Por Carmen Pérez Rodríguez

Pascual y yo tenemos una regla básica: comprender, y saber expresar, todas las palabras que empleamos y ponernos de acuerdo en el sentido que le damos. Estudiamos Filosofía.
Hemos empezado por el título que teníamos: ”reflexión personal”. Él expresa desde dentro lo siguiente: la atención que ha prestado a todo lo que le ha sucedido desde el accidente que sufrió y los meses que lleva en el Hospital de parapléjicos. La importancia enorme que ha tenido y tiene para él todo lo que le ocurre, el conocimiento de sí mismo y de los que le rodean. Ese poner atención a cosas, situaciones, personas en todo lo que antes no pensaba. Esa capacidad de volverse sobre sí mismo, sopesar lo que le “merece la pena”. Cierto lo ha centrado en sí mismo, pero después ha quedado claro que sabe lo que es.
Hemos querido seguir con otras palabras: conocimiento, conocimiento científico, verdad, cosmovisión, sentido de la vida, persona, libertad, moral política, deber, derecho. Pero nos hemos quedado centrados en su vivencia de lo que es “reflexión personal” y “verdad”. Por el camino que ha tomado venía, como decimos coloquialmente, cantado. Lo sabe, no es lo mismo el problema de la verdad que el de la sinceridad. Pero al querer definir “verdad” corta, es expresivísimo su gesto, su tono de voz: todos mienten, hay mucha mentira. Seguimos “reflexionando” sobre esto. Dentro de él, para hacer esta afirmación, hay algo que le dice la diferencia entre verdad y mentira. Y además hay ¿añoranza, decepción, anhelo de la verdad, necesidad de ella, capacidad para distinguir la verdad de la mentira…? Han sido unos momentos fenomenales.. Y de pronto le digo: Pascual dime algo que en tu vida pueda ser verdad, algo que tú hayas experimentado como verdad. Enseguida responde: Mi madre cincuenta y un días a la cabecera de mi cama. Maravilloso. Sabe lo que es. Claro que no es un concepto de verdad absoluta, estática, de libro, ni la concepción clásica como adecuación entre la cosa y el entendimiento. Hablamos de ello, y no niega su legitimidad.
Pero Pascual propone una verdad viva, existencial, dinámica. No es un relativismo. Todo lo contrario. Es la verdad manifestativa. Lo que hace bueno a uno hace bueno a todos, y lo hace malo a uno hace malo a todos. Me conmuevo y pienso en Jesucristo que dice: soy la verdad y la vida.. Pero esto es un paréntesis. Pascual habla de la verdad que da cuenta de la vida. Verdad para él es la significación de la vida. A su madre en la cabecera de su cama cincuenta y un días, no hay nada que oponer.
Pascual tiene una visión de la verdad personalista, es la solución a los problemas de la vida, al sufrimiento, a la dificultad. Pascual se adhiere a la verdad desde su vivencia personal. Y me habla también de la fidelidad de sus amigos, de las visitas de ellos, de su novia, de sus idas a Cartagena algunos fines de semana. De su abuelo, de su trabajo, del esfuerzo con que ha levantado lo que tienen. Pascual ha identificado verdad y vida. La verdad no crea el caos, el desorden. La verdad se verifica en la vida. Y solo la verdad nos hace libres. La verdad es lo que nos hace personas y ayuda a los demás a vivir, a orientarse, a sentir que todos nuestros pasos, así dados, tienen sentido. La verdad y el bien se identifican. Como se identifican ser, verdad, bien, vida. Hay mucha sabiduría y mucha realidad en la expresión de Aristóteles, en la que ensalza a su maestro: “sólo bueno y feliz se vuelve el hombre al mismo tiempo”. Está en la elegía, dirigida a Eudemo, colocada en el altar de Platón.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos