Por Carmen Pérez Rodríguez

¿Qué es la felicidad? ¿Se puede definir?
Las diferentes cosmovisiones llevan a buscar la felicidad por los caminos que son sus propios presupuestos. Creer o no creer refleja dos cosmovisiones totalmente distintas, y por tanto ofrecen sus respuestas a cómo encarar la vida y la muerte, la persona y la familia, la sexualidad y el sentido de la mujer y del hombre, el placer y el dolor, el trabajo y el descanso, la educación y los deberes- derechos etc.
Ningún aspecto de la vida es más deseado, más vaporoso y más desconcertante que el de la felicidad. La gente desea lo que cree que la hará más feliz y se esfuerza por conseguirlo: buena salud, aspecto atractivo, un matrimonio ideal, niños, una casa cómoda, éxito, fama, independencia económica…la lista es interminable. Sin embargo, no todo el mundo que consigue estos objetivos es feliz. Parece que la felicidad está al menos tan presente como la infelicidad. Lo opuesto a la felicidad es la tristeza. Y la tristeza cuando se la experimenta durante bastante tiempo es un síntoma primario de depresión, la enfermedad psicológica más corriente de nuestra cultura. Realidad fuerte en nuestro momento.
Podemos preguntar a las personas que nos rodean si son felices o qué es lo que les hace ser infelices Las contestaciones son tan diversas como el estilo de vida que “cada uno se monta” o quiere montarse. ¿Falta de relaciones con sentido? ¿Carencia de fama y fortuna? ¿Enfermedades, dificultades en el trabajo? El caso es que hay cantidad de teorías y de libros sobre ella. A lo largo de los siglos, grandes cabezas han intentado definir esa experiencia tan importante Algunos pensadores han concluido que la felicidad es un objetivo que nunca se alcanza. Lo cual ciertamente implica, como siempre, una serie de presupuestos. Algunas ideas son lógicas: la personalidad equilibrada y el proyecto de vida contienen el engranaje básico para la felicidad. Por la personalidad equilibrada tu te encuentras a ti mismo (el “sí mismo” personal de Lersch); por el proyecto de vida encuentras que te realizas a través de tu trabajo, de una vida afectiva llena y sabiendo tener una correcta interpretación de la vida a través de la cultura. La felicidad como el estado determinado por circunstancias externas, caracterizado por la suerte o la buena fortuna, pienso que no nos convence tanto. Esta es una definición de diccionario. Como también nos resulta teórico: un estado emocional, un sentimiento, un ánimo positivo, por ejemplo expresando el estado de ánimo de uno que está contento o encantado. Cualquier estado de buen humor, temporal o duradero. Como sinónimos de feliz, tenemos contento, jovial, despreocupado, jubiloso, alegre.
Sabemos o fácil saberlo que muchos han desperdiciado su vida buscando lograr una felicidad que podían haber tenido y que no la vieron. Es muy importante ver lo que tenemos y no sentirnos tristes por aquello que no tenemos La sabiduría es esa manera de saber desde dentro que sirve para vivir. Ese saber que nos da ojos capaces de ver y un corazón capaz de comprender y vivir cada día con más fuerza, con más esperanza, en el que todo tiene sentido; hasta las dificultades, los dolores, los esfuerzos.
En el Antiguo Testamento, ya en los umbrales del Nuevo, hay un escrito que se llama “El libro de la Sabiduría”. Es un judío de Alejandría el que lo escribe, no conocemos su nombre. El quiere descubrir la fuerza espiritual que mueve la vida humana. La sabiduría es una realidad “misteriosa” por su inmensidad de verdad, por el sentido oculto del mundo, de la historia; se manifiesta en los que la buscan de todo corazón.
Todo en la vida depende de “nuestra cosmovisión”, de nuestra concepción de la persona, de lo que corrientemente llamamos “sentido de la vida”. Yo no podría hablar de la felicidad desde un materialismo, desde un reduccionismo, me sería imposible. Es fácil comprender que el nihilismo de ayer es el reduccionismo de hoy. La vida “no es más que”, la persona “no es más que”, la religión “no es más que”… Por el contrario, estoy convencida que la felicidad es lo natural, la consecuencia desde una concepción cristiana, o desde determinadas posturas filosóficas que necesiten de la “autotrascendencia” de la persona. Tanto felicitarnos Navidad, Año Nuevo, pues lo que parece normal es pensar un poco en la felicidad. Dios es amor, y Jesucristo es el punto en el cual historia y universo recuperan su significado.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos