Por Carmen Pérez Rodríguez

Podemos pensar desde la razón en este anhelo infinito que hay en el ser humano de felicidad; todo lo que llamamos nuestra historia es la expresión de ese anhelo y de esa realidad. El problema es la cicatera y raquítica idea de la “razón”, la manipulación que de ella se hace a titulo de progresismo y criticismo.
Me gusta muchísimo el sentido de “razón” del que vivió y VIVE, claro, Luigi Giussani, y es la gran fuerza de Comunión y Liberación. El primer libro que leí fue La conciencia religiosa del hombre moderno, me enganchó completamente, y sentí que estaba expresado lo que inconscientemente había anhelado. El hombre es a imagen y semejanza de Dios; la fe necesita que el hombre sea razonable para poder reconocer el Acontecimiento de gracia que es Dios con nosotros. La razón pone en función todo mi ser. Pobre idea de “razón” por la que es reducida a categorías tipo empirista o racionalista, y lo que no cabe, fuera. ¿Y esa capacidad de la razón que dictamina lo que es “razonable” y no lo es? Lo que me conmueve es la capacidad humana que juzga, que sorprende, que siente estupor, que admira, que “ve” la experiencia y la interpreta. Esa apertura al misterio, a lo que incluso siente como exceso de verdad. Por eso me gusta ver lo que han dicho los pensadores, tanto los “oficiales y académicos” como la persona más sencilla que tiene la mirada abierta de par en par a la realidad para captar todo lo más posible.
Hay muchas posturas. En mi razonar, si soy honesta, si lo hago sin prejuicios, si no me pongo límites, llego a un encontrarme sumergida en el misterio. Este verano pasado, unos amigos catalanes, Mª Clara y Manolo me hicieron leer una entrevista que se le hizo a un jesuita, Joseph María Benítez. La última pregunta era: ¿Necesitamos la religión? Contestación: Estrictamente, no. Pero, ojo, amigo, necesitamos la clave para saber por qué las cosas son. Me gustó. Y desde entonces pienso mucho en esa contestación. Lo que llamamos realidad, depende de cómo verifique cada uno el misterio de la vida. Para mí, el misterio de Dios, porque nuestra vida es la verificación del misterio de Dios, y esa es nuestra misión, nuestra llamada a ser. Hay posturas con las que estamos más o menos de acuerdo, depende de nuestra propia cosmovisión.
“Las personas que buscan la autorrealización directamente, separada de una misión en la vida, de hecho no lo logran. Si perdemos de vista nuestra misión, también perdemos nuestra identidad”(Maslow)
“Muchas personas pierden las pequeñas alegrías esperando la gran felicidad.” (Pearl S. Buck)
“La vida sólo puede ser comprendida mirando para atrás. Mas sólo puede ser vivida mirando para adelante."(Soren Kierkegaard)
“Sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos”(Dostoyevski).
“El hombre nunca es feliz, pero gasta toda su vida luchando por algo que le hará feliz”(Schopenhauer)
“La felicidad está en la sensación de que el poder aumenta, de que la resistencia es vencida” (Nietzsche)
A Platón la razón le llevó a ver que sólo bueno y feliz es el hombre al mismo tiempo. El proceso para lograrlo lo describe mediante el conocido mito de la caverna. Los hombres son como esclavos encadenados en una caverna. No ven la realidad verdadera. El esclavo que se liberase podría contemplar el bien. Tres siglos después dirá Jesucristo: la verdad os hace libres. El bien es causa de lo recto y de lo bello. La educación consiste en ir del mundo de las sombras, al mundo de la luz. Pero forma parte de la educación el retorno a la caverna, que supone la reconsideración y revalorización del mundo humano a la luz de lo que se ha visto fuera de este mundo. Poner a disposición de toda la comunidad lo que se ve, y obedecer al vínculo de justicia que liga a la humanidad en su propia persona y en la de los demás. Por todo ello, como dirá Aristóteles en la elegía que escribió a su muerte, Platón vio claramente que sólo bueno y feliz es el hombre al mismo tiempo.
Y más riqueza en nuestra razón. “El hombre tiende a saber por naturaleza” así empieza el libro de la metafísica de Aristóteles. Con el desarrollo de esta convicción suya se podrían orientar todos los procesos humanos. Todo lo hacemos en vista de un fin que nos parece bueno y deseable, el fin y el bien coinciden. El bien supremo, del que dependen todos los demás bienes, es la felicidad. ¿En que consiste la felicidad del hombre? Para saberlo hay que determinar su misión. Cada cual es feliz cumpliendo bien su misión. Hoy desde un rico personalismo hablaríamos de “vocación”, la llamada a ser nosotros mismos, en la que se siente la auténtica autoestima. Es fácil comprender a la luz de algo tan vital y práctico la riqueza de la concepción aristotélica sobre la persona. Lo importante es la misión de cada uno. Pero la misión del hombre es la vida según la razón. Y esto se entiende muy bien, por ejemplo, desde lo que entiende él por la amistad.
“Pero tal vez, sea mejor, incluso un deber, para la salvación de la verdad, prescindir de los asuntos privados, sobre todo si se es filósofo: la amistad y la verdad son ambas estimables, pero es cosa santa honrar más la verdad.” Y se complementa con los libros que en la Ética a Nicómaco dedica a la amistad. Es la cosa más necesaria de la vida. Nadie escogería vivir sin amigos, aunque estuviese provisto en abundancia de todos los demás bienes. Amistad son las relaciones de solidaridad y de afecto con los demás hombres. Estas relaciones se pueden fundar en el placer o en la utilidad o en el bien. Las que se fundan en la utilidad o en el placer son accidentales y decaen pronto. Pero amistad fundada en el bien es perfecta y esta enraizada en la naturaleza de las personas que la contraen y es, por tanto, estable y firme. El amigo es otro yo. Por eso como cada uno desea la propia existencia desea la del amigo. Jesucristo dice “os llamo amigos”
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos