En cristiano

De la abundancia del corazón habla la boca

07.09.08 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez
El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca (Mt 12, 34) Cada palabra refleja claramente lo que hay dentro de nuestro corazón. ¿Cómo hablo a mi familia, a las personas con las que convivo, trabajo, a los amigos? Nuestras expresiones verbales siempre son manifestaciones de lo que llevamos en el corazón. Por poco que pensemos en ello encontramos un enorme foco de luz en lo que nos dice el Señor: de la abundancia del corazón habla la boca; el hombre bueno de su corazón saca lo bueno, y el hombre malo de su corazón lo saca. La boca pronuncia lo que el corazón apunta. La auténtica ventana para ver es nuestro corazón y por eso la peor prisión es un corazón cerrado. El salmo 64 nos invita en esta misma línea a no endurecer nuestro corazón. Se ha dicho que el corazón es una fábrica de producción y la lengua es el director comercial. Si nos paráramos a pensar y fuéramos conscientes de todo lo que decimos, nos quedaríamos extrañados de la cantidad de palabras negativas o hirientes que pronunciamos cada día; o de frases, preguntas, afirmaciones, respuestas lanzadas con ninguna buena intención. No nos elevamos por encima de nuestras palabras, nuestras palabras reflejan lo que somos. Cada palabra que sale de nuestra boca tiene tal poder que con ella podemos traer paz y alegría o guerra y maldición, es decir podemos edificar o destruir. Todos somos beneficiados o perjudicados de las palabras que salen de nuestro corazón. Los que escuchan son afectados positiva o negativamente, pero los que las pronunciamos recibimos sus consecuencias porque por nuestras palabras somos justificados y por nuestras palabras somos condenados (Mateo 12,37) Y esta justificación o condena la sentimos inmediatamente en nuestro interior aunque no seamos conscientes de ella. Nos configuramos en cada momento. Somos lo que hacemos y decimos momento a momento.
Es un hecho que Dios ha depositado en nuestro corazón la riqueza de la palabra. Me gusta leer una y otra vez los primeros capítulos del génesis, sentir la obra de la creación y sentir al hombre en el centro de ella, sentir su singular puesto en el cosmos: Y Yahveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. El hombre puso nombre a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo. Es como si sintiera todo lo que el ser humano va a “nombrar” en la ciencia, en el arte, en la economía. Ciertamente las palabras que decimos tienen un enorme potencial para configurar nuestra vida y afirmar nuestro destino. Con las palabras que salen de nuestro corazón movemos circunstancias, las cosas suceden cuando decimos algo; lo bueno y lo malo están en el poder de la lengua. Nuestras palabras pueden ser de vida o de muerte, de causar paz o guerra, de producir alegría o tristeza. Las palabras que salen de nuestra baca expresan la fe, y todo lo que hay en nuestro corazón El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte la fuerza de persuasión (John Ruskin) La paz realmente brota de nuestro corazón, y brota después de la opciones que hemos hecho y realmente convenía que hiciéramos. Hay que tener lleno el corazón de paz, de fe, de lo bueno para proclamarlo con la boca. Cuanto más lleno tengamos nuestro corazón de buenos deseos, de buenas intenciones, de anhelos generosos menos espacio tendremos para los egoísmos y envidias. El corazón nunca está vacío, no soporta el vacío, necesariamente está lleno de algo. Cada uno de nosotros podemos ver de qué tenemos lleno el corazón y como dice Jesucristo: de la abundancia del corazón habla la boca. El corazón del hombre necesita creer en algo y cree en mentiras, en lo que sea, cuando no quiere ver o no encuentra verdades en las que creer (Larra) El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno. El corazón lleno de gratitud, porque sabe que Dios le ama, siempre encuentra bendiciones. El corazón desagradecido, desconfiado, incrédulo no ve ni el perdón, ni la bondad, ni la misericordia, no tiene donde asirse. Desde luego la fuerza más poderosa de todas es un corazón bueno. Quizá han oído un proverbio oriental que dice: la gente se arregla todos los días el pelo, ¿por qué no el corazón? Sólo si en mi corazón hay fe, esperanza, confianza, amor podré esparcirla en lo que haga. Las cosas mejores y más hermosas en el mundo no pueden verse ni incluso tocarse. Deben sentirse con el corazón dice Helen Keller. Lo que no proviene del corazón no llegará a otro corazón. ¿Quién ha medido lo que puede albergar un corazón? Si realmente conozco el corazón de una persona, jamás olvidaré su rostro y su nombre. Si en medio de las dificultades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor (Teresa de Jesús) Un corazón rencoroso, es como un sótano oscuro y frío, donde se acumulan trastos viejos, inservibles, que solo sirven para juntar polvo, telas de araña, polillas. En fin un corazón sin Dios es un corazón sin amor.


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Comentarios
  • Comentario por Angel Perez 27.08.10 | 20:45

    Te felicito por tan bello mensaje, esto es una pura realidad.

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