Por Jorge González Guadalix

Creo que ya van dos. Dos al menos son los colegios públicos que este año han decidido ningunear la navidad. Ya se sabe: el respeto, la consideración al no creyente, el estado no confesional, las minorías étnicas.
Pura memez. A ver si yo me entiendo. Resulta que ya, en cualquier pueblo o ciudad, tenemos las calles llenas de lucecitas especiales. Hace un mes que comenzaron los primeros anuncios con el tema. La lotería, ni lo cuento. Belenes, en casi cualquier sitio, empezando por multitud de escaparates y programas de la tele. Vamos, que nos tragamos la Navidad, seamos creyentes o no, sin que nadie nos lo pueda evitar.
Y seamos creyentes o no, tengo la impresión de que el 25 no trabaja nadie, el 24 cenamos todos y bien, compramos lotería y regalos –practique la elegancia social del regalo ¿recuerdan?- y es difícil no mandar o recibir alguna felicitación.
Eso sí. En el cole, ni una palabra. Sólo en la clase de religión. Es decir, que a un niño no creyente, o de otra religión, le vamos a dejar salir a la calle, y cuando vea las luces, los adornos, y el jaleo que se monta y pregunte, simplemente le diremos: shhhhh… que es lo políticamente correcto, lo que desde luego no va a ayudar nada a su integración en esta tierra nuestra.
Yo veo cómo en los colegios, además de la enseñanza pura y dura de las materias clásicas, aunque hayan cambiado el nombre, se realizan actividades a través de las cuales se explica a los niños algo tan natural como el ciclo festivo. Pero un ciclo festivo completamente manipulado. El ciclo festivo básico, el de siempre, es en España un ciclo inseparable de lo religioso. Es decir: navidad, carnaval, semana santa, fiesta patronal. Pues para algunos resulta que la navidad va ser omitida graciosamente, la semana santa no existe, el carnaval no tiene nada que ver con la religión –qué graciosos- , y la fiesta patronal también es laica. Pues nada, desde Madrid, viva San Isidro, y la Pilarica en Zaragoza. Eso sí, hemos recuperado la famosa fiesta de halloween, que en la vida conocí y que me deja perplejo.
Miren, estupideces, las justas. Los niños deben saber sobre todo lo de siempre, y perdón por no conocer los nombres actuales de la geografía, la lengua, las matemáticas, la historia o las ciencias naturales. Incluso pretecnología, educación física, y hasta su poquito de religión. Y después, si queda tiempo, nos dedicamos al ciclo festivo. Al de siempre, eso sí. Con su portal de Belén y sus reyes magos. Con la procesión de ramos y los pasos de semana santa, con el carnaval como último exceso antes de la cuaresma, y con la vida de san Isidro, San Vicente mártir o el caballo de Santiago. Sí, que conozcan la cultura tradicional española. Sí, que conozcan la cultura tradicional española. Y que sepan por qué se celebran esas fiestas, que tienen un contenido religioso evidente, pese a quien pese.
Y luego nos viene el último colegio moderno y laico (y supongo además que antiamericano, porque estas cosas pasan) y en lugar de lo autóctono –navidad, reyes, aguinaldo, villancicos- nos dedicamos al halloween. Claro. Eso son las raíces y la cultura popular.
Pues no. Son simplemente gilipolleces. Y perdón por el palabro.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos