Ha muerto una gran mujer del siglo XX y XXI: Irena Sendler
17.05.08 @ 22:25:00. Archivado en José Ángel Crespo Flor, PAZ, VIDA, Títulos prestados, FAMILIA, MISIÓN, TESTIMONIOS, COLABORACIONES
Un rosario por "una de las más heroicas salvadoras católicas del Holocausto": Irena Sendler que salvó la vida a 2.500 niños judíos y que falleció el pasado 12 de mayo a la edad de 98 años

(Desde El Canyamelar de Valencia José Ángel Crespo Flor).- Cuando hemos traspasado el ecuador de Mayo. Mes que se dedica por entero a la virgen María nos llega la noticia de la desaparición de una gran mujer: Irena Sendler. A lo largo de su vida padeció mucho, sobre todo en tiempos del Holocausto nazi. Se ha ganado por lo tanto el descanso eterno. Esta mujer fue una adelantada a su tiempo y pregonó "Los Derechos Humanos como un bien de la persona humana sea cual sea su sexo, religión, nacionalidad o cultura".
No puedo por lo tanto, dejar de proponer -nunca obligar- a que recemos un Rosario por esta gran mujer que aún a costa de poner en peligro de muerte su propia persona fue capaz, con su arrojo y valentía de salvar de una muerte segura a más de 2.500 niños judíos. También les adjunto la plegaria en honor a la Virgen del Rosario que completó en el 2003 el prestigioso notario de valenciano Vicente Luis Simó Santonja, un erudito del saber, completando así el trabajo que realizó en 1995, entonces con los tres misterios tradicionales de siempre (Dolor, Gozo y Gloria).
Irena no pudo cumplir aquí, en la tierra, el centenario. Le han faltado dos años...
Esos dos años los tendrá, a buen seguro que multiplicados por la eternidad, en el cielo.
Su muerte ha servido para que se hablase de esta mujer pero estoy convencido que Irena Sendler va a continuar estando viva para muchos que, conociendo lo que hizo con los niños judíos, la tomen como una abanderada de Los Derechos Humanos. Y abundamos mucho en esta Declaración Universal de los Derechos Humanos por cuanto estamos conmemorando su 60 aniversario. Un hito, importante y que debe de servirnos para que releamos esta Declaración Universal, la hagamos nuestra y obremos en consecuencia.
Su padre un médico, que falleció de tifus cuando ella era todavía pequeña, le inculcó lo siguiente: "Ayuda siempre al que se está ahogando, sin tomar en cuenta su religión o nacionalidad. Ayudar cada día a alguien tiene que ser una necesidad que salga del corazón".
Adentrémonos ahora a una frase que la hizo suya, y fue cómo su gran aliada.
Léanla con atención, mediténla bien, y verán como esta asiste social católica logró que ahora que se ha muerto todo el mundo la reconozca como una de las polacas que más han influido a la hora de establecer la nueva Polonia y por consiguiente la Europa que todos conocemos hoy en día. Les dejamos con esta frase.
³Como se plantan las semillas de comida, se plantan las semillas de bondad.
Traten de hacer un círculo de bondades, y éstas les rodearán y les harán crecer más y más".
En 1943, fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada. En su celda encontró una estampa de la Divina Misericordia con la leyenda: "Jesús, en vos confío", que conservó consigo hasta 1979 cuando se la obsequió a Juan Pablo II. Este detalle, encierra lo que fue la vida de esta gigante de la humanidad. Un personaje que ha de continuar vivo para que su ejemplo sea nuestro mejor aliado y su arrojo y valentía, una consigna que debemos tener presente a tiempo y destiempo. Otra frase que está entresacada de una de las muchas entrevistas que le realizaron en vida. Cuando a Irena Sendler le preguntan porqué hacía eso: salvar a tantos niños judíos ella contestaba con aplomo y sin titubeos: "La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad", cuenta
LA NOTICIA EN ZENIT
Irena Sendler, conocida como «el ángel del Gueto de Varsovia» por haber salvado del Holocausto a 2.500 niños judíos, falleció este lunes en Varsovia a la edad de 98 años.
Irena era una asistente social polaca quien organizó y dirigió un grupo de más de 20 personas para salvar de la muerte segura a esos pequeños en ese barrio de la capital polaca bajo la ocupación nazi. Como ella explicó después, pudo realizar esta labor gracias a la ayuda de religiosas polacas.
La Fundación Internacional Raoul Wallenberg, una organización no gubernamental educativa internacional, fundada por el argentino Baruj Tenembaum, que ha analizado y documentado numerosos casos de salvadores del Holocausto, en declaraciones a Zenit ha calificado a Sendler como «una de las mas heroicas salvadoras católicas del Holocausto».
Esta fundación con sedes en Jerusalén, Nueva York y Buenos Aires, recuerda que esta labor le llevó a Irena a soportar la tortura en la cárcel nazi y una condena a muerte que por suerte no se ejecutó.
Irena Sendler nació en Polonia en 1910. Cuando Alemania invadió el país en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia el cual llevaba los comedores comunitarios de la ciudad.
Allí trabajó incansablemente para aliviar el sufrimiento de miles de personas tanto judías como católicas. Gracias a ella, estos comedores no sólo proporcionaban comida para huérfanos, ancianos y pobres sino que además entregaban ropa, medicinas y dinero.
Para evitar las inspecciones, registraba a las personas bajo nombres católicos ficticios o las inscribía como pacientes de enfermedades muy contagiosas como el tifus o la tuberculosis.
Pero en 1942, con la designación de un área cerrada para alojar a los judíos, conocida como el «Gueto de Varsovia», las familias sólo podían esperar una muerte segura.
Irena se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos organizado por la resistencia polaca, explica la Fundación Wallenberg en su biografía enviada a Zenit. Logró obtener un pase del Departamento de Control Epidémico de Varsovia para poder ingresar al gueto en forma legal. Persuadir a los padres de separarse de sus hijos era una labor horrorosa para una joven madre como Irena. «¿Puedes asegurar que vivirá?», Irena preguntaba a los angustiados padres. Pero sólo podía garantizar que morirían si se quedaban. «En mis sueños, todavía puedo oírlos llorar cuando dejaban a sus padres», decía después.
Tampoco era fácil encontrar familias que quisieran darle cobijo a niños judíos. Comenzó a sacar a los niños en una ambulancia como victimas del tifus, después tuvo que utilizar cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercadería, bolsas de patatas, ataúdes...
El rescate de un niño requería la ayuda de al menos diez personas. Los niños eran los primeros transportados a unidades de servicio humanitario y luego a un lugar seguro. Luego les buscaba ubicación en casas, orfanatos y conventos. «Envié a la mayoría de los niños a establecimientos religiosos»,
recordaba. «Sabía que podía contar con las religiosas». El único registro de sus verdaderas identidades de los niños lo conservaba en frascos enterrados debajo de un árbol de manzanas en el patio de un vecino, frente a las barracas alemanas. En total, los frascos contenían los nombres de 2.500 niños.
El 20 de octubre de 1943, Irena fue detenida y encarcelada por la Gestapo.
Era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos y soportó la tortura para no traicionarles. Le rompieron los pies y las piernas. «Pero nadie pudo quebrar su voluntad.
Irena pasó tres meses en la prisión de Pawiak donde fue sentenciada a muerte», explica Baruj Tenembaum.
Mientras esperaba la ejecución, un soldado alemán se la llevó para un «interrogatorio adicional». Al salir, le gritó en polaco «¡Corra!». Al día siguiente halló su nombre en la lista de los polacos ejecutados. Irena continuó trabajando con una identidad falsa.
Al finalizar la guerra, Irena desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2.500 niños que colocó con familias adoptivas. Los reunió con sus parientes diseminados por todo Europa, pero la mayoría había perdido a sus familias en los campos de concentración nazis.
Los niños sólo la conocían por su nombre clave Jolanta. Pero años más tarde, cuando su foto salió en un periódico, tras ser premiada por sus acciones humanitarias durante la guerra, fue reconocida por muchas de las personas a las que salvó.
Tras la guerra trabajó para bienestar social; ayudó a crear casas para ancianos, orfanatos y un servicio de emergencia para niños.
En 1965 recibió el título de Justa entre las Naciones por la organización Yad Vashem de Jerusalén y en 1991 fue declarada ciudadana honoraria de Israel.
PLEGARIA A LA VIRGEN DEL ROSARIO DEL CANYAMELAR
(V. L. Simó Santonja, 2003)
Ata, Virgen del Rosario,
a las cuentas de tu gracia
los misterios de mi vida:
que me llegue tu esperanza.
GOZO por tu Magníficat,
sea mía tu palabra
y que no pierda sentido:
que me llegue tu esperanza.
DOLOR por la amargura,
de soportar la cruz santa
y de morir con sed de amor:
que me llegue tu esperanza
LUZ por el Bautismo
y la boda deseada,
Eucaristía y figura:
que me llegue tu esperanza.
GLORIA en la paz angélica,
mientras huérfana por falta
el alma solo ansía:
que me llegue tu esperanza.
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Luis Javier Moxó Soto
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