En cristiano

La defensa de la vida por encima de la de lazos, banderas, monumentos, palabras, instituciones y partidos

12.03.07 | 23:55. Archivado en VIDA, Ojo de Águila, TESTIMONIOS, COLABORACIONES
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Por Ojo de Águila

La defensa de la vida no tiene que ver, en el fondo, con ninguna sigla política ni con nada más que con la esencia de nuestra humanidad: origen y destino común de un pueblo, el nuestro, que podría vivir con más paz hoy en día.
Siempre será mucho más importante la vida y sus valores que el signo, nombre,... de la persona, partido o institución que las defiendan. A mí me parece que es absurdo y necio pensar lo contrario. Y cuando se da más importancia o trascendencia, en este caso al mensajero que al mensaje, se pervierte éste último. Tendemos a politizar y a agrupar dentro de nuestro prejuicio según quien diga tal o cual cosa, aunque sea verdadera.

Porque en el fondo qué más me da a mí o a usted quien sea el que diga lo que sea si su palabra en este caso y sobre este u otro tema son verdaderas. Pues no señor, porque es tal o cual persona, y porque pertenece a esta u otra institución, o porque me cae así o asá, no lo acepto (o sí). Nada más falso que juzgar la verdad por quien y cómo la dicen, dejando a un lado lo que se dice, ya sea en forma de anuncio o denuncia.

Estoy convencido que defender la vida, desde el primer instante en que ésta se verifica hasta su fin natural, es anterior a cualquier palabra de nadie, a cualquier color, a cualquier bandera y a lo que diga o deje de decir ningún político o quien sea. Es el VALOR de los demás valores.

Pretender politizar todo es el síntoma de una gran decadencia. Hay valores que a estas alturas no deberíamos de discutir sobre su veracidad, autenticidad e importancia. Hay valores que no deben ser exclusivos de ningún programa, sino de todos, es totalmente absurdo y sin sentido. Respecto de la vida, no se entiende que se hagan recortes o “apaños” a su derecho, o se despenalice en determinados casos su agresión o vulneración.

Hay quienes defienden la vida, la paz, la seguridad, la educación, ... y no por ello están en contra de ningún partido y a favor de otro, si no que habría que percatarse sin ningún tipo de prejuicio (examinémonos todos bien de esto) si acaso aquello que anuncian o denuncian estas personas, estén donde estén y formen parte o no de la institución que sea, están más a favor que en contra de nadie.

No creo que a quien cree y defiende firmemente los valores, el primero el de la defensa de la vida, le guste politizar o que le politicen sus palabras o discursos.

¡Qué casualidad que sea la Iglesia Católica la más atacada ahora también porque tenga que sacar las castañas del fuego “sociales” (que no políticas, no nos confundamos), acerca de la defensa de la vida (y de los demás derechos humanos), en estos últimos tiempos y no lo hagan quienes les corresponde en primera instancia y en todos los casos!

¿Faltan políticos y gobernantes de verdad (no sólo con "carisma" de buena imagen u oratoria) y que lleven a la verdad común, que no confundan y no sean confusos hasta para los de su propio partido y votantes? Más bien no hay pactos ni consenso cuando quienes les votamos lo esperamos de corazón. Más bien les vemos enfrentarse, darse la espalda y discutir insultos contra insultos. Eso no es lo que espera el ciudadano, contribuyente, o votante medio. Como tampoco es cierto que todo se resuelva en elegir entre una y otra lista cerrada de candidatos, cada vez menos representativos de la voluntad popular, cada vez menos soberana de hecho.

Y es que todos, en el fondo, y pese a nuestras diferencias y pasividades, estemos en el lugar ideológico o político que estemos (que eso en el fondo es lo de menos), no queremos contentarnos con lo menos malo, sino con el bien mejor para todos, el bien común, que no vemos manifestarse por muchos lugares en el espacio público, sobre todo actualmente.

Menos mal que a los cristianos (sí, cristianos, de cualquier adscripción política) nos queda el consuelo de saber que la vida, siempre brota, emerge, vuelve a su cauce, por mucha distracción, desviación o mordaza política, o de cualquier otro tipo, que se le pretenda poner encima. Y quien pretenda retrasar su avance tal vez acabe derrotado por su imparable energía.

A la vida (lo sabemos muy bien los cristianos, o debiéramos recordárnoslo) no se la puede detener, ni maltratar ni derrotar impunemente, porque su Autor ya venció en Sí mismo todo lo que pretendía aniquilarla, someterla, ..., pues matando la muerte y al mentira nos dió la Verdad y la Vida.

Pero eso, que sabemos que es cierto, es un “ya sí pero todavía no” que veremos cumplirse poco a poco, pero lo veremos. Ya se cumplió en ÉL y se va haciendo en nosotros en virtud de Su Gracia. El hombre viejo va muriendo y el nuevo, en Cristo va creciendo. Donde abundó la mentira, la desobediencia, el pecado, la muerte, sobreabundará la Verdad, el abandono en Dios, la Gracia, la Vida,...

Y para conseguir el triunfo de la paz y de la vida, como el de la justicia y la verdad no hagamos caso de quien diga que tengamos paciencia que el camino es difícil o que está aquí o allí la salvación de todos los males, pues donde hay que empezar es por uno mismo.

Cuando yo y tu, y el otro, y ése que piensa tan distinto de nosotros en política, religión o en lo que sea, estemos dispuestos a ver la vida como lo más digno de ser valorado y defendido, entonces la paz vendrá sola y sin dificultad, la verdad nos hará libres (no al contrario) y la justicia dará a cada uno lo suyo.

¿A qué esperamos para salir en defensa de la vida, de la nuestra y de la que están con nosotros en este mundo cada día? Seamos conscientes de lo mucho que nos jugamos: el futuro en paz de nuestros hijos, de nuestro mundo. ¿Quién quiere parar ya de una vez la violencia dándose cuenta que sólo el perdón, la reconciliación, puede traernos la paz de Dios y hacer que vivamos en paz entre nosotros?

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Atenas 13.03.07 | 12:27

    La paz no es el valor supremo.

    Por encima de la paz está la libertad. La libertad de pensamiento, de expresión, de participación política y de no ser sojuzgado por fuerzas totalitarias, internas o externas. Y la justicia que nace de la igualdad de todos ante leyes ecuánimes que respetan esa libertad.

    Y si para defender esa libertad hay que dejar de estar 'en paz' con alguien, pues qué le vamos a hacer.

    ¿Esto no es cristiano?
    Tal vez no...
    Pero es occidental.
    Nos lo enseñaron los que de verdad fundaron nuestra civilización: los griegos.
    En estos tiempos de confusión, ellos siguen siendo una fuerza inspiradora.

Lunes, 13 de febrero

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