En cristiano

Greccio, el primer belén

Por Carmen Pérez Rodríguez

El año litúrgico de la Iglesia, nos lo recordaba el Papa cuando aun era el cardenal Ratzinger se ha desarrollado ante todo, no desde la consideración del nacimiento de Cristo, sino desde la fe en su resurrección. La fiesta originaria de la cristiandad no es la Navidad, sino la Pascua. De hecho, como dice S. Pablo, sólo la resurrección ha fundamentado la fe cristiana y ha hecho existir a la Iglesia. Ser cristiano significa vivir todo desde la resurrección, que celebramos todos los domingos del año. Seguramente el primero en afirmar que Jesús nació el 25 de diciembre fue Hipólito de Roma, en su comentario a Daniel, escrito más o menos en el año 204 d.C. Según él en el evangelio de Lucas los relatos del nacimiento del Bautista y del nacimiento de Jesús están referidos uno al otro. De esto se seguiría que ya Lucas en su evangelio presupone el 25 de diciembre como día del nacimiento de Jesús. En este día se conmemoraba por aquel entonces la fiesta de la dedicación del Templo, introducida en el año 164 a.C por Judas Macabeo; de ese modo la fecha del nacimiento de Jesús simbolizaría al mismo tiempo las dos fiestas: ya que con Jesús apareció la luz de Dios en la noche invernal, y al mismo tenía lugar la verdadera dedicación del templo: la llegada de Dios en medio de esta tierra. Y así debió empezar la celebración de la fecha del nacimiento de Jesús. Sea como fuere la fiesta de Navidad no adquirió en la cristiandad una forma clara hasta el siglo IV. Pero vamos a Greccio como el lugar en el que tuvo la primera celebración del “tradicional belén”

Greccio es una pequeña población situada en Umbría, no muy lejos de Roma, entre Roma y Asís, en la pendiente del Monte Lacerote. Lagos y montañas le dan su encanto y belleza especial. El convento franciscano situado a 638 metros de altitud ha permanecido sencillo, como la pequeña aldea que está a sus pies. A Francisco de Asís le gustaba mucho este lugar por su simplicidad, y sencillez. Se retiraba a descansar a menudo. Pobreza, simplicidad, silencio. Este era el ambiente indicado para la contemplación del Creador y de lo creado. Y aquí es donde S. Francisco grabó de nuevo el misterio de Belén en los sentimientos de los hombres. Muchos de sus habitantes, empezando por Juan Velita, señor de Greccio, profesaron la Regla de la Tercera Orden y llevaban una vida austera en sus propias casas. Pues, como decía esta pequeña población es la cuna, en el siglo XIII de la tradición del Belén. S. Francisco con su profundo amor al hombre Jesús, Dios con nosotros, vivía con una alegría indescriptible la Navidad y materializó lo que él decía que era la fiesta de las fiestas, pues en este día Dios se hizo niño pequeño, y mamó leche como todos los niños. S. Francisco abrazada con ternura y devoción las imágenes que representaban a Jesús, hecho niño, y balbuceaba, como los niños, palabras tiernas. Y así surge la famosa fiesta de Navidad de Greccio. Sentía el deseo de vivir Belén de forma totalmente presencial, experimentar la alegría del nacimiento del niño Jesús y de compartirla con todos sus amigos. De la celebración de la noche junto al pesebre habla Celano, el primer biógrafo de Francisco de Asís, de una manera que ha conmovido al mundo y al mismo tiempo ha contribuido decisivamente a que pudiera desarrollarse la más bella tradición navideña: el pesebre. Ciertamente Greccio nos ha regalado la fiesta de Navidad de forma nueva, de forma franciscana, con ese especial calor que el pobre de Asís siente en la humanidad de nuestro Dios. La resurrección había centrado la mirada en el poder Dios que nos redime y salva, supera el dolor y la muerte. Ahora en Greccio, Francisco quiere hacer visible el indefenso amor de Dios, su humildad y bondad, su ternura, su auténtica y real encarnación, su hacerse hombre desde el seno de una madre que le da a luz. Nos quiere enseñar una nueva forma de amor y vida, como el mundo entero lo ha reconocido.

En aquella primera materialización de la noche de Navidad, tal como se había previsto y preparado, la gente del castillo se dirigió al lugar donde vivían los frailes cantando y con antorchas. Y en medio del bosque en una gruta, se preparó conforme a las indicaciones de Francisco, un altar sobre un pesebre, junto al que habían colocado una mula y un buey. “Quisiera evocar con todo realismo el recuerdo del niño, tal y como nació en Belén, y todas las penalidades que tuvo soportar en su niñez. Quisiera ver con mis ojos corporales cómo yació en un pesebre y durmió sobre el heno, entre el buey y el asno”. Aquella noche como escribe Tomás de Celano, Greccio se convirtió en una nueva Belén. La gruta se transformó en capilla el mismo año de la canonización de S. Francisco, y se conserva casi intacta, con la roca que sirvió de altar y de pesebre. Greccio ha contado al mundo entero el regalo de Francisco de Asís para todo el que sepa verlo: el descubrimiento de la revelación de Dios, que se encuentra en el Jesús, recién nacido.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Martes, 22 de enero

    BUSCAR

    Editado por

    Síguenos

    Hemeroteca

    Enero 2019
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031