Exigencia de unas pruebas
21.06.08 @ 21:15:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
Por Carmen Pérez Rodríguez
Exigencia de unas pruebas a medida. ¿Y a medida de quien? Si Jesús es el Hijo de Dios…Si Jesús es Dios hecho hombre… Nos suena a lo de siempre. Es lo mismo de cada hombre y época . Si eres Hijo de Dios di, haz, manifiéstate. Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. Si eres Hijo de Dios manifiéstalo como yo pienso que tienes que manifestarlo. Esta petición de pruebas acompaña a Jesús a lo largo de su vida y de la historia. Por eso me ha hecho tanto bien la búsqueda personal del Papa del rostro del Señor. Si existes, Dios tienes que mostrarte, tienes que despejar las nubes que te ocultan y darnos la claridad que nos corresponde. Si Tú, Cristo, eres realmente el Hijo, y no uno de tantos iluminados que han aparecido constantemente en la historia, debes demostrarlo con mayor claridad de lo que lo haces. Y así, tienes que dar a tu Iglesia, si debe ser realmente la tuya, un grado de evidencia distinto del que en realidad posee. Y esta petición, dice el Papa se la dirigimos también nosotros. Leamos el Evangelio. Jesús nos enseña a vencer en una tras otra, todas las pruebas que podamos pedir, todas las dudas que nos puedan surgir, todas las tentaciones que podemos tener. Vencer frente a la divinización fraudulenta del poder y del bienestar, frente a las promesas mentirosas de un futuro que, a través del poder y la economía, nos garantiza todo a todos, frente a ese fiarnos y apoyarnos solo en lo material, en lo que produce placer. Sencillamente a vencer.
¿Qué es lo más trágico, qué se opone más a la fe en un Dios bueno y a la fe en un redentor de los hombres que el hambre de la humanidad? O sea el primer criterio es que acabe con el hambre y el dolor de todos ¿No es el problema de la alimentación y del sufrimiento del mundo el más general, el primero y más auténtico criterio con el cual debe confrontarse la redención? ¿Puede llamarse redentor alguien que no responde a este criterio? El marxismo ha hecho precisamente de este ideal el centro de su promesa de salvación y ha fracasado. Cuando se invierte la jerarquía de valores no hay justicia posible. Cuando a Dios se le da una importancia secundaria, que se puede dejar de lado temporal o perpetuamente, en nombre de asuntos más importantes, entonces fracasan precisamente estas cosas presuntamente más importantes.. Se trata de reconocerlo como una realidad sin la cual ninguna otra cosa puede ser buena. No se puede gobernar la historia con meras estructuras materiales, prescindiendo de Dios. Si el corazón del hombre no es bueno, ninguna otra cosa puede llegar a ser buena. Y la bondad de corazón solo puede venir de Aquel que es la Bondad misma..
¿Por qué Dios no ha creado un mundo en el que su presencia fuera más evidente, por qué Cristo no ha dejado un rastro más brillante de su presencia que impresionara de manera irresistible? Este es el misterio de Dios y del hombre. Vivimos en este mundo, en el que Dios no tiene la evidencia de lo palpable, y solo se le puede buscar y encontrar con el impulso de corazón a través de nuestro propio camino. Hemos de oponernos a las ilusiones de falsas filosofías y reconocer que no solo de pan y circo, de poder y placer, vivimos. Sino de la Palabra del que todo lo crea y redime. Cuando se vive de esta obediencia nacen y crecen sentimientos que permiten proporcionar también pan y bienestar para todos, no cometer abusos de poder, crear un mundo entorno auténticamente libre. Es un completo absurdo eso de que todo lo que hace referencia a Dios debe estar circunscrito al ámbito de lo subjetivo. Es evidente que al hombre no le basta la mera satisfacción de lo material. El que no quiere dejar entrar a Dios en su mundo tiene que ofrecer el placer de emociones excitantes cuya intensidad suplante y acalle la conmoción religiosa.
Nos encontramos, por parte de muchos, ante el gran interrogante de cómo pueden conocer y relacionarse con Dios y de por qué lo desconocen o lo han perdido. La arrogancia que quiere convertir a Dios en un objeto e imponerle nuestras condiciones experimentales de laboratorio no puede encontrar a Dios. De entrada, presupone ya que nosotros negamos a Dios en cuanto Dios, pues nos ponemos por encima de El. Dejamos de lado toda dimensión de amor, de la escucha interior, y solo reconocemos como real lo que podemos tener y manejar. Quien piensa de este modo, se convierte a sí mismo en Dios y, con ello, no solo degrada a Dios, sino también al mundo y a sí mismo ¿Conocemos realmente a Jesús? ¿No debemos esforzarnos por conocerlo?
Presentemos el cristianismo como lo vivamos. A Cristo como lo amemos y la fe según lo que sea realmente para nosotros.
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Luis Javier Moxó Soto
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