En cristiano

Las llaves

29.06.08 | 21:15. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez
El símbolo de las llaves, para nosotros los católicos, es de lo más gráfico. Jesús había nombrado a Pedro fundamento de la Iglesia y el evangelista añade que recibirá las llaves del cielo y de la tierra. Esta es probablemente la base de la representación habitual de Pedro en la iconografía católica como portador de un par de llaves, que constan también en la heráldica vaticana. En el fondo de la basílica de S. Pedro hay un monumento que representa un enorme trono de bronce, conocido como “la Cátedra de Pedro” símbolo de la potestad del Papa. En realidad, es un relicario que contiene restos de una silla de madera y marfil que, según la tradición, la usaba el mismo San Pedro. Según otros, parece más bien que se trataba del asiento que ocupaba el emperador Constantino en la primitiva basílica. Encima del trono hay dos ángeles de bronce que sostienen las llaves y la tiara, símbolos de la autoridad Papal. Las dos llaves entrecruzadas de S. Pedro; una de oro que representa el poder espiritual de la Iglesia católica y la otra de plata su poder temporal. Unidas con un cordón de gules, símbolo del vínculo entre los dos poderes. Están en el escudo de armas del Estado de la Ciudad del Vaticano. Y son desde el siglo XIV, símbolo de la Santa Sede.

Cristo fundó la Iglesia con dos grandes símbolos: Pedro roca y fundamento firme de su Iglesia, y el otro, el conocidísimo de las llaves. Según Chestertón (en el capítulo “el testimonio de los herejes”, del libro El hombre eterno) la imagen de las llaves es de una exactitud que no se ha sabido apreciar del todo. Las llaves han tenido bastante importancia en el arte y la heráldica del cristianismo. Al llegar a un punto en la historia conviene resaltar algo de la primera aparición y de las actividades de la Iglesia en el Imperio Romano. De los primitivos cristianos se afirmaba que eran portadores de una llave, o de lo que ellos llamaban llave. Una llave que ellos poseían y que ninguna otra llave era semejante a aquella. Esa llave podía abrir la prisión del mundo entero y permitir contemplar la blanca luz de la libertad. El credo era como una llave y bajo este símbolo se resumían tres aspectos fundamentales y de una manera muy adecuada. La llave es un objeto dotado de una determinada forma, y de conservar esta forma original depende enteramente su eficacia. Esto lo entendemos clarísimo. La forma concreta de la llave nos permite abrir nuestra puerta. El credo cristiano es como la llave, presenta unas formas claras frente a lo informe y desvaído, frente a mezclas e indeterminaciones. La llave es un instrumento perfectamente definido y establecido. Por ello se diferencia de otro tipo de religiones y filosofías. Un hombre al que le dijeran que la llave de su puerta se había derretido junto a otro millón de llaves en una unidad, se sentiría molesto. Pero tampoco se sentiría contento si su llave se hubiera convertido en una mezcla de ramificaciones y brotes. En segundo lugar la forma de una llave es, en sí misma, una forma bastante fantástica. Un salvaje que no supiera lo que es una llave, tendría grandes dificultades para adivinar de qué se podría tratar. Y es fantástica porque en cierto sentido es arbitraria. Una llave no es algo abstracto, y en ese, sentido, no es materia de discusión. Sobre la llave no hay alternativa: o encaja o no encaja en la cerradura. Es inútil que los hombres se pongan a discutir sobre ella: buscando principios de mera geometría o de arte decorativo. No tiene sentido decir que le gustaría una llave de tal o tal manera, una llave sencilla, pues habría que decirle que probara con una palanca. Lo importante es la función clarísima de la llave. Y en tercer lugar la llave está necesariamente sujeta a un patrón, en algunos aspectos muy elaborado. Fíjense las llaves de nuestras puertas blindadas. Cuando la gente se queja de que la religión se complica muy pronto con la aparición de la teología y cosas por el estilo; se olvida del laberinto de agujeros y esquenas que es nuestra mundo. De hecho lo importante en torno al símbolo de la llave es que cuida la casa y abre la puerta.

Me ha gustado el simbolismo de las llaves como lo expone Chesterton: Las llaves del cielo y de la tierra, por su forma determinada, impresionante por la enormidad de su función y servicio y en tercer lugar sujeta a un patrón que ha salido del amor y del poder de Dios. Si la Iglesia no hubiera insistido en la teología se habría disuelto en una loca mitología, alejada de la realidad, de la vida y del amor por la vida; en concreto del amor por el ser humano y por el mundo en que habita. Hay una sola frase que lo expresa todo: Dios es Amor. La plenitud de la sencillez, del Amor, de la Vida requiere todo un credo, el credo que rezamos , la profesión de fe, que es una explosión de sentido. El credo de los Apóstoles, las llaves de Pedro que abren la puerta de lo que sin esas llaves sería una prisión oscura, sin libertad. Me acuerdo ahora de un cuadro de Il Perugino de pleno renacimiento, en la Capilla Sextina: el famoso fresco de la Entrega de las llaves a S. Pedro. Todo en el magnífico cuadro referido a un centro teológico: la llave. Y a partir de ese elemento, la llave, que ocupa el ejede simetría, se estructura toda la composición. Chesterton lo escribe. Il Perugino lo pinta.


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