En cristiano

Mayo ....

11.05.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez RodríguezHay un día que los catalanes celebran mucho y es el día de S. Jorge, el día del libro y de la rosa. Este año me lo hacía sentir mi amiga Mª Clara, una catalana que vive en Tarrasa. Le gusta el regalo del libro y de la rosa, salir con su marido ese día en plan de paseo. Me quedé con muy buen sabor aquel día de mi conversación con Mª Clara. Ella es muy sensible y siente mucho todo lo realmente humano, sabe darle valor e importancia a las cosas que las tienen. Ella y su marido saben reconocer muy bien la realidad, y saben verla y gozarla. ¡Que regalo y don encontrarse con personas así¡ El día de S. Jordi me ha hecho pensar que son ricos y bonitos los “ritos” humanos, vivimos de ritos en sentido positivo, como dice Saint-Exupery. Pues el mes de Mayo tiene mucho de “rito”. Pienso en mayo como algo vivo. Muy lleno de fiestas. Y empieza con el “día de la madre”. Ahora que ya ha pasado, le quitamos todo lo que tiene de comercial, y nos quedamos con el sentido positivo que tiene; con el sentido de una especie de rito en el sentido vivo de la palabra, que quiere expresar una realidad viviente. Los hombres lo necesitamos. Claro que todos los días son “días de la madre”. La “madre” nunca hace vacaciones de madre. No tiene sentido. Pero eso no excluye para nada “el día de la madre”. Es como todo, depende de cómo se viva. Para los católicos hay muchas fiestas, y celebraciones en mayo. Claro, se está todavía en lo que llamamos “el tiempo litúrgico pascual”. La misma liturgia de los domingos es un estallido de vida, luz, misericordia, redención. Y el mes entero es el mes de María. Los mayores, seguro que estamos tarareando: venid y vamos todos con flores a María, con flores a María que Madre nuestra es. Bueno, con flores a María y flores a “porfía”, con emulación sana, porque Madre nuestra es. Mayo…Hay muchos refranes sobre mayo. Me quedo con la expresión de mes de María y mes de las flores.
El puesto de María en el sentir, pensar y vivir de la Iglesia es fundamental. La piedad católica está empapada de elementos marianos. Y piedad en el sentido profundo de lo que significa la palabra piedad: la amorosa actitud del corazón, de la mente, de las palabras, de todo lo que es el hombre y que le lleva a expresar el amor. Como valor humano, como virtud humana es la expresión de cariño filial, de respeto entre hijos y padres. S. Agustín, el hombre de la interioridad, y profundamente existencial dice que piedad es respeto amoroso; el mayor regalo que se nos puede conceder para expresar nuestra relación de hijos con los padres, con los hermanos, con todos. La piedad expresa el dulce atractivo que nos lleva a Dios, nos hace sentirnos hijos, hermanos. Y católica su universalidad.
La relación de María con la persona y la obra de su Hijo nos expresa la relación nueva entre los seres humanos y de los seres humanos con Dios. Von Balthasar nos dice que quien quiera escuchar, observar, sentir, vivir el Evangelio tiene que tomar las escenas en que aparece María tan en serio como todo lo demás. Todas las piedras del mosaico van juntas y se iluminan con la imagen de María. La respuesta de María es el ejemplo de la respuesta cristiana: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Es la expresión plena de la fe de Abraham, de todo Israel, y de la Iglesia naciente, ya, en esa expresión. Por supuesto que la veneración, la piedad en nuestra relación con María no se confunde con la adoración, piedad, y culto que se tributa sólo a Dios. María, en su virginidad y maternidad, indisolublemente unidas, expresan la unión con Cristo de toda la Iglesia. La relación de María con Jesús está claramente expresada en las bodas de Caná: haced lo que El os diga. Porque Dios lo ha querido así María es necesaria en la piedad de la Iglesia, esta piedad es auténtica si nos lleva a la correcta comprensión de lo que llamamos el credo, la fe. Las fiestas María, las oraciones marianas más usadas nos llevan siempre a la cercanía concreta con el Señor, al encuentro con El, al misterio entero de la redención. Pensemos sencillamente en la primera fiesta con la que los católicos empezamos el año: Santa María, Madre de Dios. La relación de María con Jesús está expresada en los misterios del Rosario que no voy a enumerar. Y también lo expresan esas oraciones que tendrían ser cotidianas, diarias para el hombre de fe y esperanza: el ángelus, o en Pascua, el Regina caeli laetare. Esta piedad, esta forma filial de relación con la Madre, lleva a la imitación de su Sí, a su actitud valerosa en las dificultades que ya le anuncia Simeón en la Presentación de su Hijo en el templo. A su sencilla y diaria vida de familia. La humildad de María es la que estalla en el Magnificat. El cuño mariano de la Iglesia es una realidad. La Iglesia es nuestra Madre y esta maternidad se hace clara y visible en el hecho y la manera de ser María la madre de Jesús. Mayo… el mes de la Madre, de las madres. ¡Que excepcionalmente humano y divino es el cristianismo, María, la Madre por excelencia.


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