En cristiano

Elaborar el luto de la infertilidad

21.01.09 | 12:00. Archivado en VIDA, FAMILIA, TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Merche Mas Solé

Por Merche Mas Solé
Mi difìcil experiencia como madre adoptiva me ha llevado a reflexionar sobre el tema de la infertilidad y sobre todo lo que ello conlleva. He conocido cuànta ansiedad se esconde tras la espera de un hijo que no llega (en mi caso, el segundo), cuànto miedo, cuànta angustia, cuàntas cosas... He reconocido que si el Tribunal de Menores me hubiera rechazado la idoneidad (cosa que ahora creo que tal vez hubieran debido hacer) yo habrìa movido Roma con Santiago, habrìa luchado como una leona, afirmando que el tribunal no tenìa ni idea, que eran unos incompetentes, que yo ya tenìa una hija biològica y sabìa perfectamente hacer de madre... Y en esas actitudes mìas reconozco el proceso y la obsesiòn de tantas parejas (son cada vez màs en occidente) a quienes poca gente e instituciones ayuda a elaborar el posible luto de no poder procrear, sino proponiendo soluciones cada vez màs sofisticadas y agotadoras para dar respuesta a ese deseo/necesidad, lo cual no afronta el problema, si no que lo evita. Estoy absolutamente de acuerdo con el criterio que (en el caso de la adopciòn) pone como objetivo prioritario el dar una familia a un niño, y no lo contrario: dar un hijo a una pareja. Pero en este momento quisiera compartir con vosotros la reflexiòn sobre la pareja herida en su fecundidad.

DIOS: ¿POR QUÉ NO PUEDO TENER UN HIJO?
“El Señor me ha impedido parir: acuèstate con mi esclava, tal vez de ella podamos tener hijos. ” (Genesis 16,1-3)
Una de las crisis màs dramàticas de la historia de la limitaciòn humana es la de no tener un espejo en el que reflejarse: un hijo. No tener hijos es una forma de transgresiòn de la ley divina “creced y multiplicaos”. En Oriente la mujer que no generaba un hijo era considerada un ramo seco porque no podìa dar al marido la continuidad del nombre, no le aseguraba la inmortalidad confiada a la secuencia de los hijos que continuaban la memoria del padre. Sara y Abraham, conscientes y tristes por su esterilidad como pareja, se disponen a poner en pràctica el primer “intento de fecundaciòn asistida” de la historia, sin tener en cuenta el proyecto de Dios. Ellos son ejemplo del dolor y de la oscuridad que vive la pareja infecunda.
La infertilidad es una experiencia dificil y frustrante que en ocasiones lleva a dudar de la bondad de Dios, que es padre bueno hacia sus hijos. Si a Dios no le es nada imposible, muchos se preguntan ¿còmo es que deja en el sufrimiento y en la oscuridad a tantas parejas que durante años esperan poder ser fecundos, sin que nada ocurra? Si los hijos son la bendiciòn de Dios, como dicen las distintas religiones, ¿què culpa tiene la pareja que no consigue generarlos? Y cuando la fe no es suficiente para afrontar esta herida aumentan las frustraciones y el sentido de impotencia contra un destino que se considera injusto. Entonces se intenta desafiar el lìmite recurriendo a la ciencia y a la medicina. Pero el camino no es fàcil, en ningùn sentido, y en la Iglesia no se encuentra gran consuelo ni apoyo para afrontarlo. “¿Por què la doctrina de la Iglesia consigue aun hoy hacer sentir en grave culpa a una mujer que ha elegido conscientemente, sobre su piel, afrontar la opciòn màs difìcil? Y ¿por què nos tacha a las aspirantes a madre in vitro de amorales? ¿Es que quien se ve abocada por la vida a buscar otros caminos son menos dignas y menos amadas por Dios de quien tiene hijos de modo natural?” (Patricia)

LA RESPUESTA MEDICA Y LA ADOPCIÓN
La medicina, como perspectiva tècnicocientìfica exalta el conocimiento racional de los sìntomas y de las causas, olvidàndose a menudo de los aspectos subjetivos y sociales del problema. En el caso de la infertilidad, como en muchas otras situaciones, se necesita un enfoque holìstico(global), que comprenda los aspectos psicològicos y emotivos del paciente: dudas, miedo, frustraciòn por los repetidos fracasos, aceptaciòn de un fin... Muchos mèdicos y centros de procreaciòn mèdica asistida reconocen que el 15% de las causas de infertilidad son psicològicas. Cuando un hombre o una mujer reciben un diagnòstico de infertilidad, o peor de esterilidad, empieza para ellos un proceso de reconocimiento del lìmite biològico que les escluye de un proyecto “humano” y les hace sentirse distintos. Se acude a la medicina para resolver un problema, pero durante el proceso diagnòstico y terapèutico la pareja se da cuenta de la invasiòn de la ciencia en la esfera màs ìntima de la propia relaciòn, la de la procreaciòn.
Ante las dificultades objetivas de los tratamientos contra la infertilidad (econòmicas, stress, salud...), muchas parejas optan por la adopciòn, que es una respuesta que ademàs les hace sentir mejores personas. La adopciòn, en Occidente y en este momento de la historia, goza de una imagen idìlica como acto altruista por parte de la familia que acoge. Por suerte las condiciones para poder adoptar son cada vez màs serias y permiten a los futuros posibles padres hacerse una idea real de lo que es la adopciòn, con todas sus dificultades. No es fàcil ayudar a la pareja a descifrar las verdaderas motivaciones por las que se quiere adoptar: tanto la oblaciòn total, como el egoìsmo son razones peligrosas para una correcta acogida, que beneficie tanto al hijo como a los padres.

¿LA PAREJA ENGENDRA UN HIJO O EL HIJO ENGENDRA LA PAREJA?
“Creo que un hijo hace que una pareja sea màs estable, le da solidez... un hijo nos falta... no me siento totalmente mujer.” (Marta)
En los casos de infertilidad la frustraciòn del deseo parece apoderarse de la entera vida de los cònyuges, provocando actitudes diferentes en hombres y mujeres. En general los hombres tienden a volcarse en objetivos laborales para revaluar su autoestima herida. En cambio las mujeres frecuentemente abandonan los intereses externos a la familia, incapaces de sustituir el frustrado deseo de maternidad. El hijo se convierte cada vez màs en componente fundamental de la afirmaciòn y realizaciòn personal. A èl se le pide ser fruto y elemento fundador de la pareja. Es como si el hijo “engendrara” la pareja, desde el momento que sin el elemento procreativo èsta no parece encontrar un sentido. Hoy cada vez màs no es suficiente desear un hijo para poderlo tener. Existen aspectos inconscientes por los que la mujer o la pareja no consiguen aceptar y vivir una maternidad/ paternidad. Desear un hijo significa una representaciòn de sì emotiva, psicològica y afectiva en cuanto engendrador disponible a aceptar “otro”de sì, extranjero y al mismo tiempo familiar. No todos lo consiguen. Ser madre/padre significa pasar al otro lado del “espejo”, ser la persona que lleva el niño concebido antes en la cabeza y ahora dentro del cuerpo. La pareja, en ausencia del hijo, puede percibir su propia vida como dramàtica e insatisfactoria. La culpabilizaciòn del cònyuge esteril es uno de los motivos de conflicto que a veces la pareja debe afrontar. El hijo es llamado a cementar la relaciòn, indispensable para sentirse unidos en una misiòn procreadora. Si èl es garantia de la cohesiòn de la pareja, sin èl la relacion podrìa deshacerse. De este modo el niño, ya antes de nacer, tiene una misiòn en el mundo, un papel: fundar la pareja y contribuir a la realizaciòn personal de los padres. ¿cuànto es importante tener un hijo para estructurar la vida de la pareja y para su propia supervivencia? ¿Cuànto su ausencia la vuelve fràgil, necesitada de muletas? ¿Es la pareja la que engendra el hijo o el hijo el que engendra la pareja? La espera puede ser una ocasion de reflexiòn y conocimiento, para ocuparse de sì mismos y de la pareja. Esperar da la posibilidad de mirarse a la cara entre conyuges, de darse las manos para sostenerse reciprocamente, de caminar juntos viviendo el presente. La espera puede ser el momento de pedir ayuda externa para hacerse preguntas sobre las propias capacidades, deseos y proyectos,...y para aceptar lo que se es y los propios lìmites personales y de la pareja..

LA DIFICULTAD DE ACEPTAR EL LÍMITE
“Para mì la esterilidad es la incapacidad de hacer algo que tantìsimas personas hacen normalmente. Se siente inùtiles, fracasados... Si falta un hijo es como si te faltara algo dentro. Es como un ataque a mi identidad, a mi ser como persona.” (Ester)
No es fàcil aceptar la propria esterilidad personal o de pareja: se empieza a pensar no ser digno, o no merecer la maternidad/ paternidad. La espera del hijo que no llega, experiencia que puede durar meses, años, puede ser una historia angustiosa y sorprendente, revelando al mismo tiempo aspectos insospechados de sì mismo, a veces fecundos. Hay mujeres que se soprenden de los sentimentos de envidia, celos y odio incluso hacia el niño que no llega, hacia hermanas, amigas, cuñadas... que fàcilmente anuncian embarazos ¡curiosamente no buscados!
El temor a la esterilidad puede poner en crisis la percepciòn del sentido y del valor del ser femenino y de la familia. Puede esconder sufrimientos y dolores psicològicos porque no se consigue ver un horizonte sin un hijo. Nada consigue llenar ese deseo-necesidad, y nada debe interponerse a ese designio. A veces èsto desencadena una obsesiòn y una bùsqueda ansiosa de distintas estratègias cada vez màs arriesgadas e invasivas (sobre todo para la mujer. El dolor por la falta de un hijo es a veces incluso un dolor del cuerpo que se ha vuelto discapacitado, in-valido, in-hàbil... y lo muestra con disfunciones fìsicas. Cefaleas, taquicardias, gastritis, fibromas, quistes en el ovario, vaginismo, incluso el “embarazo histèrico”... pueden tener origen psicosomàtico. Segùn la psicologìa psicosomàtica el aparato reproductor tiene la funciòn de vencer el arquetipo de la muerte. Vencer la muerte significa que el hombre y la mujer adultos capaces de engendrar, solicitan al hijo la parte de proyecto de inmortalidad que ellos no pueden realizar autònomamente. Ese cuerpo, percibido ahora como esteril busca recuperar su capacidad a travès de instrumentos de la ciencia.
Ademàs hay fases en la vida de una mujer en las que el sufrimiento por la ausencia de la maternidad es màs aguda: la frustraciòn en el trabajo, en las relaciones, en la pareja... contribuyen a amplificar las energìas emotivas invertidas en la generaciòn de un hijo. El hijo evoca un luto anunciado por la falta de fecundidad social y de la vida interna.

APROVECHAR LA OCASION PARA CRECER
“Tal vez la esperiencia de la ausencia de un hijo me ha hecho pasar de la adolescencia a la madurez a mis 34 años. Sì, porque a pesar de tener un trabajo satisfactorio, un estupendo marido, una bonita casa,... he vivido los primeros años de matrimonio un poco en las nubes, cierta de nuestro futuro radioso como lo habìa soñado siempre. Estaba segura de que la felicidad total estaba a un paso, faltaba sòlo un hijo, como coronamiento de tantas opciones sensatas y responsables, y motivo ùltimo que creìa tuviera mi vida. Este sueño, esta gran expectativa rota, me ha convertido en uno de esos adultos frustrados que de joven me daban tanta rabia, porque les veìa injustamente insatisfechos ante tanto don recibido o conquistado, desde el punto de vista social, profesional y afectivo. No contaba yo con las bromas del destino, con no poder controlar todos los proyectos de mi vida... “ (Maria) Los conflictos pueden ser una ocasiòn de crecimiento personal y colectivo. Pero sòlo si aceptamos ponernos en juego, si conseguimos superar el miedo. Es posible aprovechar la ocasiòn como individuo o como pareja, para salir reforzados. Tal vez para decidir no seguir caminando juntos, en cualquier caso para elaborar sin escondernos, lo que nos duele, lo que tememos y nos angustia.

APRENDER A PEDIR AYUDA, ACEPTAR HACERSE AYUDAR.
En general tenemos màs facilidad para ofrecer ayuda que para aceptarla. Peor aun nos resulta pedirla. En la infertilidad, cuando la bùsqueda se vuelve obsesiva, se acaba probando de todo: hormonas, procreaciòn asistida, adopciòn, psicoterapia, acupuntura, shiatsu, yoga, reiki... . De todo, menos pedir ayuda para elaborar el luto y buscar otros modos para ser fèrtiles. Conseguir tomar conciencia del problema para poderlo reorientar hacia una fecundidad màs amplia, (como todo lo que la mujer o la pareja son capaces de crear, de dar a la sociedad), ayuda a muchos a reconciliarse con una parte de ellos que creìan haber perdido. En los cursos de prematrimonales de mi parroquia insistimos mucho en este aspecto, en còmo la fecundidad puede expresarse a travès de la acogida, del compartir, de la apertura, de la compasiòn, del voluntariado,.... El acogimiento temporal de niños, por ejemplo, es a menudo una soluciòn no valorada por las parejas, porque lo que en verdad se quiere es un hijo “de propiedad”. Pedir ayuda para dar ese salto cuesta mucho, pero conseguirlo ayuda a desbloquear y dar felicidad a màs de una familia al mismo tiempo.
“Ayer hice una peticiòn en la Eucaristìa de mi parroquia en el Dìa de la Vida y de la Familia: acordèmonos de las parejas aspirantes a padres, a los que esperan a la cigueña de la probeta, a los que la esperan del tribunal de menores, y a los que renuncian.” (Isabel)

Algunas citas son de Cristiana D’Orsi “Sara, Elisabetta e le altre... La femminilità ferita tra desiderio e limite della maternità” Edizioni Psiconline.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Lunes, 23 de octubre

    BUSCAR

    Editado por

    Síguenos

    Hemeroteca

    Octubre 2017
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
          1
    2345678
    9101112131415
    16171819202122
    23242526272829
    3031