Una luz nueva
30.04.07 @ 23:00:00. Archivado en LIBROS, EDUCACIÓN, MISIÓN, TESTIMONIOS, COLABORACIONES, JUVENTUD, Carmen Pérez Rodríguez
Por Carmen Pérez Rodríguez

Eso es lo que se siente al leer el libro “La sexualidad según Juan Pablo II”. Es importante que veamos claro lo que significa en nuestra vivir cotidiano que Dios ha asumido nuestro cuerpo en Jesucristo, el entender de una vez que El, Jesucristo, hombre y Dios, es el camino, la verdad y la vida, pero en cada momento y circunstancia. Somos unos cobardes, no nos atrevemos a vivirlo con todas las consecuencias. Vivimos como si tuviéramos nuestros problemas, relaciones, trabajos, asuntos y además la cuestión de que existe Dios, un Dios que se hace hombre. Esta es la raíz del problema, el dualismo dichoso de nuestra vida. Al leer estas catequesis del Papa sobre El enfoque inédito de la sexualidad, El plan de Dios sobre la sexualidad humana, El pecado, el deseo y la concupiscencia, El matrimonio, la Redención y la Resurrección, La sexualidad y la santidad, digo que, al leerlas, es como si estuvieras en un lugar sin sol, sin luz, en penumbra y tiniebla y, de pronto, todo se inundara de luz. Y también, como si estallara lo que tanto tiempo estaba en el interior y no sabías expresarlo así. No puede haber espiritualidad conyugal sin una comprensión profunda de la naturaleza del cuerpo y del plan divino de amor de Dios sobre este cuerpo. Sin, ello, ni siquiera puede haber espiritualidad cristiana simplemente, pues forma parte de nuestra naturaleza ser seres encarnados y, no podemos aceptar a Dios del todo, sin aceptarle con su plan de encarnación. El cuerpo humano es la cima de la Creación divina. Ahí encuentra su dignidad, su vocación y, aunque nos plantee dificultades admitirlo, la razón de su esplendor. El Papa Juan Pablo II quiere proporcionar las claves de la comprensión de nuestro cuerpo a la luz del plan divino rechazado por el hombre, restaurado por Cristo y proclamado por la Iglesia
El autor, que ha tenido la buenísima ocurrencia de presentar estas catequesis de Juan Pablo II, es casado y padre de siete hijos, profesor de la Facultad Libre de Filosofía de París. Entusiasmado, como el que realmente ha encontrado un tesoro, quiere divulgar las enseñanzas de Juan Pablo II sobre la sexualidad humana. Conoce muy bien la trayectoria del Papa, Karol Wojtyla, que siempre se destacó por sus preocupaciones antropológicas y sobre el matrimonio. En el primer capítulo. “Un enfoque inédito de la sexualidad”, plantea la dificultad que entraña conjugar lo que hay en nosotros de espiritual y lo que hay de carnal. El ámbito más claro de esto es el matrimonio como lugar de ejercicio normal o habitual de la sexualidad. Hay que acabar con esas posturas que creen que el cristianismo no tolera la sexualidad más que como un mal menor, necesario para la reproducción, y que circunscribe el cuerpo, despreciado, en un halo de vergüenza y culpabilidad. O sea que Dios no es el Sumo Creador, el Sumo Amor. Como si toda la dinámica corporal estuviera al margen de Dios, no hubiera sido creada por El. En los primeros tiempos del cristianismo, un filósofo pagano como Celso, neoplatónico y adversario del cristianismo, designaba peyorativamente a los cristianos con el apodo de “el pueblo que ama al cuerpo”.
El desarrollo del pensamiento de Karol Wojtila sobre el matrimonio y la sexualidad es un verdadero tesoro para la Iglesia de Cristo y para toda la sociedad que quiera vivir de ello. En 1960 publica, en el número de diciembre de la revista Znak, la pieza teatral sobre el matrimonio con el nombre de “La tienda del orfebre”. La publica con un seudónimo Andrzej Jawien , nadie pensó que el autor podía ser un sacerdote, Pero es que en 1950 en la parroquia de S. Florián de Cracovia donde el sacerdote Karol Wojtyla lanza un programa de preparación para el matrimonio. Su carisma para hablar del amor cristiano con sencillez y sin apuros significó una verdadera riqueza. Juan Pablo II confió más adelante que fue allí donde “aprendió a amar el amor humano” Nuestra ventana abierta nos muestra un texto sencillamente genial: El apetito sexual es un don de Dios. El hombre puede ofrecer ese apetito a Dios, exclusivamente, a través de un voto de virginidad. Puede ofrecerlo a otro ser humano, siempre que sepa que se lo ofrece a una persona. No puede tratarse de un acto al azar. Al otro lado se halla también un ser humano que no desea que le hagan daño, alguien a quien uno debe amar. Sólo una persona puede amar a otra. Amar significa desear el bienestar del otro, ofrecerse por el bien de otro. Cuando, como resultado de darse a uno mismo por el bien del otro, comienza a existir una nueva vida, debe tratarse de una entrega que surge del amor. En este terreno no debe separarse el amor del deseo. Si respetamos que el deseo forma parte del amor, no violaremos el amor”. Con este sentido del amor qué personas, qué familias, qué sociedad tendríamos. Siendo aún joven sacerdote aprendí a amar el amor humano. Este es uno de los temas sobre los que centré mi sacerdocio en el púlpito, en el confesionario, y a través de la palabra escrita. Si se ama el amor humano, nace también la viva necesidad de dedicar todas la fuerzas a la búsqueda de un “amor hermoso” dice Juan Pablo II en “Cruzando el umbral de la esperanza”. Nos importan las preguntas y respuestas concretas sobre cómo vivir.
Comentarios:
ami me gustaria sabe por que el papa juan pablo habla tando de la sexualidad si el no se caso.
Primeramente porque no se casan los
curas si:en mateo 8:14 dice que el primer papa Pedro tenia suegra eso significa que estaba casado. en 1 cor. 7:7 dice que si no se tiene el don que pablo poseia entonces hay q casarce.
I Timoteo 4.1 dice que el selibato es doctrina de demonios.
hasta pronto
Si Carmen es cierto, me pasa igual, yo encuentro como una luz en estas enseñanzas del santo padre y sigamos buscando esas luces para otros aspectos de nuestra vida en Cristo y sus apóstoles.
Hsata pronto
Gaby
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Luis Javier Moxó Soto
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