Por Carmen Pérez Rodríguez
Decía Abraham Lincoln que lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años. Porque vivir no es sólo existir, vegetar decimos de manera muy gráfica, sino amar, crear, gozar, sufrir, dar. Y todo esto supone esperar. No podemos quitar de nuestra mente todo aquello a lo que se abre el momento presente. Si quitamos la esperanza nos quedamos sin deseos, sin proyectos, casi sin razones para vivir. ¿Qué es la vida sin esperanza? Un muro insoportable. En cambio la persona esperanzada vive una vida abierta, con un horizonte que supera la caducidad de cada momento, pero le da todo el valor a ese momento. Es la esperanza la que da fuerza al presente. La fe cristiana, lo que llamamos la salvación, la redención, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente. El presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, nos dice Benedicto XVI con su forma de comunicar desde la experiencia y la cercanía.
Por Carmen Pérez Rodríguez
He gozado el día de la fiesta de los mártires contemplando el retablo de la Catedral de Toledo. Sentía que todo el presbiterio me hablaba de la Fiesta de Jesucristo rey del Universo. Contemplaba el impresionante retablo y mis ojos se llenaban de belleza y mi corazón de sentimientos. Es sencillamente magnífico, grandioso en su filigrana de pilarcillos, agujas, doseletes, chambranas. El sotabanco, la predela, las cinco calles. Todo culmina con un monumental Calvario. Y en todas las calles los temas de la vida, pasión, resurrección, ascensión, venida del Espíritu Santo y Cristo juez y rey del Universo. En todo sentía a Cristo rey del universo, lo mismo en las escenas de lo que podíamos llamar los misterios gozosos, como en los luminosos, dolorosos y gloriosos. He visto el retablo esta última vez como la gran portada del “libro” del año litúrgico que se cierra con la fiesta de Jesucristo Rey del Universo. Contémplenlo y vean las figuras del Antiguo Testamento que le sirven de gran marco, o algo por el estilo.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Estoy cansada de oír críticas que son verdaderos tópicos contra mí. Sí se habla mal de mi familia va contra mí. Y mi familia es también la Iglesia. Soy Iglesia. La Iglesia es el lugar donde se anuncia el fundamento unitario del mundo, el lugar del anuncio de Cristo. Es el lugar de comunicación, de propuesta de sentido de la vida, donde la salvación puede acontecer. A través de la unidad, de quien realiza la unidad en el mundo, es decir, Cristo y su Iglesia, se reconstruye esa unidad del mundo en todo y para todo. Y en segundo lugar, surge la palabra comunión, como unidad entre nosotros. Esto implica la necesidad de un lugar visible en el que la unidad en torno a Cristo se pueda constituir. Y entonces es una compañía, una familia para toda la vida. La Iglesia es lugar de vida, de comunión, de inspiración, de fuerza.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Un amigo, gracias al que ya hemos abierto la ventana otras veces, me ha mandado esta carta publicada en La Vanguardia. Al margen de ideas y pensamientos personales, como me dice mi amigo, realmente transmite algo. Y me he acordado de aquel convencimiento de Sto. Tomás: la verdad dígala quien la diga viene del Espíritu Santo. Son sentimientos de Pilar Rahola. Tomo las ideas que a mí me han hecho pensar. “Hace años, en la boda de un amigo, el sacerdote que la celebraba dijo una frase que se quedó grabada en el disco duro de mi memoria. Mirando a los novios, aseguró: "Estamos aquí porque ella cree en Dios, y él la ama a ella". No se me ocurre una forma más bella de explicar el sentimiento que nos unía en aquella iglesia, donde cabía la fe de muchos, el agnosticismo de otros e incluso el ateísmo de alguno.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Vemos y oímos lo que se realiza en el espacio y en el tiempo. Esto viene porque necesitamos sentir la liturgia como lo que vemos y oímos, lo que escuchamos, lo que acogemos, lo que celebramos. Para los católicos se empieza de nuevo el año litúrgico después de la solemne celebración de Cristo Rey del Universo. En realidad, como dice Romano Guardini, la teología desde el punto de vista de la liturgia tiene dos ojos: la vista y el oído. La liturgia palabra que viene del griego y se emplea para designar todo el conjunto de la oración pública de la Iglesia. Dicho de manera general es la celebración de todo lo que es el Misterio de Cristo. Es acción sagrada de la que brota su fuerza vital. A través de la liturgia se vive el misterio de Cristo. El Nuevo Testamento insiste constantemente en lo que hemos visto y oído. Y nosotros tenemos que vivir de lo “vemos y oímos". Es muy significativo, a este respecto, la postura de uno de los mejores escritores de la literatura universal: Dostoyevki. La figura de Cristo, del misterio de Cristo es central en su experiencia.
Por Merche Mas Solé
Funerales y rituales para despedirnos de los que amamos.
La percepciòn negativa de los rituales
Viviendo como vivimos en medio de un proceso de secularizaciòn social, es fàcil reconocer que tenemos una percepciòn negativa de los rituales.
Como si èstos fueran un contenedor rìgido y sin espìritu de una vida y de una fe que cuesta expresar con vitalidad y emociòn. Estamos hartos de rituales donde nadie vibra ni se emociona, donde no es fàcil reconocer al Espìritu. Y el caso es que somos ignorantes respecto a la utilidad social y psicològica de los rituales.
Por Carmen Pérez Rodríguez
La expresión Reino de Dios para un cristiano no designa nada utópico ni folclórico. Su contenido es preciso. Si lo decimos y lo oímos de manera vaga, como tantas otras expresiones que ni nos tocan, como tantos y tantos discursos, como tantas y tantas promesas, no hay que achacárselo al Evangelio sino a nuestro propio corazón y a nuestra propia capacidad. El Reino de Dios no ha variado, aunque lo oigamos decir como algo de memoria o algo abstracto; no ha variado ni una pizca de cuando era pronunciado por Jesucristo. No ha variado en nada la petición que nos enseñó Jesucristo: venga a nosotros tu reino. El reino de Dios está aquí presente. El reino de Dios está en el interior y en las obras de cada hombre que así lo vive. No consiste el reino de Dios en negarse a tomar partido por nada y situarse, de forma pretenciosa, por encima del bien y del mal.
La Hermandad del Santísimo Cristo de los Afligidos quedará hermanada este lunes a la Antigua, Ilustre, Pontificia y Real Archicofradía y Hermandad del Santísimo Cristo del Salvador.
Desde El Cañamelar (Valencia), José Ángel Crespo Flor.- Este lunes, 17 de noviembre y último día del novenario en honor al Santísimo Cristo del Salvador, la Hermandad del Santísimo Cristo de los Afligidos, con sede en la parroquia Nuestra Señora del Rosario de El Cañamelar, quedará hermanada, sellando así una vieja aspiración, con la Antigua, Ilustre, Ponticia y Real Archicofradía y Hermandad del Santísimo Cristo del Salvador con sede esta en la Real Iglesia del Salvador de Valencia.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Todos los seremos humanos, en el fondo, tenemos las mismas necesidades radicales. Quiero decir que realmente lo más personal es lo más universal. El conocimiento del hombre es un hecho en todas las corrientes que puedan pensarse de antropología y psicología. Las preguntas y anhelos humanos expresan, aun sin saberlo exactamente, la necesidad de la ayuda de Dios. El hombre solo puede ser entendido a partir de Dios como dice Pascal. Cuando Sartre afirma que el hombre debería inventar al hombre, la pregunta inmediata es cómo se puede realizar esto, este invento de sí mismo dentro de la nada y el vacío. Es un hecho que incluso el intento de negar a Dios y su revelación, es imposible sin el ámbito de Dios. El ateismo es una posición negativa ante la deidad, ante Dios. El hombre sólo se puede comprender a partir de Dios, y sólo viviendo en relación con Dios su vida será verdadera. No hay medias tintas, no puede haberlas. O con Dios y o sin Dios que comentábamos un día.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Cuando se dice “tengo memoria” de esa “determinada” manera, negativa claro, que todos sabemos se está diciendo aunque no lo queramos ver: tengo rencor, me las pagarás. Ruby, una niña negra, fue integrada en una escuela elemental de Estados Unidos. Cada día, los alguaciles federales tenían que escoltar a Ruby entre una multitud que la escupía y la insultaba. La niña, que tenía cinco años, no parecía sufrir daños emocionales con aquella ordalía, un hecho que asombraba a Robert Coles, el especialista que cuenta el hecho, hasta que descubrió que Ruby rezaba cada día pidiendo a Dios que perdonara a sus agresores. Robert Coles es especialista en psiquiatría infantil y premio Pulitzer, está convencido de que para educar íntegramente no basta saber como funciona el cerebro, ni cual es la estructura y dinámica de las emociones. Es preciso conocer dónde está el bien y tratar de ponerlo en práctica. Muchas veces, dice, se pretenden poner remedios psiquiátricos a los que son problemas morales. Nos hace notar el psiquiatra a través del hecho vivido por el mismo que no es lo mismo perdonar que olvidar. Se olvida, o no se olvida, por interés o comodidad.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Hoy nos vamos a poner un poco pensadores, pero ha sido motivado por un oyente Hay una expresión que suelo rechazar cuando me la preguntan ¿Oye en tu tiempo?...Y ya no dejo seguir ¿En mi tiempo de qué? Porque ya me dirán ¿si nuestro tiempo no es el “ahora”, cuál es nuestro tiempo? Este tiempo, el de ahora mismo, es tanto tuyo, como mío. Nuestro tiempo, nuestro ahora, Toda nuestra vida, todo lo que obramos, amamos, gozamos y sufrimos es consecuencia de este ahora permanente nuestro que va configurando nuestro pasado, nuestra historia personal, y nos abre al después, al mañana. Nuestra vida, nuestro entorno, no es como un manuscrito que debemos descifrar, someternos pasivamente a ese desciframiento, es mucho más. Es como un libro que debemos dictar. Lo hemos comentado varias veces, constantemente la vida nos interroga, y constantemente respondemos. Viktor Frankl da una definición muy concreta: la vida es un “preguntar y un responder muy serio”. Yo decido lo que se eternizará en mí. Y esa afirmación tan real de Jaspers, que para mí es como uno de los estribillos constantes: somos consecuencia de lo que hemos ido haciendo nuestro. Y esto no es un lastre sino la vida, la experiencia acumulada en mí.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Es un hecho que la ciencia es un modo de ser del hombre. Es un hábito de la inteligencia que determina su modo de pensar y de vivir. El rigor, la precisión, el predecir resultados, el interpretar la naturaleza, el análisis de los hechos son un ámbito del saber del que nos beneficiamos diariamente. La certeza de la ciencia es una de las formas de certeza en el ser humano. Y también la fe se da en el ser humano como actitud vital. No es posible vivir sin la fe. Creemos en las relaciones, en las actitudes, en los principios que configuran la sociedad, creemos en lo que es justo y bueno, creemos que las cosas funcionan, creemos en la nobleza de las personas, creemos en los avances de la ciencia. Incluso en el corazón del científico a través del descubrimiento que hace del universo se manifiesta la fe.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Me ha parecido muy gráfica esta “raíz” de Gilbert Cesbrón. En el libro Soltad a Barrabás tiene un capítulo que llama Ramas y Raíces. Dice que tienen un aspecto parecido pero las ramas se cubren de hojas, se avivan con flores, se pueblan con pájaros… Las raíces, en cambio, son ciegas y están desnudas. Sin embargo no hay que intentar cortarle las raíces al árbol. En cambio podemos sacrificar las ramas al llegar el invierno sin que perezca el árbol ¡Al contrario, el árbol lo necesita para que estalle más y más la vida de las raíces¡ Lo importante en nuestra vida es realizar la poda de las ramas y asegurar y fortalecer las raíces. No nos equivoquemos, dice él.
Pues una de las raíces es la siguiente: “¿Que se ha muerto porque se le ha parado el corazón? Me parece muy raro, porque hace ya cincuenta años que se le paró el corazón y seguía viviendo” No necesita más comentario. ¡Vaya terrible radiografía de una persona, “ya hace cincuenta años que se le paró el corazón y el seguía viviendo”. Se nos puede “parar” nuestro corazón y seguir viviendo. Este será nuestro drama y la raíz de todos nuestros problemas y nuestros verdaderos males. Lo sabemos, hay personas que parece se les ha parado el corazón, si es que lo tuvieron.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Sí, me estoy refiriendo a una palabra que ya no se pronuncia mucho: los novísimos. Pienso en cada una de las cuatro últimas situaciones del hombre: muerte, juicio, infierno y gloria. Digo las cuatro últimas situaciones del hombre, o sea lo que nos decimos a nosotros mismos, si lo pensamos, en nuestro interior: “a última hora lo que me importa son estas cuatro situaciones” En nuestra civilización somos poco sensibles a las cosas “últimas”. La escatología, del griego “esjatos” y logos, o sea el tratado de lo último, el conjunto de todo lo referente a la vida del “más allá”, como consecuencia de lo que vivimos en el “más acá” . Los novísimos es el campo de la teología que trata de lo que acaecerá al hombre al final de su vida, insisto, en intrínseca relación con nuestra vida diaria. Con la muerte y la gloria, la primera y la última de nuestras cuatro últimas situaciones, hemos abierto la ventana hace unos días. Por eso sólo vamos a ver juntos, un poco, el panorama de las situaciones que están entre la muerte y la gloria. Me han animado a hacerlo unos lectores que comparten lo vivido a través de esta ventana abierta.
Por Enrique Calicó Bosch

Un grupo de amigos de Catalunya Cristiana, venidos de diferentes puntos, hemos ido en peregrinación a Lourdes para ganar el jubileo. Salimos el viernes temprano bajo el tutelaje de nuestro buen amigo Alfons Miralles para, después de un par de paradas y unas buenas horas de autocar, llegar a media tarde al hotel que nos habían reservado muy cerquita del Santuario. Tiempo para descargar equipaje, cenar y marchar hacia la explanada donde nos reunimos a los pies de la imagen de la Virgen Coronada.
Ver la imagen de María, tan vista y siempre nueva, se me hizo el primer nudo en la garganta: su túnica, tan blanca, inmaculada, sin mancha, resplandeciente como el sol, con su fajín azul cielo y la corona de doce estrellas en la cabeza.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Lo que uno siembra eso cosechará, es una afirmación de S. Pablo en su carta a los Gálatas. El que siembra egoísmo cosechará egoísmo. El que siembre con amor recogerá vida eterna. No nos cansemos de obrar el bien, que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos. Mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos. Es conocida la siguiente anécdota: Había un padre que deseaba edificar una gran casa y le encargó a uno de sus hijos que la construyera. Puso a su disposición la suma de dinero necesaria, y el chico, que era un vivales, un vividor y desaprensivo pensó: bien construiré la casa que quiere mi padre con malos materiales y me quedaré con el dinero que ahorre. No importa lo que luego pase con la casa, ¿a mi que me importa si luego se viene abajo? Así lo hizo y cuando la hubo terminado se la dio a su padre: ya tienes la casa que me encargaste. Puedes disponer de ella cuando quieras.
Por Carmen Pérez Rodríguez
¿Vds. nunca han pensado que hemos ganado con el Evangelio? ¿Qué hemos ganado en cada época de la historia con Jesucristo? ¿Qué realidad humana se nos presenta? Digo se nos presenta, y no sólo se nos presentó hace más dos mil años, porque el hecho del nacimiento, vida, muerte y resurrección de Cristo es el poder más revolucionario, menos acomodaticio, y más cargado de absoluto de todo lo que pueda pensarse. De la libertad y responsabilidad del ser humano depende que Jesucristo esté en el corazón de todo, y modele sus juicios a imagen y semejanza de los juicios de Jesucristo. Consiste en comprometerse en la vida, en vivir mucho más a fondo, que si permanecemos viviendo de la perspectiva del tiempo, de las ideologías, de las modas que son siempre relativas y fugaces.
Por Carmen Pérez Rodríguez
El cielo. En la era científica en que vivimos parece que el significado de la palabra “cielo” está en crisis. Para el hombre de nuestro tiempo el cielo es el espacio en el que se mueve nuestro planeta y todo el sistema solar. Es conocida la afirmación que se le atribuye a un astronauta soviético al volver de su viaje por el cosmos: He recorrido mucho espacio y no he encontrado por ninguna parte a Dios. Claro, yo cuando voy a un museo y veo los cuadros, las esculturas, las obras de arte, pues veo la obra realizada por los artistas. Casi todos nosotros le hubiéramos dicho que en su viaje, como en cualquier viaje espacial, lo lógico es que se encuentre con las mil estrellas de la de Vía láctea, con nuevas galaxias, o sistemas planetarios…, es decir con las obras del Autor. Vds. me dirán, si cuando van al museo de Prado, se encuentran con los grandes pintores o con las obras de los grandes pintores.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Yo vivo de certezas ha dicho un padre joven de cuatro hijos. Me ha parecido un juicio y una convicción formidable. Y claro, le hemos preguntado por sus certezas: vivo sabiendo que Dios es Padre…en concreto la manera de hablar de Jesús me produce certeza. Por ejemplo: mirad los lirios del campo, aprended de ellos, cómo crecen; ni Salomón en toda su magnificencia, se vistió como uno de ellos. Si la hierba del campo, que hoy aparece y mañana es echada al horno, Dios así la engalana ¿no hará El mucho más por vosotros, hombres de poca fe? Es verdad, el lee el Evangelio y encuentra las grandes certezas para su vida.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Empiezo con una anécdota muy significativa que cuenta Stephen Covey y que el mismo vivió. Iba en el metro de Nueva York. La gente estaba tranquilamente sentada, leyendo el periódico, perdida en sus pensamientos o descansando con los ojos cerrados. La escena era tranquila y pacífica. De pronto, entraron en el vagón un hombre y sus hijos. Los niños eran tan alborotadores e ingobernables que de inmediato se modificó todo el clima de una mañana tranquila de domingo. El hombre se sentó junto a Covey y cerró lo ojos, en apariencia ignorando y abstrayéndose de la situación. Los niños eran realmente molestos. Pero el hombre no hacía nada. Era difícil no sentirse irritado y sentirse en toda la posesión de la razón y de la verdad ante semejante situación. Casi todas las personas parecían igualmente irritadas y, como el mismo sentía, en posesión de unos derechos lesionados.
Por Carmen Pérez Rodríguez
No es posible recorrer automáticamente un camino sin saber por qué se viaja, de donde se viene y adonde se va. Poco después de nacer tomamos conciencia del hecho más fundamental de nuestra existencia: no podemos negar nuestra condición mortal. ¿Qué sentido le damos a la vida y a la muerte? ¿Es la muerte nuestro único destino? Esta última pregunta es el título del capítulo de un libro profundo, La cuestión de Dios, de Armand Nicholi, que ofrece una buena oportunidad para reflexionar sobre la cuestión más determimante.
La negación de la llamada del hombre a la Vida, a lo que llamamos la Eternidad, tiene consecuencias en todos, todos los campos. Y esta negación es como un muro que impide completamente ver y contra el que se chocan todas nuestras preguntas, anhelos e inquietudes. Ni siquiera se entiende la moral, la responsabilidad, la libertad.
Por Carmen Pérez Rodríguez
Esto si que es una fiesta: La fiesta de Todos los Santos. Jean Guitton describía a los santos como los colores del espectro en relación con la luz, porque con tonalidades y acentos propios cada uno de ellos refleja la luz de la santidad de Dios. Y Hans Urs von Balthasar decía que los santos constituyen el comentario más importante del Evangelio, su actualización en el día a día, y por tanto representan para nosotros una vía real de acceso a Jesús. La gran fiesta es la de toda la familia cristiana, de los “santos” conocidos, y de los desconocidos, la fiesta de todo lo bueno que se ha hecho y vivido en el mundo, la fiesta de todos los encuentros que los hombres hemos tenido con Jesucristo. La fiesta más positiva y alegre en la que puede pensarse, desde el punto de vista de la contribución del hombre al verdadero servicio de la historia de la humanidad.
Por Carmen Pérez Rodríguez
El ritmo de la naturaleza es, evidentemente nuestro propio ritmo: los ciclos, las estaciones del año, los días y las noches. El lenguaje de la naturaleza es nuestro lenguaje. Somos el verdadero microcosmos Noviembre es otoño en todo, en la luz, en el color, en el clima, en las nubes, en la caída de los hojas. Noviembre. Desde hace más de mil años, a partir del siglo IX, la Iglesia católica celebra el 1 de noviembre la gran fiesta de Todos los Santos, día de celebrar juntos la Eucaristía. Eso que llamamos más fríamente “día de precepto”, la traducción real es que es otro día de fiesta para celebrar y vivir nuestra fe en el misterio de nuestra Redención. En este mismo contexto de celebración, los monjes benedictinos de la célebre abadía de Cluny -conocidísima en la historia eclesial, cultural y social por su significación- comenzaron a celebrar al día siguiente, 2 de noviembre, la conmemoración de los fieles difuntos, que pronto se extendió por toda la Iglesia, y en el siglo XIV tenía, ya también, lugar en Roma.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos