En cristiano

Miedo me da

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Por Jorge González Guadalix

Sanidad acaba de aprobar los primeros tres “bebés medicamento” que podrán salvar la vida de sus hermanos hoy víctimas de raras dolencias. Es decir, lo que se aprueba es la fecundación de varios óvulos de la madre con espermatozoides del padre. A continuación de hace un diagnóstico genético de los embriones conseguidos, se elige uno o dos con la genética necesaria para un futuro tratamiento para el hermano enfermo y se implantan a la madre. Y el resto se tira a la basura porque no son útiles o se emplean para investigación o…

Miedo me da. Acabamos de aprobar la discriminación de embriones por determinadas características. Y que no me digan que es por salvar a un hermano. Porque me da igual. Yo creo, y lo que creo lo creen muchísimos biólogos y médicos, que un óvulo fecundado es un ser humano. Y que andar jugando con seres humanos a tú me vales y a ti te arrojo a la basura me da bastante miedo. Soy de esos que siguen pensando que a la vida, ni tocarla, que es lo más frágil que hay. Si puedo rechazar un embrión no implantado, ¿es demasiado distinto rechazarlo recién implantado, o a la semana, o a las dos semanas, o a los tres meses, o…? ¿Y es realmente diferente acabar con alguien a los tres meses de gestación, a los cuatro, a los seis, a los ocho... al mes de nacer? Y si podemos elegir en función de la genética, elijamos en función de posibles discapacidades. Y habrá algún hijo de mala madre que dirá que para que un niño nazca ciego, o sordo, o cojo, o con síndrome de Down… y sufra, mejor es que no nazca y rematarlo en el vientre de la madre. Sí, que sólo vivan los perfectos. Es una pena que en el diagnóstico prenatal no puedan distinguirse ya los hijos de p*, los violadores y asesinos, los terroristas, o los corruptos económicos, porque se les podía aplicar la misma historia y a lo mejor acabábamos con mucho imbécil que no hace más que incordiar a base de tonterías.

Así que hemos decidido quien vive y para qué. Y que Manolito, o Tamara van a nacer, no porque una pareja quisiera alguien tener un hijo, sino porque son una medicina que hace falta, como antaño se buscaba la penicilina. Y además un día contaremos a Manolito, o a Tamarita, que en el lote iban otros hermanitos, pero… no eran útiles para lo que se necesitaba, así que no les dejamos vivir.

Y me vendrán ahora los puristas distinguiendo entre embrión y óvulo fecundado, entre niño y mórula, entre persona y pre-embrión. Y estos, que lo de Dios no lo tienen muy claro, resulta que lo que han decidido es ser ellos mismos dioses, como en el paraíso, y decidir qué es lo bueno y lo malo basándose tan sólo en lo que se les ha ocurrido.

Miedo me da. Cualquier día me viene a ver alguno de estos científicos de nuevo cuño, descubre en mí algo que no le parece bueno, o directamente malo, y me aborta con carácter retroactivo de más de cincuenta años, que es lo que nos espera si siguen fomentando la eutanasia.

Pues conste que pienso atrincherarme. A mí la vida me la dio Dios y sólo se la devuelvo a El cuando buenamente me la pida. ¿Me explico?


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