En cristiano

Victor Frankl y la felicidad

27.12.06 | 23:50. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Creo que esto ya lo he comentado alguna vez: un joven soldado israelí que perdió ambas piernas en la guerra del Yom Kippur. Cayó en una depresión, llegó a pensar en el suicidio. Un día la presidenta del Instituto “Alfred Adler” de Tel Aviv lo encontró transformado, francamente alegre. ¿Qué te ha sucedido?, le preguntó sorprendida y asombrada. El de dio riendo un ejemplar de la traducción hebrea “El hombre en busca de sentido” y le dijo: “este libro ha ocurrido en mí”. El propio Víctor Frankl, autor del libro, comentó: debe existir como una “autobiblioterapia”.

Yo tengo la misma experiencia, y precisamente con ese libro, y con todos los que he leído de ese formidable logoterapeuta. Pero es que muchas personas, de todas las edades, sobre todo jóvenes, con las que he hablado de “El hombre en busca de sentido”, tienen la misma vivencia. Nos comunica que lo importante es la actitud ante las diversas situaciones duras, difíciles, decisivas, límite. ¿Qué es, en realidad, el hombre? Se pregunta V. Frankl: es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración.

El hombre no es sólo un campo de batalla para los conflictos del yo, ello y super yo, ni un juguete de mecanismos y procesos condicionantes. Decir persona es hallarse continuamente confrontado con situaciones, de las que cada uno es al mismo tiempo un don y un deber. Cada situación es una llamada a la que escuchamos, a la que debemos escuchar. El determinismo es una limitación de la libertad. El humanismo es expansión de la libertad. En verdad, la libertad es media verdad. Ser libre es un aspecto del mismo fenómeno cuyo otro aspecto ser llama ser responsable. La libertad se torna arbitrariedad, si no se la vive “en sentido de la responsabilidad”. Y eso es también la razón, por la cual suele pedir el famoso logoterapeuta, que a la estatua de la libertad, en la costa este, se erija su pareja correspondiente: la estatua de la responsabilidad sobre la costa oeste. Tratar esto con alumnos de bachillerato ha sido una verdadera causa de alegría.

Dos recursos fundamentales experimentamos en el sentido de la vida de la persona: capacidad de autodesprendimiento y capacidad de autotrascendencia. La dos capacidades son básicas para la libertad.

La primera es la capacidad de desprenderse de las situaciones externas, adoptando una actitud de firmeza frente a ellas; pero el hombre no es únicamente capaz de desprenderse del mundo sino también de sí mismo (temores, miedos, condicionamientos, baja autoestima…)

La segunda significa que de hecho el ser humano apunta y está dirigido siempre a algo distinto de sí mismo, o mejor dicho, a algo o a alguien distinto de uno mismo, concretamente a valores que hay que realizar o a otros seres humanos a los que hay que salir al encuentro amorosamente.

La búsqueda del placer como fin no se opone solamente a la autotrascendencia sino que obstruye el camino a la propia consecución del placer. Cuanto más busca el hombre la felicidad más se le diluye, cuando más la persigue, más la echa de su lado. Para comprender esto, sólo debemos superar el prejuicio de que le hombre busca fundamentalmente la felicidad; lo que quiere, en realidad, es encontrar una razón para ello. Y cuando encuentra esa razón, el sentimiento de felicidad se presenta por sí solo. En cambio, en la medida en que la busca directamente pierde de vista el fundamento en que se basa y el sentimiento de dicha se desmorona. En otras palabras, la dicha debe ser una consecuencia, y no se puede lograr a voluntad. La felicidad debe presentarse como un efecto, como una consecuencia. La afirmación que todo hombre sólo aspira a la felicidad, podría, de entrada, estar equivocada.

Un aspecto fundamental de la autotrascendencia es lo que en Víctor Frankl llama “voluntad de sentido” o de significado. Si el hombre encuentra un sentido a su vida y lo hace realidad, experimenta una sensación de felicidad, pero al mismo tiempo se capacita para hacer frente al sufrimiento. Cuando le ve un sentido, el hombre está preparado incluso para dar su vida. Por el contrario cuando la ve absurda- es decir, se siente incapaz de descubrirle un sentido-, el hombre se inclina igualmente a prescindir de su vida, incluso en medio y a pesar del bienestar y la abundancia que puedan reinar en torno suyo. Como dato de esto son las tasas de suicidio en Suecia, Austria, países de buen nivel económico. Muchas personas que se someten a terapias confiesan tener un buen trabajo y éxito, pero afirman que desean suicidarse por encontrar que su vida es absurda.

Otra vía para enriquecer el sentido de la vida reside en el hecho de encontrarse con alguien. No es este mi tema de hoy, pero es la gran realidad del cristianismo: encuentro con la persona de Cristo. El amor, el amor de amistad es la gran fuerza de la vida, y desde luego la única manera de vivir la vida cristiana. Todo auténtico amor es educativo porque saca lo mejor de uno mismo. Y la verdad sin amor está muerta.

Para comprender este sentido de la vida es fundamental nuestra actitud ante situaciones que no podemos cambiar, que no está en nuestras manos cambiar: sobreponernos a nosotros mismos, crecer en las dificultades, y cambiarnos a nosotros mismos. Convertir las dificultades en triunfos. Pero hay que dejar bien claro que el sufrimiento de ninguna manera es necesario para encontrar sentido. En lo que nos insiste únicamente Viktor Frankl es que el sentido es posible incluso a pesar del sufrimiento. Siempre puedes escoger la actitud con la que te enfrentes a ese sufrimiento. Una investigación reciente, llevada a cabo por organismos de sondeo de la opinión pública en Austria, revela que quienes son tenidos en más alta estima por la mayoría de los entrevistados no son ni los más grandes artistas o científicos, ni los grandes hombres de Estado o figuras del deporte, sino aquellos que sobrellevan un duro destino con dignidad. Esto lo estoy aprendiendo en el Hospital de parapléjicos. ¡Lo que estoy recibiendo de chicos y familias¡

El tema ha sido “Viktor Frankl y la felicidad”, no “mi sentido de la felicidad”, que será otro día.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por tatina 11.09.08 | 23:31

    ssss

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