Luis María
25.05.07 @ 00:00:00. Archivado en Autor del blog, PAZ, Documentos, ¿Rezamos?, VIDA, EDUCACIÓN, FAMILIA, MISIÓN, TESTIMONIOS, JUVENTUD
Por Luis Javier Moxó Soto

El próximo 12 de junio hará 23 años que se fue "a la otra orilla" (como a él le gustaba referirse al Cielo), para la cual tenía siempre "las maletas preparadas" (como también decía), aunque fue de madrugada, sin molestar y en silencio, tal como fue su vida.
Por ello es menester, aunque sólo sean unas líneas, dedicarle un profundo homenaje y reconocimiento. Nació en Deusto (Vizcaya) y con orgullo decía ser vasco, pero "antes de nada y sobre todo español". Se quedo huérfano de padre cuando más lo necesitaba, apenas tenía quince años cumplidos, de una manera trágica se lo arrebataron y jamás se le oyó una mala palabra contra los causantes.
Integraba muchos contrastes armónicamente: fuerte de complexión y de corazón compasivo, muy estudioso y de humor muy fino. También era de gran fluidez verbal y tímido, confiado y respetuoso, muy familiar y dedicado al trabajo. Era noble (con título de Barón, incluso) sencillo, paciente y enérgico, orgulloso y consciente de sus límites, sacrificado y feliz,...
Su madre fue la primera en descubrir que, con esa su forma de ser y expresarse, conquistaba a cualquiera, porque valoraba y destacaba el fondo bueno de la humanidad de cada uno.
Gran aficionado al deporte, llegó a jugar al hockey sobre hierba en Santander, donde pasó su infancia hasta los 37 años. Su equipo de fútbol del alma era el Athletic Club de Bilbao, aunque fuera socio del Real Madrid por un compromiso y residir en la capital desde el 67. Le gustaba seguir los partidos con la imagen televisiva y la voz radiada de José Mª García, Héctor del Mar,… También le interesaban los encuentros de boxeo de Urtain, Evangelista, Legrá,....
Buscador infatigable de la justicia, desde su bufete de abogado, se preparaba concienzudamente cada caso, como si en ello le fuera la vida y si encontraba en la otra parte una menor preparación nunca menospreciaba a nadie.
Cabeza de una familia de cinco hijos, su mayor interés era que fueran “hombres y mujeres de provecho el día de mañana”, que no perdieran el tiempo y fueran felices. Esto lo procuraba activamente con su mujer, con gran tesón, no escatimando esfuerzos del tipo que hiciera falta para dejar el pabellón de la familia “bien alto”.
Muy humano y religioso a la vez, para él era muy importante la coherencia y tener “bien preparadas las maletas”, por si había que dar cuentas en cualquier momento de la propia gestión de la vida ante Dios.
Se puede decir de él, sin faltar a la verdad, que fue una persona genial, un esposo inigualable, un padre maravilloso, un abogado ejemplar, … todo un caballero, noble y cristiano. Hace casi 23 años que murió, pero él sigue actuando aquí y en el cielo, llevando los casos de los que más le necesitaron en vida. Su familia sigue dando fe hoy que esto es cierto.
El pasado miércoles me tocó dar una charla sobre la resurrección y me acordé mucho de él, de mi padre. Siento que ha llegado totalmente a la plenitud, a la gloria, a la bienaventuranza, de los hijos de Dios. Y estaba ahí, su hijo, dando testimonio ante un grupo de feligreses de una parroquia.
Se me quedan muy cortas las palabras y es mejor que hablen las suyas al corazón de todos, para completar su gran semblanza. Tengo delante aquí, ahora mismo, una carta que tuve la dicha que él me escribiera, a su hijo mayor (de una familia de tres chicos y dos chicas), a mis 23 años y medio, casi unos tres meses antes de morirse él, cuando yo me encontraba en un Noviciado, preparándome para los estudios eclesiásticos de la carrera sacerdotal. Posteriormente, en 1987, cambié de rumbo, pero sus letras, lo más esencial de ellas, las llevo grabadas en mi corazón, como no podía ser de otra manera.
Aclaro que a su carta le precedió una mía en la que me sinceraba del todo con él, por el día del padre, y le pedía perdón y agradecía todo lo que hasta ese momento había tenido y vivido con él.
Como testimonio cristiano de un buen padre que fue y es, con VOCACIÓN DE PADRE DE FAMILIA CRISTIANA, que tanta falta hoy nos hacen, quiero compartir esta carta del AMOR DE UN VERDADERO PADRE, con todos (sin poner ni quitar una tilde, salvo dos correcciones que pongo entre paréntesis). Que os aproveche. El comentario a la lectura de 1 Juan 3, creo que es o trata de ser mi vida entera.
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25. MARZO. 1984
Queridísimo hijo Luis-Javier:
Recibí tu carta con motivo del "DÍA DEL PADRE", y te agradezco las felicidades que me deseas en ese día, así como las palabras y pensamientos que me dedicas, que no las merezco.
Reconozco que, desde que estás en el Noviciado, no te he escrito con la frecuencia con que debiera ni he contestado a las cartas que nos has escrito, y he dejado que tu madre lo hiciera, en plan comodón, y por ello, te pido perdón, pero achácalo a mis preocupaciones.
Sin embargo, te diré yo que aunque ahora no convives con nosotros, nos acordamos constantemente de tí.
No hay duda, que tu falta de presencia física, la sentimos y quisiéramos en muchos momentos que estuvieras a nuestro lado, pero este egoísmo lógico nuestro, lo dejamos a un lado, pensando que tu ahí estás forjando tu verdadero porvenir y la Felicidad completa, como es el servir a Dios, y llegar a ser algún día MINISTRO DE DIOS.
Todas mis oraciones, y las de los de casa, van orientadas, para que esa VOCACIÓN SACERDOTAL, pues condiciones creo que las tienes: has tenido siempre buenas costumbres (que hemos procurado inculcarte, nosotros, tus padres) y tienes los mejores deseos de consagrarte al servicio de Dios.
Créeme, que te admiro, pues esa VOCACIÓN SACERDOTAL, entraña toda clase de privaciones, de renuncias y privaciones-sacrificios, que no todo el mundo puede soportar, y sin embargo, la existencia de tantos religiosos y misioneros, nos hace pensar también en esa fuerza sobrenatural con que Dios alienta y ayuda a los elegidos por la llamada de Dios.
En estos momentos en que vivimos, faltos de fe, en que la falta de religiosidad se nota cada vez más, y en que no vale la pena vivir (si no es) con el espíritu de CRISTO, es cuando admiramos más tu gesto y la grandeza de tu futura dedicación.
No nos tienes que dar gracias, por lo que hasta (ahora) te hayamos podido dar, pues lo hemos hecho con gusto y con nuestros mejores deseos de que te hubieran sido útiles y porque lo hemos considerado como el cumplimiento de un deber, aún a sabiendas de que hemos podido hacer por vosotros más de lo que hemos hecho.
Con relación al perdón que me pides, te diré que no hace falta que te lo dé, porque no hace falta, ya que las preocupaciones, disgustos y enfados que nos has podido originar han sido los lógicos de un buen hijo de familia, pero sin llegar a mayores.
Sé que me quieres, lo mismo que yo a tí, porque también te conozco y te comprendo, y sé que lo que me escribes, lo sientes de verdad.
Y pasando a otra cosa, te diré que como sabes, tu madre y yo, formamos parte de la Asociación de Matrimonios ACIT, y nos reunimos una vez al mes, bajo la dirección del P. Alejandro Martínez Sierra, S.J., en cuya reunión solemos leer un pasaje de la Biblia. La próxima vez nos ha tocado a tu madre y a mí leer y comentar de la EPÍSTOLA I DE SAN JUAN. 3 Capítulo. Que empieza: "Ved que amor nos ha mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios y lo seamos. Por esto el mundo..." (Hasta el capítulo 4).
Quisiéramos que tu que estás más versado en la materia, nos hagas un comentario de esta lectura.
Este trabajo, lo necesitamos para el día 27 de Abril, próximo, y lo iremos a buscar un domingo de estos.
Recibe un fuerte abrazo de tu
Padre
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