Por Jorge González Guadalix

Me pone de los nervios cada vez que aparece una persona con discapacidad en televisión suplicando la muerte porque su vida, dice, no tiene sentido. Siempre me ha indignado. Pero desde que colaboro con asociaciones de personas con discapacidad, mucho más.
Y me llama la atención, también, el hecho de que en esos debates de televisión, tan manipulados y retorcidos, las personas con discapacidades serias no puedan expresarse libremente.
Es todo muy bonito. Como esta persona tiene una discapacidad severa pues es mejor facilitar que se muera de una puñetera vez. Y además se le explica eso haciéndole notar que es una carga para su familia, que incluso cuesta mucho dinero, que incordia a todos. Por tanto, mejor desaparezca.
Aquí hay varios problemas juntos:
- Primero de todos. ¿Qué es poder vivir con dignidad? En este mundo nuestro, hedonista, de culto al cuerpo, no se entiende que una persona pueda vivir en una silla de ruedas, o padeciendo una discapacidad psíquica, o sin poder jugar al fútbol, bailar, subir al Aconcagua…
- Y segundo. ¿Por qué se empeñan en sacar en televisión personas que dicen que no viven dignamente, y por qué se empeñan en facilitar tanto una forma de pensamiento tan favorable a la eutanasia?
Conozco a muchas personas con discapacidad. Algunas con discapacidades muy severas. Pregunten si se quieren morir. Pregunten si viven como personas. Y pregunten a estas personas qué piensan de esos programitas que presentan la eutanasia activa como la solución misericordiosa para esas personas que sufren tanto en su dolencia.
¿Y saben lo que dicen? Que si un discapacitado debe morirse porque no vive como humano y además incordia, que antes deberían cargarse a otros que también incordian y no por capricho de la naturaleza sino porque han decidido vivir incordiando: violadores, terroristas, estafadores… hijos de p... de todas las clases.
Las personas que sufren estos problemas lo que exigen, antes de facilitar la muerte, es que se les ayude a vivir. Que acabemos de una vez con todas las barreras arquitectónicas y mentales. Que se faciliten medios para vivir de forma autónoma. Que se exploten hasta el final todas las capacidades que no desarrollan algunos enfermos. Que las sillas de ruedas, las prótesis, los mecanismos necesarios para cada individuo, se faciliten desde la seguridad social. Piden que se les faciliten profesionales que les ayuden en casa y no les haga depender de esa madre anciana que ya no puede más. No es morirse, es que la sociedad se plantee que han de vivir en igualdad de posibilidades del resto de la gente.
El gobierno debe facilitar a cada individuo lo que necesita para vivir como persona en cada momento. Enseñanza desde niño. Sanidad para todos. Centro para jóvenes. Polideportivos, bibliotecas, centros de mayores. Residencias de ancianos y lugares para enfermos mentales. Y prestaciones especiales para personas con necesidades especiales. Yo estoy seguro de que si a una persona con discapacidad se le facilita vivir en libertad, no quiere morirse.
Y si alguien quiere morirse por estar en silla de ruedas, o por sufrir una tetraplejia, otros quieren morirse por perder la pareja, quedarse sin empleo, o simplemente porque están sufriendo una severa depresión. Y eso sí que es sufrir. ¿Alguien me va a decir que hay que facilitar el suicidio al depresivo severo para que no sufra? ¿O es mejor una ayuda para que siga viviendo?
La persona con discapacidad severa lo que pide no es poder morirse. Sino que le ayuden a vivir en libertad, con autonomía. ¿Se entiende? Y esto lo dice alguien acostumbrado a convivir con grandes discapacitados, que cada vez que oyen hablar de eutanasia para ellos lo único que dicen es: que te la apliquen a ti, por bobo. Y TIENEN TODA LA RAZÓN.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos