Cristianos venidos del Islam
06.05.08 @ 23:21:00. Archivado en PAZ, ¿Rezamos?, VIDA, LIBROS, Enrique Calicó Bosch, MISIÓN, TESTIMONIOS, COLABORACIONES
Cristianos venidos del Islam. Historias de musulmanes convertidos al catolicismo - Giorgio Paolucci y Camille Eid. – Libros Libres.

Por Enrique Calicó Bosch
Este libro me ha venido a dar respuesta a una pregunta que me he venido haciendo hace más de treinta años: “¿Encontrarán los inmigrantes venidos del este y del sur el testimonio que Dios nos pide a los católicos? ¿Este testimonio de vida que atrae y convence? A medida que iban pasando los años, me volvía más pesimista al ver cómo el laicismo radical iba ganando terreno en una sociedad vuelta de espaldas a Dios, con un aumento constante de matrimonios rotos, un incremento incesante de abortos, de la desaparición de lo que significa pudor, fidelidad, castidad y un largo etcétera.
Pero Dios, una vez más, me ha salido al paso con su sorprendente forma de actuar, sin grandes triunfos espectaculares. Rompiendo las apariencias exteriores de nuestra sociedad occidental, “el grano germina discretamente de noche fuera de la mirada de curiosos sin que éstos sepan cómo”. Porque debajo de esta capa de desorden desenfrenado hay una gran cantidad de “Perlas finas de gran valor” repartidas por doquier. Y quien encuentra una, vende todo lo que tiene para hacerse con ella.
Tan pronto cae el libro en las manos y se lee la contraportada, sorprende lo que dice: “en nuestro país (habla sólo de Italia) son ya centenares los musulmanes que se han convertido al cristianismo en los últimos años (…), se ven obligados a llevar una vida semiclandestina por temor a venganzas…” --¿Por qué? nos preguntamos--. “Quien abandona el Islam es considerado un traidor (…), va directo al encuentro de discriminaciones y amenazas y en algunos países islámicos el acusado de apostasía pierde sus derechos civiles, con riesgo de pena de muerte y confiscación de todos sus bienes…”
Una pequeña “nota editorial” antes de sumergirnos en el libro ya nos previene de quien abandona la umma (la comunidad de los seguidores de Mahoma) es perseguido en términos legales, sufre discriminaciones y violencias, incluso fuera de su tierra de origen, y esto a pesar de las “encendidas discusiones sobre la pena a infligir a los apóstatas” iniciadas por los llamados “reformadores que se empeñan en conciliar la fe musulmana con los Derechos del Hombre y luchan por un Islam con un rostro humano”. ¿Y la comunidad internacional? Aún son pocas y débiles las voces que piden respeto a la libertad religiosa.
Sin embargo es un hecho real que centenares de musulmanes “fascinados por su encuentro con la experiencia cristiana, su anhelo resulta más fuerte que los condicionamientos de naturaleza jurídica, social y cultural que se encuentran a lo largo del vertiginoso camino de la conversión”. Es decir, no sólo es un cambio interior de vida, sino que además se ven obligados a abandonar país, amigos, costumbres y en algunos casos incluso familia: “vende todo lo que tiene para comprar el tesoro encontrado”. (Mt. 13-45)
Antes de entrar en la historia individual y el camino seguido por los conversos, el sacerdote jesuita Samir Khalil Samir nos pondrá un poco al corriente de la ley islámica, el porqué de tanta persecución, que es lo que dice El Corán y la Sunna (la tradición islámica) sobre la apostasía que parece “configurarse como un delito en el cuadro de la interpretación tradicional del Islam”. Más aún, para los fundamentalistas, este delito se “describe” tanto en el Corán como en los “hadith (los dichos del profeta, aunque algunos son de dudosa procedencia). Sin embargo los entendidos afirman que El Corán contiene “una orientación general favorable a la libertad religiosa”. De las catorce citas señaladas en el libro acerca de la apostasía, sólo una prescribe “un castigo doloroso en la vida de acá y en la otra”. Las demás, el “castigo” es en el más allá. Por otro lado se sabe que Mahoma no ejecutó a nadie en nombre del “crimen de apostasía”, e incluso intervino para impedir lo hicieran sus fieles. En conclusión, la pena de muerte por apostasía, tan arraigada en el mundo islámico, no tiene fundamento en el texto del Corán, ni en la “sunna” ni en los “hadith”. Según los liberales es una invención de los juristas promovida por motivos políticos, que además dan poderes a cualquier miembro de la sociedad islámica a ejecutarla cuando la autoridad sea incapaz.
Otro punto en consideración son las “libertades declaradas y libertades negadas”. La libertad de conciencia en la realidad, en la práctica, o bien es negada o bien con muchas limitaciones en distintas partes del mundo. El artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos de Hombre, aprobada en 1948, afirma que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o credo y la libertad de manifestar aisladamente o en común, en público o en privado, la propia religión o credo en la enseñanza, en las prácticas, en el culto y en la observancia de ritos”. Sin embargo los documentos “paralelos” elaborados por instituciones internacionales islámicas no son igualmente explícitos. Tanto la “Declaración Islámica de los Derechos Humanos”, presentada en París el 19 de septiembre de 1981, como la “Declaración de los Derechos del Hombre en el Islam”, aprobada en el XIX Congreso de la OCI (Organización de la Conferencia Islámica) celebrado en El Cairo en agosto de 1990 con la participación de 45 ministros de Asuntos Exteriores, el fundamento y sujeto último del derecho es Dios cuya voluntad expresada precisamente en la Sharia salida del Corán y de la Sunna, determina los derechos y deberes de los individuos y de la colectividad. Es decir, ambas declaraciones se ordenan a la ley islámica y por tanto no se pueden considerar Universales y sólo van dirigidas a las sociedades islámicas. Además, las versiones francesas e inglesas de la Declaración de 1981 no se corresponden a la versión árabe con diferencias precisamente en el punto que estamos tratando. Todo derecho de libertad, de asociación, religiosa, de conciencia, queda neutralizado en una postilla que la condiciona y somete a la Sharia.
A continuación podremos leer el testimonio de un puñado de conversos, unos pocos, suficientes, para dar una idea de que realmente es la “punta del iceberg” sin que se tenga una idea cuantitativa ni censo alguno. Ante los miedos a un “exacerbado espontáneo vengador de la traición del apóstata” se precisa para la mayoría callar y pasar desapercibido. Algunos de los descritos han preferido dar un pseudónimo por nombre. ¿Pero qué es lo que ha movido tantos corazones? Hay varios denominadores comunes; y a veces la chispa es algo insignificante, casual, a la que la mayoría no daríamos importancia, pero que demuestra que detrás de todo está Cristo llamando a la puerta y si se le abre “entraremos y haremos morada”. Cosas tan pequeñas como una felicitación navideña, el olor a incienso, sintonizar por casualidad “Radio María” buscando una radio italiana con el fin de aprender el italiano…
A todos les empuja las ansias, la sed de Dios. El Islam les ha dado la fe, pero sienten la necesidad de ese Dios, de acercarse, de descubrirlo, saber de Él; hacen preguntas que los suyos no pueden contestar y las respuestas que encuentran son órdenes tajantes de no preguntar más y sumisión absoluta, y amenazas de que si continúan por ese camino, serán denunciados. Por el contrario, a medida que se interesan por el Evangelio, van descubriendo a un Dios Trino, un Padre amoroso y cercano que manda a su Hijo para convivir con los hombres, Dios y Hombre, que voluntariamente por amor y obediencia al Padre muere en la cruz para salvar a todos los hombres, y que se da por entero y permanece con nosotros hasta el final de los tiempos. Y sus preguntas encuentran respuestas apropiadas en personas que les salen al paso y que además están llenas de alegría y bondad, y se dan cuenta que es Jesús quien les llama, que les habla del perdón, no sólo tres veces sino setenta veces siete; y que hay que amar incluso a los enemigos. ¡Sorprendente!
Encuentran sentido a su vida: ¿Por qué me ha creado? ¿Qué espera de mí? Se leen expresiones tales como:”No es la existencia de Dios, sino su presencia en nuestras vidas, una presencia capaz de cambiarlo todo…”. “¿Casualidades? Todo lo ha puesto en mi camino, personas, libros, cuadros, imágenes, discursos y sermones”. “Por sus testimonios, más que por las páginas de los libros” (esa recuerda una de las frases del P. Pío: “En los libros se busca a Dios, en la oración se le encuentra”).
“He descubierto una nueva dignidad de ser mujer”. “He encontrado en el cristianismo el cumplimiento de lo que buscaba en el Islam”. “Sentía como mi corazón se volvía cada vez más cálido, un calor y una dulzura”. “Los cristianos cuando rezan, le llaman “Padre nuestro”: Él no entiende por qué, pero queda turbado”. “Sentía un fuerte deseo de un Dios con el que dialogar”.
“Allí comencé a comprender que quiere decir conversión: te sientes amado por un amor más grande que el tuyo y la vida empieza a cambiar”.
“No me siento ‘traidor’ del Islam, más bien encuentro en Cristo el cumplimiento de mi búsqueda, el rostro amoroso del Misterio”. “Siento en mi interior la presencia del Señor”.
Y para no extenderme más, acabaré con una cita de la página 165: “Osman comprende que orar no es postrarse hasta tocar la tierra con la frente, sino ofrecer el corazón a Quien ha ofrecido su vida por todos los hombres, a Quien subió a la cruz”.
Todas estas expresiones (y muchas más) no son gratuitas ni fruto de un momento de euforia, pues están cinceladas con persecuciones, huidas, privaciones, dolorosas separaciones familiares y una vida en semi clandestinidad.
La parte final del libro contiene dos apéndices. El primero es un breve repaso de la situación legislativa de cada país islámico y los riesgos consecuentes que corre cualquier converso.
El segundo, y como guinda, detalla la impresionante conversión de Afif Osseiran, el musulmán que se hizo sacerdote y llegó a bendecir a S.S. el Papa Pablo VI.
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Luis Javier Moxó Soto
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