En cristiano

Lo que tengo te doy

07.05.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez
Todos tenemos nuestros rincones favoritos, nuestra música, nuestras lecturas, nuestras formas de descansar, nuestras referencias…Hay expresiones que hemos leído y nos gusta saborearlas. Pues una de estas expresiones que me gustan de una manera especial, es la que aparece en los Hechos de los Apóstoles: lo que tengo te doy. También en esta misma línea me gusta lo que dijo Pedro en casa de Cornelio: “la cosa empezó en Galilea”. O cuando Pedro pregunta: ¿Señor, y este, qué? Pero, ahora estamos con: lo que tengo te doy. La descripción, la manera de decirlo es manifestación de la sencillez y grandeza de la fe.” Mira nuestro aspecto. No tengo plata, ni oro, pero lo que tengo, te doy. En nombre de Jesucristo, el Nazareno, ponte andar”. Aparece como digo en el libro de los Hechos de los Apóstoles. El nombre es ya de lo más gráfico: hechos. Lo tendría que leer “por obligación” todo cristiano. Con el “por obligación” quiero decir que el leerlo fuera consecuencia de una exigencia personal, de una necesidad, de nuestro amor y de nuestra fe, de conocer los primeros pasos de la difusión del cristianismo. En lo Hechos se narra de manera viva y detallada parte de la vida de la primitiva iglesia, desde la Ascensión y Pentecostés hasta la llegada de S. Pablo a Roma en torno al año 61. En las primeras páginas se nos relata el primer milagro apostólico. Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora nona. Había un hombre, tullido desde su nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada Hermosa para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo. Este, al ver a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, se la pidió. Pedro fijó en él la mirada juntamente con Juan, y le dijo: «Míranos.» El les miraba con fijeza esperando recibir algo de ellos. Pedro le dijo: No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te doy: En nombre de Jesucristo, el Nazareno, ponte a andar. Desde el primero momento el cristianismo se caracteriza por el anuncio de Jesús de Nazaret como Señor y Salvador de los hombres. Pedro da lo que tiene, su fe, ya inquebrantable en Jesucristo, Señor y Salvador de los hombres. Las respuestas de estos hombres, ahora llenos de fe y confianza en Jesucristo, son completamente distintas a lo que se nos narran en el Evangelio. Han cambiado, viven de la fuerza del Espíritu de Jesucristo, saben en que dirección caminan, saben lo importante que son las respuestas que cada uno de ellos da en la vida.
Incluso desde el punto de vista meramente natural y terreno, Viktor Frankl dice que lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida, ya que en realidad no importa que no esperemos nada de ella, porque es ella quien espera algo de nosotros, y esta respuesta no tiene que estar hecha solo de palabras y reflexión, sino de una acción coherente basada en el compromiso con el otro, en el bien común. Esto es la raíz de la vida humana: vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo. Sólo yo puedo asumir algo que es lo que me constituye en persona, y es esa capacidad, que nadie nos puede arrebatar, de elegir las actitudes, por difíciles, dolorosas y complejas que sean las circunstancias. No se puede vivir esperando que la “vida nos de”. Somos nosotros los que tenemos que dar. En nuestra vida concreta hay lo que cada uno pone en este problema precisamente, en esta dificultad que parece nos supera, en esta alegría que nos invade, en este dolor que nos sacude, en esta situación con estas personas que realmente nos quieren mal…No lo tuvieron más fácil los primeros que siguieron a Cristo. Sabemos perfectamente que para dar algo primero es necesario poseerlo. Lo que tengo te doy. Ese algo debe ser nuestro. Tanto en el aspecto material como en los bienes no materiales. ¿Cómo voy a dar fe, esperanza, alegría, comprensión, paz, amor si yo no lo vivo, si no lo experimento?
Somos nosotros quienes decidimos en cada momento lo que va a ser nuestra vida. En nuestra vida hay lo que nosotros ponemos, las respuestas que hemos ido dando. ¿Qué respuestas damos y por qué damos esas respuestas. Nadie puede decidir por nosotros. ¿Respondemos ante las situaciones con fe, con esperanza, con amor, con paz? Esta experiencia profundísima de Viktor Frankl me la repito mucho: El yo de hoy, que es libre de elegir el yo de mañana, es al mismo tiempo el yo responsable del yo que lo eligió ayer. Lo que tengo te doy, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, ponte andar. Vivir asumiendo que lo que tenemos es lo que hemos hecho nuestro libremente. Por eso lo peor que nos puede pasar es abandonarnos, dejar que otros decidan por nosotros, Lo que tengo te doy. ¿Qué tengo? Y ¿qué doy? Pedro da su fe inquebrantable en Jesucristo como tantos y tantos testigos desde el siglo I hasta hoy.


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