a triunfar aplastando lo que sea, a adornar de manera artificial sus limitaciones y complejos. Es verdad que esta veracidad necesita de una seguridad interior frente a las diversas situaciones vitales. Está lejos de ejercer la violencia de la manera que sea. Porque los que ejercen la violencia, la astucia, no tienen derecho a exigir la verdad y, en el fondo saben, que no la pueden esperar. La persona veraz, a pesar de sus limitaciones y defectos, dice y actúa de manera consecuente con su veracidad. La verdad no se dice en el espacio vacío; no se puede hablar así de verdad, sino que se dice hacia otro. Romano Guardini, que hace un análisis de lo más práctico sobre la veracidad, dice que para que la verdad se haga viviente debe añadirse el amor. No puede manejarse como estaca. En la lealtad a la verdad se apoyan todas las relaciones de los hombres entre sí, la vida entera. Nuestra vida no puede ser ir de un ocultamiento a otro. Toda mentira destruye a la persona y a la comunidad.
¿Y si no soy veraz ante mi mismo? ¿Y si me engaño a mi mismo? ¿Y si me finjo algo? ¿Y no es lo que hacemos continuamente, una vez y otra? El hombre para quien siempre tienen la culpa los demás ¿no pasa de largo constantemente ante su propia culpa? El que no es veraz, el que lleva a cabo su voluntad vive en fatal engaño sobre su propia tontería, presunción, estrechez de corazón, su violencia, y sobre los prejuicios que produce. La veracidad es nuestra fuerza interior, y la paz de la conciencia Cuando nos despertamos volvemos a encontrarnos con nuestra veracidad o con nuestra astucia.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Sábado, 29 de noviembre

    BUSCAR

    Editado por

    Síguenos

    Hemeroteca

    Noviembre 2014
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
         12
    3456789
    10111213141516
    17181920212223
    24252627282930

    Sindicación